Por Nicolás Bordón.- Actualmente, existe un consenso transversal acerca del incremento de personas en situación de calle en la ciudad. Desde Castellanos, venimos dando cuenta de esa situación en distintos artículos e informes, a lo largo de los últimos meses. Personas deambulando por distintos barrios y en cualquier horario, grupos e incluso familias durmiendo en las entradas de distintos edificios públicos y espacios verdes; han sido escenas que lamentablemente se han reproducido exponencialmente en los últimos tiempos. La falta de atención a los problemas habitacionales y la indiferencia frente al crecimiento poblacional desmedido en los distintos asentamientos que rodean la ciudad, han sido parte de un problema que se agrava día a día, producto de un contexto económico general que tampoco contribuye.
En este contexto, y gracias a la decisión política y apoyo institucional del Gobierno Provincial, este nuevo Refugio de Invierno busca dar contención, abrigo y asistencia integral a quienes atraviesan una de las formas más crudas de la exclusión social. En el corazón del barrio Mora, este espacio fue inaugurado con el objetivo de ofrecer no sólo un techo para las noches frías, sino también, una red de acompañamiento en salud mental, asesoramiento social y un plan de reincersión comunitaria para las personas en situación de calle. Como bien señalaba Gabriel Cáceres, secretario de Desarrollo Humano y Salud: «Estamos hablando de una política pública de revinculación, de construcción de un proyecto de vida. Esto no es sólo un lugar para pasar la noche: es el comienzo de un proceso de acompañamiento profesional en salud mental, en lo social, y con estrategias para ocupar el tiempo y reinsertarse en la comunidad».
En este marco nos preguntamos: ¿Qué impacto tienen este tipo de espacios en el ecosistema urbano de las ciudades? ¿Cómo influyen en la reconstrucción de un tejido social cada vez más fragmentado y atomizado? ¿Cuánto afecta la decisión del Gobierno Provincial de mirar de frente estas problematicas en la transformación de la realidad cotidiana de la ciudad?

La marginalidad como problema estructural
En su obra «Los condenados de la ciudad» (2007), el sociólogo francés Loïc Wacquant, analiza cómo las formas contemporáneas de marginalidad urbana, implican una desconexíon estructural del tejido social, más alla de lo meramente económico. Según el autor, la marginalidad extrema no es sólo una cuestión de ingresos, sino que también, implica una forma de relegación social que rompe los vínculos con la comunidad, la familia y las instituciones. Estos planteos, van en la misma dirección que aquellos aportados por Maristella Svampa en «Las nuevas desigualdades en America Latina» (2001); donde plantea que la exclusión social no es un accidente del sistema, sino un producto de sus deficiencias estructurales. En este sentido, la mercantilización extrema de la vida cotidiana y la falta de planificación urbanística de las ciudades, termina derivando en un problema de marginalidad creciente y estructural que en muchos casos, se termina naturalizando por las comunidades sociales.
En esa dirección conceptual, la licenciada Meternich nos contó su mirada acerca del rol de este Refugio de Invierno dentro del esquema de atención de la marginalidad social en la ciudad. «Las principales motivaciones que me trajeron a este proyecto tienen que ver con un alineamiento entre mis intereses profesionales, la necesidad de la ciudad por contar con este espacio y también, el interés del secretario de Desarrollo Humano y Salud, Gabril Cáceres, que confió en mí para conducir el proyecto. Esta idea se venía pensando desde hace mucho tiempo, tomando como referencia las experiencias de otras ciudades como Rosario y Buenos Aires. Desde allí, se buscó adaptar el funcionamiento a la realidad de nuestra ciudad, entendiendo que esta problemática existe desde hace tiempo y era necesario dar una respuesta. La próxima llegada del invierno hizo que la decisión de materializarlo se lleve adelante en este momento, ya que suele ser un momento del año donde aumenta la exposición y vulnerabilidad de las personas en situación de calle».
Como mencionábamos al comienzo del artículo, el crecimiento de la marginalidad en la ciudad se ve reflejado en un aumento del número de personas en esta situación, lo cual implica un desafío mayor para este proyecto. En relación con ello, Meternich sostuvo: «En el marco de un aumento del número de personas en esta situación, es importante marcar la diferencia entre la situación de calle temporal y la permanente. Esto, implica llevar adelante un abordaje diferente de cada caso, donde el objetivo principal va más alla de cubrir las necesidaes básicas: implica brindar las herramientas para que estas personas puedan reconstruir sus vínculos. La persona que se encuentra en esta situación, no sólo enfrenta el echo de estar deambulando por la calle sino que por lo general, se ve atravesada por problemas de consumo, conflictos con la ley y demás; lo cual presenta un nivel de complejidad mayor al momento de tratar los casos. Si bien en una primera instancia, la persona que se acerca al espacio viene a cubrir la necesidad de obtener algo para comer y un lugar para dormir, la demanda subyacente tiene que ver con la urgencia por un empleo para cubrir la falta de ingresos y también, la posibilidad de vincularse con los demás. Por todo ello, el apoyo psicosocial resulta un aspecto clave. En este sentido, el equipo del refugio cuenta con dos personas que tienen mucha experiencia en trabajo territorial; lo cual facilita el aporte de herramientas de escucha y también, significa un aporte importante para la elaboración de propuestas de abordaje psicológico».
Por último, en relación con las perspectivas y desafíos de este nuevo espacio, Meternich expresó: «Desde el refugio, entendemos que lo importante pasa por el echo de que las personas que asistan puedan apropiarse del espacio, sentirlo propio y contar con toda la contención necesaria para sentirse comodas durante su tránsito. Contar con el apoyo del Gobierno Provincial, nos permite seguir proyectando el funcionamiento del refugio más allá del invierno; y también nos ayuda a seguir contruyendo una articulación positiva con distintas instituciones de la sociedad civil como ONG’s, iglesias y voluntarismo ciudadano.
De esta manera, los espacios de contención se pueden expandir, favoreciendo la multiplicación de lazos sociales que colaboren en la construcción de proyectos de vida».




