Son los arquitectos que transmiten la marca país argentina por el mundo. En sus diseños, llevan la impronta local a las casas, oficinas y edificios que crean. Son los embajadores que continúan la tradición de un grande recientemente fallecido, César Pelli. Encontraron su vocación en el exterior y decidieron abandonar su tierra natal para probar suerte afuera.
El reconocimiento internacional está relacionado con la reputación del sector académico. La Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad (FADU) de la Universidad de Buenos Aires está ubicada entre las 100 mejores facultades a nivel mundial. En el ránking que elabora la consultora Quacquarelli Symonds (QS) anualmente sobre la base del análisis de 1222 universidades en el mundo, la carrera quedó entre el puesto 51 y 100 de las mejores en su rubro a nivel global.
Esta es la liga de los que, con un buen currículum vitae, pero también con mucho esfuerzo, probaron suerte en el extranjero y pueden contar historias desde puntos tan disímiles y alejados en el mundo como Viena, Austria, y Chiang Mai, Tailandia. Y todos, claro, a miles de kilómetros de Buenos Aires. Los representantes en el exterior del talento argentino dialogaron con LA NACION acerca de sus obras, sus estilos, sus historias y sus sueños en caso de regresar a la Argentina.
Doble ofensiva en Viena
Cuando era estudiante en la FADU, Laura Spinadel ya había participado en proyectos en Berlín y en Viena, pero en su trabajo en Buenos Aires sentía que no obtenía el reconocimiento que se merecía. Cuando terminó la carrera, fundó un estudio de arquitectura con un socio, Claudio Blazica. Juntos siguieron ganando premios en el exterior y tendiendo redes, hasta que finalmente decidieron probar suerte en Austria. En 1992 partieron: «No teníamos trabajo, pero contábamos con la ilusión de que si creíamos en lo que hacíamos y nos esforzábamos mucho, lo íbamos a lograr, y así fue», dice.
Para poder trabajar con su estudio en conjunto en Viena, BUSarchitektur, los arquitectos tuvieron que revalidar su título. Mientras tanto, los ayudaban amigos, que les firmaban los planos cuando recién empezaban en la capital europea. Siguió una historia de proyectos residenciales, corporativos y académicos.
En 2002, su socio falleció. Siguió trabajando sola, y en 2003 fundó una segunda empresa, llamada «BOA oficina para la ofensiva aleatórica», que se dedica a la comunicación multimedia y al diseño.
Sobre el lugar donde le tocó desarrollar su obra, dice: «Viena es una ciudad socialista desde hace un siglo a pesar de la interrupción de los nazis. Y es la ‘smart city número uno’ desde hace diez años consecutivos. Es decir, la ciudad con mejor calidad de vida del mundo. Eso hace que arquitectura no solo sea construir para los ricos o construir para la especulación inmobiliaria».
Entre sus proyectos, se encuentran el parque Wien Oberlaa, las viviendas Kaisermüllendamm, el campus de la Universidad de Economía y Negocios de Viena (Campus WU) y el business center STAR 22. Un dato no menor es que Spinadel fue la primera mujer condecorada por la Universidad de Ciencias Económicas de Viena con el Anillo de Oro de Honor por su trabajo como directora del masterplan del Campus WU, el proyecto en el que compitió con propuestas de Zaha Hadid, Hitoshi Abe, Peter Cook y Carme Pinós.
«Cada vez son más los clientes que me piden no solo el cálculo de las expensas y los costos de mantenimiento sino también los ‘costos del ciclo de vida’ a 25 años. No existe proyectar simplemente por gusto sin presentarle a un cliente un informe detallado de los materiales seleccionados y sus condiciones de reciclaje o autodegradación cumplido su tiempo útil», dice, sobre su labor en Austria. Respecto de su proyecto soñado en la Argentina responde: «Si regresara al país avanzaría con una red de emprendimientos inteligentes. La Argentina me enseñó a pensar en grande. La antroposofía me enseño que se debe hacer para crecer. Y Austria me enseñó que creyendo, los milagros son posibles».
De Jujuy a África
Hugo Hamity nació en Jujuy y llegó a Sudáfrica a los 22 años por la carrera profesional de sus padres, pero decidió quedarse y emprender un camino como arquitecto. Más de un cuarto de siglo después, ya estuvo a cargo de proyectos no solo en el país adonde emigró, sino también en Namibia, Ghana, Zambia, Madagascar, Zimbabwe.
Hamity había comenzado sus estudios en la Argentina y cuando emigró con su familia en 1991, completó sus estudios en la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. Cuatro años después fundó un estudio llamado Atelier Architects con un amigo del trabajo y con su pareja.
«En 2001 les vendí mis acciones y me abrí por mi propia cuenta, ya que me quería concentrar en viviendas, y Atelier se estaba especializando en comercial y oficinas -relata-. El estudio había crecido mucho y yo ya no tenía mucho tiempo para dedicarme a la arquitectura y el diseño».
En el segundo estudio que fundó, Hugo Hamity Architects, se propuso como misión mantenerlo chico para dedicarse a diseñar casas. «Ahora hago todo yo, no empleo a nadie así puedo estar envuelto desde el principio hasta el final en todo aspecto del diseño y la obra», apunta. Hoy se enfoca en casas unifamiliares «con foco en lo contextual y la originalidad de diseño».
Como no trabajó en la Argentina, aprendió casi todo sobre su oficio en Sudáfrica, un país en el que se fusionan varias culturas de grupos étnicos africanos y de Europa. «Es un país con varias identidades arquitectónicas que conviven juntas en las mismas ciudades. Cada una de ellas tiene una historia arquitectónica diferente que contar, y a todo ello se suma el movimiento contemporáneo y modernista internacional de los últimos años, que también tiene su propia expresión con toques vernaculares», concluye, sobre el ambiente en el que trabaja.
Mario José Buschiazzo: el primer arquitecto de nuestro país
(Por Eduardo de Bianchetti).- El primer arquitecto argentino reconocido como tal fue Juan Antonio Buschiazzo. Nacido en Italia en 1813, se trasladó a Buenos Aires en 1831 y es conocido por ser pionero en la arquitectura en Argentina y por haber diseñado numerosos edificios importantes en Buenos Aires durante el siglo XIX.
Buschiazzo es considerado uno de los fundadores de la arquitectura moderna en Argentina y dejó un legado significativo en el desarrollo urbanístico y arquitectónico del país.
Buschiazzo era el sobrino de Juan Antonio Buschiazzo, quien fuera Director de Obras Públicas del Intendente Torcuato de Alvear. Juan Antonio, fue el que abrió la Av. de Mayo, el que hizo el pórtico del Cementerio de la Recoleta, o el Mercado de San Telmo y el Palacio Municipal, entre otras obras que ayudaron a modelar la Buenos Aires de fines del XIX.
El Padre de Mario murió muy joven y Juan Antonio se hizo cargo de velar por la educación de su sobrino que realizó estudios secundarios en el Colegio Internacional de Olivos, donde obtuvo medalla de honor en 1920, y seis años después se graduó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.
En 1929 inició su actividad docente en el Colegio Nacional “Almirante Brown”, de Adrogué, fue luego profesor en el Instituto Nacional del Profesorado secundario (1939-41). Allí fijó su residencia y construyó su casa y varias de las pocas obras particulares que hizo ya que se dedicó casi con exclusividad a la docencia y a la arquitectura pública.
Se desempeñó como profesor titular de Historia de la Arquitectura y de Arte en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, desde 1941; allí, en 1947, fundó y fue el primer Director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas que hoy lleva su nombre. Lo condujo hasta su fallecimiento y lo elevó al más alto rango entre los centros de investigación sobre la arquitectura y el arte americanos. A su vez fue el Director de la colección de Anales del IAA.



