Como todo 11 de septiembre, se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, bautizado por la historia argentina, como el “padre del aula”. En honor a esta fecha y a partir del año 1945, es que celebra el “Día del maestro”.
Sin duda, la faceta más divulgada de Sarmiento, fue la profunda transformación que generó en el sistema educativo, sin embargo, este ilustre personaje también se destacó como escritor, periodista y militar, además de ser presidente de la nación entre los años 1868 y 1874.
Una las primeras medidas que tomó como presidente fue realizar el primer censo nacional, él que se llevó a cabo en septiembre del año 1869. Este censo reveló que el 77% de la población argentina era analfabeta. A partir de estos datos diseño una política educativa innovadora y única en América Latina que tendría su corolario en la sanción de la ley 1420 del año 1884, promulgada por el entonces presidente Julio Argentino Roca. Esta ley, cuyas bases habían sido sentadas por el propio Sarmiento, establecía una enseñanza obligatoria, gratuita, común y laica.
Durante su presidencia Sarmiento construyó más de 800 escuelas y la cantidad de alumnos pasó de 30 mil a 100 mil, en un país de 2 millones de habitantes. También impulso la creación de las Escuelas Normales, con el objetivo de profesionalizar la formación docente.
Hoy, sin embargo, nos encontramos en las antípodas de aquellas épocas. Las decisiones políticas, tomadas por burócratas que rara vez han pisado una escuela pública, han llevado a una constante degradación del sistema educativo. Nuestros gobernantes, lejos de pretender una educación de calidad, parecen estar decididos a convertir las escuelas en grandes guarderías, llenas de ideologías, pero vacías de todo contenido. Y como si esto fuera poco, con gran elocuencia anuncian programas que pretenden resolver, con tan solo un par de clases, problemas tan complejos como la enorme cantidad de jóvenes que no terminan sus estudios secundarios, con el único objetivo de lograr que las estadísticas complazcan al líder de turno.
Frente a este panorama, muchos jóvenes se encuentran en este sistema educativo, que les entrega un título que los habilita a continuar con sus estudios superiores o a insertarse en el mercado laboral. Sin embargo, estos sueños se ven truncados ante la falta de preparación y de contenidos. Es así, que este sentimiento de frustración rápidamente los lleva a ser presa de falsos profetas que desde Tik-Tok, You Tube o Instagram les venden la receta de una vida fácil y feliz, pero vacía de todo propósito.
Queridos estudiantes, no se dejen engañar, nada que valga la pena es fácil de conseguir. Sepan que la vida no siempre es justa y que seguramente fallarán muchas veces, pero también recuerden que solo se llega al éxito con disciplina, perseverancia y determinación. No busquen culpables, ustedes son los únicos responsables de su futuro.
Sepan también que la educación es un derecho, pero como todo derecho, conlleva obligaciones y hoy, su obligación es estudiar y formarse como personas de bien, que en algún momento tendrán la responsabilidad de decidir el futuro de nuestro país.
Y a nosotros, docentes, nos queda el orgullo de ser dignos herederos de Sarmiento, porque si bien muchas veces nos sentimos como Don Quijote, peleando contra los molinos de viento, sabemos que la educación es el único camino para construir una nación justa y soberana.
Porque a pesar de los salarios paupérrimos, a pesar de las constantes humillaciones, a pesar de la violencia y a pesar del descredito de gran parte de la sociedad, quienes hemos elegido la docencia más que como una profesión, como una forma de vida, seguimos dando lucha todos los días, porque que en un mundo cada vez más artificial, lo único verdadero es lo que inculcamos en las mentes y corazones de nuestros estudiantes, transformando sus vidas con la esperanza de un futuro mejor.
Somos nosotros, los docentes, quienes mantenemos viva la llama de la civilización, luchando incansablemente contra la barbarie de la ignorancia, para forjar un mañana donde el conocimiento sea el cimiento de una sociedad más justa y libre.



