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La otra mirada

El coronavirus y la obra inconclusa

Publicado el

- 03:11 am

Última actualización: 14 de Marzo de 2020 - 12:13 am

D. Camusso

«¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie. En Wembley suena todavía el griterío del Mundial ’66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del ’53, cuando los húngaros golearon a la selección inglesa. El estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo. Maracaná sigue llorando la derrota brasileña en el Mundial del ’50. En la Bombonera de Buenos Aires, trepidan tambores de hace medio siglo. Desde las profundidades del Azteca, resuenan los ecos de los cánticos ceremoniales del antiguo juego mexicano de pelota. Habla en catalán el cemento del Camp Nou, en Barcelona, y en euskera conversan las gradas del San Mamés, en Bilbao. En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre. La final del Mundial ’74, que ganó Alemania, se juega día tras día y noche tras noche en el Estadio Olímpico de Munich. El estadio del rey Fahd, en Arabia Saudita, tiene palco de mármol y oro y tribunas alfombradas, pero no tiene memoria ni gran cosa por decir». Fragmento de El Estadio, relato del escritor uruguayo Eduardo Galeano incluido en su libro «El fútbol a sol y sombra».
Cierto es que los estadios, los que han vivido historias dignas del fútbol, en cualquier nivel de competencia, tienen dentro suyo el bramido de la pasión. Pero también lo es que las tribunas sin gente generan desconsuelo, porque el juego de la pelota es, fundamentalmente, el futbolista. Pero el fútbol, que es una cosa distinta, es el futbolista junto al hincha. Y si no, que lo diga José Pekerman. «Sobre todas las cosas les digo a los jugadores que piensen en la gente. Siempre. El futbolista, el que tiene nivel de selección, es un ser mimado y protegido. Pero el hincha que paga para verlo jugar, por ahí se pasa horas debajo de la lluvia para sacar su entrada. Que paga de su bolsillo, que viaja mal, que al día siguiente tiene que ir a trabajar. El fútbol, sin la gente, es una obra inconclusa».
Lo cierto es que, salvo en Argentina donde no pudieron controlar por incapacidad y connivencia la violencia barra y entonces no hay público visitante, en las principales ligas del mundo se juega regularmente a estadio lleno o casi. Y jugar sin público es, entonces, un hecho muy extraño. Para los italianos «El calcio es un reflejo de la vida nacional». Así lo describe el periodista español Enric González en su bello libro de crónicas titulado «Historias del Calcio». En la memoria italiana, no hay registro de epidemia invernal de gripe, con miles de víctimas, que haya podido parar al Calcio. Como si lo ha hecho el coronavirus. Se ha detenido la Liga española, pero también la Fórmula 1, la NBA, el tenis y hasta se encendió la llama olímpica, en Grecia, sin presencia de público.
El famoso coronavirus, que amenaza a 160 países, ya está presente en más de 40 y, claro está, en Argentina. Pese a que es de afección estacional (invernal), o sea que no resiste en climas cálidos, y que en el aire tiene una supervivencia relativamente corta, increíblemente ya condicionó al fútbol sudamericano. En la Argentina, mientras cursamos una epidemia de sarampión, cuando hacía años que no teníamos casos autóctonos, y hay circulación viral de dengue, lo que nos asusta es el coronavirus. ¿Está bien esto? Se trata de un sentimiento, y estos son en general inmanejables. «Si bien el coronavirus es serio, nuestro cerebro juega un papel importante con la ansiedad y la paranoia», dijo Facundo Manes. Es decir que lo más lógico sería hacer una vida normal tomando todas las precauciones para no enfermarse ni enfermar.
¿Está bien entonces que el fútbol se siga jugando, y que lo haga a puertas cerradas? Puede ser una respuesta a lo anterior, vida normal tomando todas las precauciones. Pero lo real es que en nuestro país todo parece ser improvisado. Y la verdad es que la imagen y el accionar del Ministro de Salud, Ginés González García, no ayudan en lo más mínimo a modificar esa apreciación. Lo cierto es que hasta que pase el temblor deberemos acostumbrarnos a este fútbol especial para televisión. Justo para Marcelo Tinelli y Mario Pergolini, quienes van a manejar la AFA con Chiqui Tapia. Los tres y el coronavirus. Y viene el invierno. Todos los virus se hacen fuertes.

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