Sarmiento, entre la tiza y el sable: sus múltiples verdades

La historia argentina está plagada de personajes complejos. Y quizás ningún otro represente esa complejidad mejor que Domingo Faustino Sarmiento. Educador brillante, reformador incansable, modernizador obsesivo. Pero también autoritario, elitista y muchas veces cruel en sus apreciaciones sobre los sectores populares.

El «Día del Maestro», que se celebró el pasado jueves 11 de septiembre, nos invita a reflexionar no sólo sobre la importancia de la docencia, sino también sobre el legado de quien inspiró esta fecha. Sarmiento no es un mármol. Es una figura viva, polémica, con contradicciones que merecen ser leídas y discutidas, no ignoradas.

Entre la educación y la guerra

Sarmiento fue el hombre que fundó escuelas, bibliotecas, periódicos. El que impulsó la alfabetización de un país donde el analfabetismo superaba el 75%. También fue el que justificó la represión de gauchos y pueblos originarios. «Civilización o barbarie», escribió en su célebre Facundo, con una pluma tan brillante como filosa, en la que exaltaba el modelo europeo y despreciaba las tradiciones locales.


Celebró la muerte del caudillo riojano Ángel Vicente «El Chacho» Peñaloza, despreció a los pueblos originarios, y vio en el gaucho una figura a erradicar del nuevo modelo de país que soñaba. Desde el Senado, no dudó en enfrentarse a Julio A. Roca, denunciando la corrupción que rodeaba a la llamada Conquista del Desierto, pero tampoco se privó de tener sus propios discursos imperialistas.

Fue, como dijo alguna vez un historiador, un hombre de su tiempo: lleno de contradicciones, pero también adelantado en muchas ideas.

Educación popular, pero con control

Sarmiento comprendió algo que muchos todavía no terminan de ver: educar a los sectores populares no atenta contra el poder; lo consolida. Por eso impulsó una escuela que formara trabajadores obedientes, pero también ciudadanos instruídos. Su modelo tenía un componente moral, casi religioso: el maestro debía formar tanto la mente como el espíritu.

La escuela debía ser la gran niveladora social, pero sin romper con los órdenes establecidos. Fue pionero en impulsar la formación docente y en traer maestras desde Estados Unidos para profesionalizar la enseñanza.

¿Fue elitista? Sí. ¿Fue racista? También. Pero no por eso deja de ser uno de los grandes arquitectos del Sistema Educativo Argentino.

Entre la devoción y la crítica

Cada año, cuando se acerca el 11 de septiembre, resurgen las voces enfrentadas: quienes veneran a Sarmiento y quienes lo repudian. Pero, como casi todo en la historia, la verdad no está en los extremos.

No se trata de borrar su figura ni de ponerla en un pedestal. Se trata de entenderla en contexto, leer sus obras, revisar sus decisiones, y sacar lecciones que nos permitan construir una educación más justa, plural y democrática.

Sobre todo, se trata de no olvidar el verdadero foco de esta fecha: los maestros y maestras que cada día hacen patria en las aulas, muchas veces sin reconocimiento, sin apoyo y con recursos escasos. Son ellos los herederos de lo mejor del legado sarmientino: la convicción de que educar es transformar.

En tiempos donde se discute la inversión en educación, donde se ponen en duda los contenidos, y donde los docentes son blanco de críticas injustas, reivindicar su rol es más necesario que nunca.

Lo más leído de la semana

Crisis en Savencia: Sánchez busca alternativas para sostener la planta

"Es un día triste porque es una fuente laboral...

Helado de frutilla

Ingredientes 250 g de crema de leche 1 latita...

SADAIC reafirma que los salones comerciales deben pagar por el uso de música

Durante los últimos dos años se extendió entre propietarios...

En Rafaela, Mántaras destacó el rol del INTA y anticipó medidas ante un posible escenario de El Niño

El secretario de Agricultura y Ganadería de la Provincia...

Más de esta sección