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Zazpe fue profeta de su tiempo y encarnó las bienaventuranzas

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Monseñor Vicente Zazpe dialoga con Magdalena Grotter de Lorenzi: personas que dejaron huella en la comunidad rafaelina.

Fue el primer obispo diocesano (1961-68), arzobispo de Santa Fe (1968-84) y vicepresidente 1º de la Conferencia Episcopal Argentina. Participó activamente del Concilio Vaticano II (1962-65) en Roma. En 1982 sufrió un accidente (¿atentado?) automovilístico sobre la ruta 19. Falleció el 24 de enero de 1984.

Por Emilio Grande (h.).– Este sábado 15 de febrero se cumplen 100 años del natalicio de Vicente Faustino Zazpe (nació en Buenos Aires, único hijo de Miguel Zazpe y Rosario Zarategui, inmigrantes de Navarra, España), ordenado sacerdote en 1948 y su consagración episcopal fue en 1961 en la basílica de Santa Rosa de Lima de Buenos Aires, designado por el papa Juan XXIII para la nueva diócesis de Rafaela, siendo el primer obispo (1961-1968). Luego fue arzobispo de Santa Fe (1968-1984), vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Argentina (1973-83) e integró numerosas comisiones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Rafaela lo recuerda con una calle en el barrio 17 de Octubre y un barrio en el noreste de la ciudad.
«La erección de la nueva Diócesis, que os llena de orgullo, es un acontecimiento grande. Sí, estupendo, de insospechadas proyecciones, pero toma sus grandezas y sus proyecciones de su contenido religioso. Os han designado Iglesia y os han traído pastor no por la importancia civil, económica o cultural, sino por la importancia que tiene la presencia de Dios en vuestro pensar, obrar, vivir y morir», expresó Zazpe el 12 de octubre de 1961, cuando asumió la Diócesis, que abarca los departamentos Castellanos, San Cristóbal y 9 de Julio.
Zazpe fue un hombre de Dios, amó profundamente a su Iglesia, propició la participación del laicado, fue un adelantado en trabajar en el ecumenismo y la unidad de los cristianos, como lo destacó Carlos Battistella, entonces pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de esta ciudad. Cuando era obispo rafaelino participó activamente de las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II (1962-65) en Roma, como así también en los sínodos episcopales en Roma (1971 y 1974) y en las asambleas de las conferencias latinoamericanas de Medellín (1968) y de Puebla (1979).
«A veces hay que perder a ciertos seres o separarse para valorar la calidad de su compañía o la debilidad de la relación. Aquí queda mi corazón entero. El Concilio con sus viajes, la multitud de poblaciones escalonadas a lo largo y a lo ancho de los tres departamentos, la atención a las responsabilidades dentro de la Conferencia Episcopal Argentina con sus frecuentes idas a Buenos Aires y otros motivos más me han impedido llegar a todos los destinatarios de esta paternidad espiritual», confesó Zazpe en el mensaje de despedida durante una cena en el salón de industrias de la Sociedad Rural de Rafaela el 19 de octubre de 1968, con su motivo de su designación como obispo coadjutor (con derecho a sucesión) de la Arquidiócesis de Santa Fe, de la que se hizo cargo en 1969.
Entre los testimonios de las personas que lo conocieron cuando fue pastor de Rafaela, Cayetano Colsani destacó en la revista del 25º aniversario de la diócesis de Rafaela (1986): «Nos inició en el aprender a juzgar. Pasamos a comparar nuestra manera de analizar las cosas con las maneras que tiene Cristo de juzgar y así fuimos conociendo al Señor y su evangelio».

Habla el Arzobispo

Además, escribió desde el evangelio sobre temas sociales, económicos, políticos y culturales en sus recordadas charlas dominicales «Habla el Arzobispo» (1971-83) a través de las emisiones radiales y televisivas de la capital provincial, luego reproducidas por los medios gráficos y radiofónicos de distintos lugares del país. «Si la encarnación se hubiese realizado en esta época, el evangelio tendría el palpitante interés de los acontecimientos periodísticos y de los noticieros televisivos. Sería otro el rodaje, pero idéntico el contenido, idénticas las exigencias, idéntica la luz», expresó el 6 de abril de 1975.
Zazpe fue un hombre de las bienaventuranzas: pobre, manso, sufrido, misericordioso, pacífico, de corazón recto, hambriento de paz y justicia, y también perseguido como Jesús. «Como en otras etapas de nuestra historia, llegaremos -aunque sangrando- a cubrir las heridas de la división y la enemistad, pero si no llegamos a una profunda comunión nacional, no habremos recorrido los espacios más específicos de la reconciliación cristiana. (…) La Argentina necesita de una cierta unidad de criterios para desentrañar el sentido de su historia, juzgar el presente tan complejo y preparar su futuro; una escala común de valores para afirmar la vida nacional y una cuota inmensa de paciencia y esperanza para recorrer esta etapa difícil y asegurar el encuentro definitivo de la nación».
Así testimonió Zazpe en el libro «Si un niño no hubiera nacido…», publicado en 1977, en pleno apogeo de la última dictadura militar, período muy doloroso que sufrimos los argentinos a través del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar y en menor medida la lucha armada que habían impulsado sectores de la juventud (también hubo grupos pacíficos) quienes buscaban la revolución política.
Al respecto, el cardenal Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, presidió el 11 de febrero último una misa en la catedral metropolitana de Buenos Aires, expresando que «pertenece a mi memoria porque cuando yo estaba en el seminario, en los años oscuros de la dictadura, Zazpe ocupó la vicepresidencia en la Conferencia Episcopal Argentina, junto con dos cardenales: Primatesta y Aramburu. Ya se sabía que Zazpe había tomado una actitud muy firme con los desaparecidos y los detenidos en ese tiempo. Su voz se alzó por encima del silencio de muchos y reclamó la vida de muchos desaparecidos y detenidos por sus compromisos sociales, sindicales y estudiantiles. Su incansable intercesión por los detenidos le granjeó muchísimos dolores de cabeza, también hasta amenazas».
A decir verdad, el mensaje de Zazpe fue profético en aquel período de tinieblas del país y lo sigue siendo hoy en esta compleja coyuntura nacional, en el que la violencia verbal y física es parte de la vida cotidiana. Seguimos con los desencuentros entre los argentinos porque priman los intereses sectoriales por encima del bien común. Era una persona que molestaba al poder temporal y así lo hizo sentir.
El 15 de agosto de 1982 sufrió un accidente automovilístico sobre la ruta 19 cuando viajaba a la fiesta patronal de San Carlos Norte. «Hubo varios testimonios que lo consideraron un atentado. Y este ‘accidente’ (¿atentado?) afectó sus ojos hasta la muerte; pues le quedó una dificultad visual», escribieron los presbíteros Jorge Montini y Marcelo Zerva en el libro «Vicente Zazpe: el corazón de un pastor» (julio de 2000).
En este contexto, el periodista José Ignacio López (ex vocero de Alfonsín) había señalado en el diario La Nación que «no era ni de tal teología ni de tal otra, conoció la desconfianza incluso de sus colegas, sufrió la difamación y la calumnia y murió en ese calabozo existencial».
Al cumplirse el 25 aniversario de su muerte, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio presidió una misa en la catedral de Buenos Aires el 24 de enero de 2009, definiéndolo como «un profeta, un obispo profeta, un hombre que trató de ser fiel al llamado de Jesús a ser pescador de hombres (…) Habló desde el evangelio iluminando la situación social y la injusticia que se vivía en cualquier tipo de mesianismo (…) Conoció la soledad del calabozo espiritual de que no tiene voz para defenderse y Dios le pide paciencia porque él tampoco lo quiere defender en ese momento; Zazpe muere así en ese calabozo existencial de quien dijo todo lo que tenía que decir y ahora se le mandaba a callar, una suerte de martirio».

Misas en su memoria

Además de la mencionada celebración litúrgica que hubo el martes pasado en Buenos Aires, para hoy a las 20 hs se rezarán dos misas de acción de gracias, pidiendo por su eterno descanso: en la Catedral San Rafael de Rafaela presidida por el obispo Luis Fernández y en la Catedral Todos los Santos de la ciudad de Santa Fe presidida por el arzobispo Sergio Fenoy.

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