Connect with us

La otra mirada

Aprender a perder para ganar

Publicado el

Esta columna vuelve a levantar las banderas de lucha contra la filosofía del vale todo y del exitismo. Y se respalda en las declaraciones y en las actitudes de Marcelo Gallardo, tras la dura derrota sufrida por River en la final de la Copa Libertadores.

Repasar la memoria es un ejercicio que enriquece si se pretende mejorar o recuperar valores que se han perdido. Claro que, para que ello ocurra, es necesario volver a mirar todas las fotos con la misma objetividad. Las que muestran festejos. Y las que encierran imágenes de dolor. Es que volver atrás en el tiempo es como transitar por un corredor plagado de cuadros, de uno y otro lado.
Cuando uno elige el camino de la memoria selectiva y solo repasa los hechos deportivos -aunque estos, se sabe, difícilmente pueden analizarse separados de la realidad social- las fotos nos muestran solo éxitos y fracasos. Porque el deporte profesional así lo dictamina. Las fotos de viejos triunfos nos permiten ver gente festejando, lágrimas de felicidad, dedicatorias armadas de antemano. En definitiva, una coreografía para la que nos hemos preparado desde siempre, y entonces sabemos actuar en consecuencia. Las imágenes de la derrota, en cambio, nos recuerdan tristezas pasadas y, en muchos casos, actitudes que nos llenas de vergüenza. Propias y ajenas. Porque, definitivamente, no sabemos perder. Ni siquiera parcialmente.
Entonces desfilan ante nuestros ojos aquellas fotos de los jugadores de la Selección Nacional de fútbol guardando, con desprecio, sus medallas de plata tras perder la final de Atlanta ´96 en un claro desplante a la historia del olimpismo; o Carlos Bianchi, junto a sus futbolistas de Boca, abandonando el campo de juego luego de caer ante el Once Caldas por la final de la Libertadores 2.004 sin siquiera saludar al rival; o el gesto repulsivo de David Nalbandian tras ser claramente superado sobre el polvo de ladrillo de Acapulco por el austríaco Daniel Koellerer, al que ni siquiera miró cuando le dio la mano en el cierre del partido. Ejemplos. Solo tres de una interminable cadena de hechos simples que nos marcan como soberbios e irrespetuosos. Eso, claro está, sin contar tantas otras que suman agresiones -de hinchadas o de deportistas- desatadas ante la impotencia en que suelen sumirnos las derrotas.
¿No sería bueno enseñar como y que es perder?. Por favor, entiéndase bien el contenido de la pregunta. No se trata de apostar a forjar personas perdedoras, gente sin espíritu competitivo, deportistas que en los inicios de sus carreras ya acepten resignados que no van a llegar a ser protagonistas. No es ese el sentido. Sino transmitirle -fundamentalmente a los más chicos- que, a pesar del mensaje que van a recibir diariamente respecto de que en esta sociedad solo hay lugar para los ganadores, perder no es la muerte. Simplemente porque para que alguien festeje, al menos uno será derrotado. Y que, incluso, una manera de atemperar la decepción y el dolor, es reconocer al que fue más que uno. Y comenzar a corregir nuestros errores para mejorar. Vuelvo a preguntar, ¿no valdría la pena enseñar a competir respetando los olvidados códigos del honor y la honestidad, entendiendo que perder está dentro de las reglas del juego?
Un tiempo atrás, cuando era entrenador del fantástico Atlético que lograría el ascenso a Primera división, el entrenador Carlos Trullet entregó declaraciones sabias. Pero como se trató de pequeñas certezas que se contraponen con los discursos histéricos que conquistan oídos, pasaron desapercibidas para el común de los medios de prensa. Un cronista le preguntó por sus sentimientos tras una derrota ante Ferro que los complicaba. Entonces, el hombre respondió con lo que escasea: una verdad. Dijo que en el fútbol hay que disfrutar mucho los buenos tiempos y no sufrir más de la cuenta por los malos. Y reafirmó lo que quienes padecimos infortunios personales ya sabíamos: que el drama está en el campo de la vida y no en el campo de juego. Porque en el fútbol el drama de la derrota dura solo unas horas. O, como asegura Eduardo Sacheri, tal vez quién mejor escribe sobre fútbol en la actualidad, «la ventaja del fútbol en relación a la vida es que la muerte dura solo un rato». Y entonces no es drama. Al final de la nota, Carlos volvió a la carga sobre el tema, diciendo que «duele ver que hoy se respeta más una victoria conseguida con exceso de fortuna o malas artes que una derrota digna».

Aquel soplo de aire puro se condice con la manera en que actuó este sábado el plantel de River tras la durísima derrota sufrida en Lima. Y las declaraciones posteriores de su entrenador, Marcelo Gallardo. Fueron después que le recordaran una imagen muy simbólica, por infrecuente, porque no había un antecedente similar en su gestión de cinco años y medio marcada por los éxitos. Aunque también tenía algunas derrotas duras, en ninguna se lo vio necesitado de consuelo como el que buscó en el preparador físico uruguayo Marcelo Tulbovitz. En la conferencia de prensa, con el semblante serio, pero sereno, Gallardo fue y vino varias veces con dos sensaciones: dolor y orgullo. «La sensación claramente es de dolor. Teníamos el triunfo a pocos minutos… Es una sensación dura que hay que digerir. Siento orgullo por mis jugadores, por la gente que trabaja conmigo y el hincha que hizo un esfuerzo para venir hasta acá…Hablo de orgullo porque frente a un gran rival, que venía con muchas luces, hicimos un muy buen partido. Nos faltó controlar la pelota en el final…Hay que saber perder con hidalguía», cerró Gallardo. «Hay que felicitar a Flamengo», dijo Enzo Pérez. Javier Pinola reconoció «la calidad de Gabigol». Casi enseguida, el club felicitó a Flamengo en las redes. Y la ceremonia de premiación tuvo a todos los futbolistas con sus medallas colgadas y, en medio de la tristeza y la frustración, aplaudieron la entrega del trofeo a los brasileños.
Ariel Scher, maestro de periodistas, recogió hace unos años en su columna dominical de Clarín, un texto que el español Tomás Guasch le dedicó a Roberto Fontanarrosa en el que le cuenta lo que sucede con el fútbol. «Señor Negro –escribió- estamos rodeados de tipos muy raros, gente que ve fútbol y no sonríe».
En medio de la vorágine que nos impone la vida moderna, y bombardeados por los que solo valoran los triunfos, tengan el carácter que tengan, es bueno escuchar a los Gallardo, Trullet o Guasch. Y recordar cuando éramos felices jugando a la pelota. Cuando un caño o un sombrerito valían tanto como un gol. Entender que el fútbol, como cada juego, es una oportunidad de construir la felicidad. Buscando siempre la victoria, pero aceptando que para que exista un ganador debe haber un perdedor. Y aceptar a la derrota. Quizás entonces veamos muchas más fotos como las de Marcelo Bielsa estrechando la mano del entrenador de Suecia en el cierre de un partido que terminaba con las ilusiones de Argentina en el Mundial 2.002 y colocaba al rosarino en el centro de todas nuestras iras. Y ya no nos parecerá un acto tan valorable como insólito que Sergio Vigil -el exitoso ex entrenador de las Leonas- le avise al referí que se equivocó al no convalidar un gol legítimo en contra de su propio equipo. Entre otros ejemplos.
Recuperar los valores de una sociedad debe ser prioridad para la propia sociedad. Depende solo de cada uno de nosotros hacerlo. Mientras nos decidimos a intentarlo, a los argentinos nos sigue costando demasiado tener ética deportiva. Y entonces, cuando perdemos, no solo perdemos un partido. Sino también altura y dignidad.

Continue Reading
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2019 Diario Castellanos. - Mail: editoradelcentro@diariocastellanos.net