La macro mejora, pero el salario espera

Hoy, un salario promedio compra bastante menos que hace algunos años. Se ve en bastantes sectores. Sin embargo, no toda la economía está en rojo. Hay sectores que empiezan a mostrar mejoras reales en sus ingresos, con salarios que en muchos casos le ganan a la inflación. Esta dualidad genera una Argentina partida: una parte que empieza a ver mejoras y otra que todavía no logra recuperar terreno.

En la Argentina de hoy conviven dos realidades que, a simple vista, parecen contradictorias. Por un lado, la macroeconomía muestra signos de orden: la inflación desacelera, la actividad rebota y las expectativas se estabilizan. Por otro, el bolsillo de los argentinos sigue sintiendo el peso de años de deterioro. El poder adquisitivo no termina de arrancar.

Si uno mira la foto reciente, el diagnóstico es claro: los salarios vienen corriendo apenas por detrás de los precios. Durante 2025, los ingresos crecieron menos que la inflación, y el inicio de 2026 mantiene esa tendencia de empate incómodo o leve pérdida. Ya no hay una caída abrupta como en años anteriores, pero tampoco una recuperación sostenida. Es una economía que dejó de empeorar rápido, pero que todavía no mejora en serio.

Ahora bien, el problema de fondo no está solo en el último año, sino en la película larga. Desde 2017 hasta hoy, el salario real acumuló una caída muy significativa, especialmente en el sector público y en los ingresos más bajos. Esa pérdida estructural es la que explica por qué, incluso cuando la inflación baja, la sensación social sigue siendo de fragilidad.


Para entenderlo mejor, bajemos la discusión a la vida cotidiana. Hoy, un salario promedio compra bastante menos que hace algunos años. En términos de consumo básico, la referencia más clara es la carne. Donde antes un sueldo podía cubrir, por ejemplo, entre 80 y 100 kilos mensuales en muchos hogares de ingresos medios, hoy ese número se redujo de forma sensible, en muchos casos a la mitad o menos, dependiendo del corte y la región. La carne, símbolo histórico del consumo argentino, se convirtió en un termómetro brutal del deterioro del poder adquisitivo.

Algo similar ocurre con el alquiler. En nuestra ciudad, el costo de alquilar un departamento promedio se llevó una porción cada vez mayor del ingreso. Mientras que hace algunos años representaba alrededor del 25% al 30% del salario formal, hoy en muchos casos supera el 40% o incluso el 50%. Es decir, el ingreso no solo rinde menos: además, está más comprometido en gastos fijos.

Sin embargo, no toda la economía está en rojo. De hecho, uno de los rasgos más interesantes del momento actual es la fuerte heterogeneidad sectorial.

Hay sectores que empiezan a mostrar mejoras reales en sus ingresos. Entre ellos: Energía y minería: impulsados por exportaciones, inversión y precios internacionales, con salarios que en muchos casos le ganan a la inflación. Economía del conocimiento: tecnología, software y servicios profesionales exportables, donde los ingresos están más dolarizados o ajustan más rápido. Agro y sectores vinculados: con recuperación tras años climáticos adversos, y cierta recomposición de márgenes, este último sector muy presente en nuestra localidad y zona.

En contraste, otros sectores siguen muy rezagados: Sector público, donde la recomposición salarial viene más lenta. Comercio y servicios tradicionales, muy atados al consumo interno, que aún no termina de despegar. Trabajo informal, el más golpeado, sin paritarias ni mecanismos de defensa frente a la inflación.

Esta dualidad genera una Argentina partida: una parte que empieza a ver mejoras y otra que todavía no logra recuperar terreno.

La clave del momento económico es esta: la inflación está bajando más rápido que la capacidad de recomponer salarios. Y eso genera una paradoja. Desde el punto de vista técnico, la economía se ordena. Pero desde el punto de vista social, la mejora no se siente.

En definitiva, el poder adquisitivo en la Argentina de hoy está en pausa. Ya no cae con la violencia de antes, pero tampoco rebota. Y mientras no haya una recuperación sostenida del salario real —no de un mes, sino de varios trimestres consecutivos— la sensación de fragilidad seguirá siendo dominante.

La macro está mejorando. Pero el verdadero termómetro sigue siendo el mismo de siempre: cuánto rinde el sueldo cuando se llena el changuito o se paga el alquiler. Y ahí, por ahora, la recuperación todavía está en veremos.
#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler

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