Natalia Bailetti es una ultramaratonista rafaelina que encontró en las carreras de montaña mucho más que una actividad deportiva: un espacio de conexión personal, superación y disfrute. Especializada en pruebas de larga distancia y modalidad non-stop, lleva 12 años construyendo un camino en el mundo del ultramaratón, una disciplina que comprende competencias desde los 42 kilómetros en adelante y que no tiene un límite máximo de distancia.
En diálogo con Radio CASTELLANOS, contó cómo nació su pasión por correr, los desafíos que fue atravesando y los objetivos que tiene por delante. Actualmente, sus preferencias están puestas en las distancias de 50 kilómetros en adelante. Hace poco completó una prueba de 100 kilómetros, una experiencia que la entusiasmó especialmente y que pretende repetir.
Su historia con el running comenzó después de convertirse en mamá por segunda vez. Antes de iniciar esta etapa, fumaba tres atados de cigarrillos por día y, luego del nacimiento de sus hijos, decidió que no quería volver a ese hábito. En ese contexto, encontró en el deporte una manera de canalizar la ansiedad y construir una nueva rutina. «Tenía que encontrar algo que pudiera suplantar esa ansiedad que me generaba. Y fue así que empiezo a correr», recordó.
Con el paso del tiempo, la calle dejó de resultarle atractiva y fue en la montaña donde descubrió aquello que realmente la movilizaba. La naturaleza, la posibilidad de estar consigo misma y disfrutar de largas horas de recorrido terminaron de definir su pasión. «Me gusta conectar conmigo misma, encontrar, poder pensar, estar en la soledad. Disfruto mucho el tema de correr y pasar mucho tiempo en la montaña», expresó.
Esa conexión también se refleja en la manera en que transita las competencias. A diferencia de otros corredores, Bailetti no suele utilizar música ni audiolibros durante los recorridos. Prefiere correr acompañada por sus propios pensamientos y por todo aquello que fue construyendo a lo largo de los años. «Corro sola, pero en realidad corro acompañada porque hay mucha gente que me acompaña, que está conmigo: la gente que me quiere, mis entrenadores y las cosas que me van diciendo. Lo que voy construyendo con ellos es lo que me acompaña en esos momentos de soledad», explicó.
Un camino de resistencia y nuevos desafíos
Actualmente, la ultramaratonista concentra sus participaciones en competencias dentro del país, principalmente en Córdoba, Bariloche y San Martín de los Andes. En esta última localidad viene desarrollando un proceso progresivo de preparación para alcanzar distancias cada vez mayores. Hace dos años realizó una prueba de 70 kilómetros, el año pasado se propuso completar 100 y llegó hasta los 90, mientras que este año volvió a plantearse un nuevo desafío de 110 kilómetros.
El objetivo de fondo es llegar a completar las 100 millas, equivalentes a aproximadamente 161 kilómetros, una distancia que requiere una preparación física y mental específica. Además, tiene en carpeta la posibilidad de participar en una competencia en el Mont Blanc, en Europa, aunque para ello deberá esperar el resultado de un sorteo previsto para enero.
Prepararse para este tipo de pruebas desde Rafaela, una ciudad sin grandes desniveles geográficos, también representa un desafío. Para compensar las exigencias de la montaña, trabaja junto a una entrenadora de running y otra de gimnasio, con quienes organiza las rutinas para fortalecer el cuerpo y prepararlo para las subidas y bajadas.
«Yo soy corredora de resistencia y amateur. Lo que tampoco busco son tiempos. A mí me gusta transitar ese tiempo y sí, tengo mis desafíos y mis objetivos, pero van más allá de un tiempo», señaló. En la ciudad realiza fondos largos, utiliza el autódromo como espacio de entrenamiento y, durante los fines de semana, viaja a Paraná o Córdoba para sumar kilómetros y trabajar sobre diferentes terrenos. También incorpora competencias intermedias que funcionan como preparación para los principales objetivos del año.
Durante 2026, su calendario incluyó cuatro carreras de 50 kilómetros, una de 90 y otra de 100 kilómetros. También probó con dos maratones de 42 kilómetros en calle, aunque confirmó que ese formato no terminó de convencerla y que su lugar está definitivamente en las carreras de montaña.

El acompañamiento familiar, una parte fundamental
Detrás de las largas horas de entrenamiento existe también una organización familiar que resulta indispensable. Bailetti es mamá de dos chicos de 12 y 13 años, que practican fútbol, y destacó especialmente el acompañamiento de sus hijos y de su marido para poder sostener esta actividad.
Entrenar implica levantarse a las seis de la mañana para ir al gimnasio, regresar para organizar la rutina de sus hijos, llevar adelante sus responsabilidades laborales y volver a dedicar tiempo a la preparación física. En ese esquema, reconoce que muchas veces debe distribuir los tiempos y tomar decisiones que no siempre son sencillas, como no poder asistir a algún partido o torneo de sus hijos por tener que cumplir con un entrenamiento. «Sin el apoyo de ellos y de mi marido esto sería casi difícil, no imposible, pero difícil. Es necesario que entiendan que tienen una mamá que entrena y que se va muchas horas. Hay que aprender a distribuirse el tiempo entre ser mamá, esposa, trabajar y entrenar», manifestó.
La alimentación es otro de los aspectos que forma parte de la dinámica cotidiana del hogar. Según contó, tanto ella como su familia procuran mantener una dieta equilibrada, incorporando proteínas y carbohidratos necesarios para afrontar las exigencias deportivas. Sus hijos también practican deporte y su marido juega al fútbol, por lo que los hábitos alimentarios saludables se comparten en familia, aunque sin dejar de lado algunos permitidos. «Siempre digo que nada es absoluto», aclaró.
Un balance positivo y la mirada puesta en las 100 millas
Al evaluar el año deportivo, Bailetti hizo un balance positivo, incluso a pesar de haber tenido que abandonar una competencia de 110 kilómetros en abril, cuando llevaba recorridos 90. Lejos de interpretarlo como una frustración, entendió aquella decisión como parte de un proceso de aprendizaje y construcción.
Esa experiencia tuvo su contrapartida en una de las pruebas más exigentes que logró completar durante el año, una carrera de 100 kilómetros en el Champaquí, que demandó 25 horas de recorrido bajo condiciones climáticas muy adversas. La lluvia constante, el barro y las piedras resbaladizas hicieron todavía más difícil el trayecto. Además, atravesó complicaciones vinculadas con la alimentación, pero pudo sobreponerse y alcanzar la meta.
«Empecé el año con una carrera que abandoné, pero no lo viví como una frustración, sino como una construcción a lo que después iba a seguir siendo el año», sostuvo. Y agregó que haber podido completar aquella prueba de 100 kilómetros le permitió confirmar el trabajo realizado y la capacidad de seguir superándose.
De cara al futuro, no se impone un techo inmediato. Su principal objetivo es continuar construyendo, durante uno, dos o tres años si es necesario, el camino que le permita completar las 100 millas en la competencia prevista para abril. Después, la posibilidad de cruzar las fronteras y participar de alguna carrera en el exterior aparece como otro de los desafíos.



