La camiseta que exporta Argentina

Cuando pensamos en las exportaciones argentinas solemos imaginar granos, carne, litio o energía. Sin embargo, existe un producto argentino que llega todos los días a millones de personas alrededor del mundo y que no aparece en las estadísticas de comercio exterior: la camiseta de la Selección.

Gracias a la figura de y a los éxitos recientes de la Scaloneta, los colores celeste y blanco lograron una presencia global pocas veces vista en la historia del país. Mucho tiene que ver nuestro Leonel Messi y su presencia en el Inter de Miami, poniendo foco en el soccer, como lo llaman al futbol en el país del norte.

Hoy es habitual que un niño en Estados Unidos vaya a la escuela con una camiseta argentina. Que juegue en el recreo con el número 10 en la espalda. Que un club infantil europeo tenga chicos entrenando con nuestros colores. Que en cualquier rincón del mundo alguien identifique inmediatamente la bandera argentina gracias al fútbol.


Desde el punto de vista económico, esto tiene un enorme valor.

Los países compiten por inversiones, turismo, comercio y talento. Pero también compiten por algo menos tangible: su reputación. La imagen que proyectan al mundo influye en las decisiones de millones de personas que quizás nunca visitaron ese país ni conocieron a sus habitantes.

En ese sentido, Messi y la Selección construyeron para Argentina un activo extraordinario. Lograron que nuestro país sea asociado con esfuerzo, talento, pasión, resiliencia y excelencia deportiva. Construyeron una marca que ningún presupuesto publicitario podría haber comprado.

Sin embargo, los activos más valiosos también son los más delicados.

Cada vez que usamos la camiseta argentina dejamos de representarnos únicamente a nosotros mismos. Pasamos a representar algo más grande. Representamos una historia, una cultura y una nación que hoy es admirada por millones de personas.

Por eso la responsabilidad acompaña al privilegio. La camiseta no es solamente una prenda deportiva. Es una bandera que camina. Es una carta de presentación de Argentina ante el mundo. Y así como celebramos cuando nuestros jugadores la honran dentro de la cancha, también deberíamos recordar que quienes la vestimos fuera de ella somos, en cierta forma, embajadores de aquello que representa.
La economía enseña que la confianza tarda años en construirse y apenas unos minutos en perderse. Lo mismo ocurre con la reputación.

Argentina posee hoy un capital simbólico que pocos países tienen. Cuidarlo, respetarlo y transmitirlo con orgullo es una tarea que excede al fútbol. Porque cada vez que alguien ve la camiseta celeste y blanca en cualquier lugar del planeta, no está viendo solamente a una persona. Está viendo a la Argentina, así que: pónete la camiseta y se ejemplo para el mundo.
#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler

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