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La otra mirada

El piano desafinado de Walter

Publicado el

D. Camusso

Perón se la robó a Aristóteles e hizo suya la frase: “La única verdad es la realidad”. Foucault, por el contrario, creía que es el poder el que impone la verdad. Para Nietzsche no existen los hechos, solo las interpretaciones. Pero es la frase que le adjudican a Abraham Lincoln, por su enorme lucidez, la que elijo para iniciar la columna. “Se puede engañar a todos algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo; lo que no se puede es engañar a todos todo el tiempo”, dijo el icónico ex Presidente de los Estados Unidos. Gran verdad. Sobre todo en países como el nuestro, acostumbrado, a los golpes, a desconfiar de cualquier versión oficial. Decir la verdad, no buscar excusas, es altamente valorable. Pero no exime de culpas.
Walter Nicolás Otta encaró a los periodistas que esperaban desde hacía un buen rato fuera del vestuario, en Floresta, tras la derrota de Atlético, sonrió triste como Humphrey Bogart en Casablanca, y simplemente dijo “Hicimos todo mal”. Y se fue, vencido. Solo faltaba que sonara As time goes by, como música de fondo. Mientras nosotros, público al fin, llorábamos angustiados como él.
En el cine argentino de los años 60 abundaban las películas con buenas intenciones, encuadres inexplicables, más sombras que luces, actores como estatuas, miradas perdidas y silencios que insinuaban profundidad y caían en el tedio. All Boys-Atlético, el partido de este sábado, fue algo así. Un intento fallido, un largo bostezo. Solo que al final uno festejó, ellos, y otro se frustró, nosotros. Veníamos de una victoria inmerecida, con un final también de película, pero en este caso de acción. De todos modos era una victoria indispensable para creer que este proyecto puede alumbrar un equipo que nos despierte ganas de ir a la cancha. Por eso no importaban tanto las formas sino el impacto emocional después de cuatro fechas anteriores sin sumar de a tres. Pero otra vez caímos. Cuando era chico y tenía más tiempo que ahora para jugar solo, me gustaba construir castillos de cartas. Me decían, aquellos que siempre todo lo saben, que era fundamental hacer una base sólida, tener mucha suerte, convicción, paciencia y no fallar a la hora de tomar decisiones para llegar lo más alto posible. Pero también me aseguraban que, invariablemente, en algún momento un naipe se saldrá de su lugar y la torre caerá. Eso pasó este sábado.
¿Por dónde empezar a construir un equipo competitivo? ¿Cómo responder a las expectativas? ¿Cómo ganarse el respeto de los rivales? ¿Cómo disimular la falta de dinámica, de juego, de solides defensiva…? Si quisiera definirlo de manera poética diría que Atlético es un equipo sartreano, entre el ser y la nada.
Para hacer un castillo hay que tener una buena base. O dos. Una tiene que ver con el plantel. La otra con la defensa. El técnico tiene material para que ambas le den sustento al castillo, pero Otta parece salir siempre confundido de su laboratorio. Se sienta frente al piano que tiene todas las teclas tal cual el mismo las dispuso, pero o no son las correctas, o el piano está desafinado. Cuando Otta dice con descarnada honestidad que “hicimos todo mal”, seguramente se pone en primer lugar. Porque su trabajo hasta aquí no se ha podido ver reflejado nunca como positivo en lo que va del torneo. También podría haber dicho, “mi trabajo hasta aquí no da resultado, no encuentro al equipo y los jugadores no me entienden”. ¿Es solo su culpa? En buena parte, tal vez la mayor. Pero son los futbolistas los que entran a la cancha y si no lo entienden o no comparten la ideología del entrenador, deberían decírselo. Ellos deben defenderse jugando y, de ese modo, defender al club que los contrató.
Algo me pasa con este equipo. Más allá de los resultados, no me dan ganas de verlo. Y eso es grave, porque imagino que a mucha gente le debe pasar lo mismo. Por más que me parece el mejor tecladista del mundo, no pagaría una entrada para escuchar a Rick Wakeman si sé que su piano está desafinado. Bueno, tal vez por allí habría que buscar la explicación a las tribunas del Monumental que no se llenan. Alguien debería ayudar a Walter para que Atlético “suene” distinto. Una semana atrás dije que no me importaba jugar mal porque esa victoria nos podría empujar hacia arriba. Está claro que me equivoqué. Pero eso no es grave, Lo verdaderamente grave es cuando el que se equivoca es el entrenador.

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