Por Rubén Galassi*. Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de demografía, parecía que se hablaba del pasado o del futuro. De proyecciones a veinte o treinta años, de estadísticas reservadas a especialistas o de pirámides poblacionales. Ese tiempo terminó.
En el mundo, y particularmente en Argentina nacen cada vez menos niños y vivimos cada vez más años. Cambian también los hogares, los movimientos de población y, progresivamente, la relación entre quienes están en edad de trabajar y quienes dependen en mayor medida de los sistemas de educación, salud, cuidados o protección social.
El cambio demográfico ya está ocurriendo y algunas de sus consecuencias pueden verse. Por eso, discutir sobre demografía no significa preguntarnos solamente cuántos habitantes tendrá nuestro país o nuestra provincia dentro de algunas décadas. Significa preguntarnos qué está ocurriendo hoy con nuestras escuelas, nuestros hospitales, el trabajo, los cuidados, la vivienda, la infraestructura y el desarrollo de nuestras ciudades y localidades.
Es desde esa perspectiva que presentamos en la Legislatura la creación de una Comisión Provincial de Cambio Demográfico, integrada por las distintas áreas del Poder Ejecutivo y los organismos técnicos, científicos y de investigación de la Provincia de Santa Fe. No proponemos crear otra estructura burocrática, ni incorporar personal ni sumar presupuesto. Queremos coordinar capacidades que Santa Fe ya tiene para producir información –como el IPEC (Instituto Provincial de Estadísticas y Censos-, analizar alternativas, anticipar escenarios y convertir ese conocimiento en mejores decisiones de política pública.
La necesidad de una mirada transversal se entiende al observar cómo este proceso ya está impactando en distintas áreas. Entre 2016 y 2025, la población argentina de tres a cinco años disminuyó aproximadamente un 31%, cifra similar a lo que ocurre en Santa Fe. ¿Qué significa esto para una provincia? En algunas localidades habrá menos matrícula escolar; en otras, los movimientos de población pueden producir el efecto contrario. Pero la consecuencia no es simplemente que se necesitarán menos escuelas. La discusión es más importante: cómo distribuir mejor los recursos, qué infraestructura mantener, dónde aparecen nuevas necesidades, cómo planificar la carrera docente y cómo aprovechar una menor presión demográfica para mejorar la calidad educativa.
En salud sucede algo diferente. Vivir más es una buena noticia, pero una sociedad más longeva requiere otros servicios. Aumentan las necesidades vinculadas con enfermedades crónicas, rehabilitación, atención domiciliaria, accesibilidad y cuidados de larga duración. Y esos cuidados no son solamente un problema familiar o asistencial: también tienen consecuencias sobre el empleo, la formación profesional y la participación laboral de quienes hoy dedican buena parte de su tiempo a cuidar.
El mercado de trabajo tampoco permanece al margen. Las generaciones menos numerosas que nacen hoy serán quienes integren la fuerza laboral de las próximas décadas. Por eso, discutir demografía es también discutir productividad, formación, empleo formal, sostenibilidad del sistema previsional, incorporación tecnológica y capacidad de nuestras empresas y sectores productivos para desenvolverse con una estructura laboral diferente.
Argentina todavía atraviesa una etapa en la que una proporción importante de su población se encuentra en edades laboralmente activas. Es lo que se conoce como bono demográfico. Pero esa ventana no es permanente: a medida que aumenta la longevidad y disminuyen las nuevas generaciones, cambia progresivamente la relación entre quienes trabajan y quienes dependen en mayor medida de los sistemas de educación, salud, cuidados o protección social. Todavía tenemos tiempo para actuar, pero no tiempo para esperar. Aprovechar esta etapa exige formar mejor, generar empleo de mayor calidad, aumentar la productividad, fortalecer los sistemas de cuidados y anticipar las necesidades de cada territorio.
Ninguno de estos asuntos puede analizarse por separado. Si observamos el cambio demográfico únicamente desde Salud, veremos envejecimiento; desde Educación, caída de matrícula; desde las áreas sociales, modificaciones en los cuidados; desde Economía, empleo, productividad y sostenibilidad de las políticas públicas; desde el sistema de previsión social, los desafíos para garantizar su sustentabilidad. Cada mirada es necesaria, pero ninguna alcanza por sí sola.
Santa Fe cuenta con herramientas importantes para hacerlo. Tiene capacidad estadística, universidades y centros de investigación, gobiernos locales con conocimiento directo de sus territorios y una experiencia valiosa en planificación estratégica y en políticas que atravesaron las fronteras entre ministerios. También cuenta con instituciones y sectores productivos capaces de aportar conocimiento y experiencia.
La política pública tiene que ser capaz de mirar ambas caras: los desafíos que plantea el cambio demográfico, pero también las oportunidades que genera. Una menor cantidad de alumnos puede permitir invertir mejor en cada estudiante; una fuerza laboral que crece más lentamente obliga a pensar con mayor intensidad en productividad, capacitación e innovación; y una sociedad que vive más demanda nuevos servicios, tecnologías, formas de vivienda y sistemas de cuidados.
Hay además una discusión que conviene despejar. La caída de la natalidad no se resuelve diciéndoles a las personas que tengan más hijos. La experiencia internacional muestra que incluso países que sostuvieron durante años incentivos económicos, licencias y amplios sistemas de cuidado continuaron con niveles de fecundidad inferiores al reemplazo. Y una parte de la disminución de los nacimientos respondió a avances que debemos preservar, como la reducción de los embarazos adolescentes no intencionales.
Impulsan proyecto para trabajar los impactos del cambio demográfico en Santa Fe
No se trata de detener una transformación social ni de imponer determinadas decisiones personales o familiares. Se trata de garantizar condiciones para que cada persona pueda desarrollar libremente su proyecto familiar y, al mismo tiempo, adecuar nuestras políticas públicas a una estructura poblacional diferente.
La demografía tiene una particularidad: muchas de sus transformaciones pueden identificarse mientras están ocurriendo y permiten anticipar cómo se profundizarán. Por eso sería difícil explicar que, viendo hoy sus primeros efectos sobre nuestros servicios públicos, el trabajo y los territorios, esperemos a que se vuelvan críticos para actuar.
Santa Fe tiene antecedentes valiosos de planificación estratégica. En distintos momentos de su historia reciente, la Provincia intentó pensar más allá de la urgencia cotidiana, integrar áreas de gobierno y mirar el territorio en perspectiva. El Plan Estratégico Provincial (PEP), el Plan ABRE y la experiencia reciente de los Juegos Suramericanos, con distintas áreas del Estado coordinando acciones, son ejemplos de esa capacidad.
Esa tradición puede actualizarse frente al nuevo desafío del cambio demográfico, incorporándolo decididamente a la agenda de las políticas públicas para tomar mejores decisiones ahora.
Santa Fe ya está cambiando. Tenemos información, instituciones y capacidades para prepararnos. El desafío no es esperar a que el futuro llegue, sino utilizar lo que sabemos de él para gobernar mejor el presente.
(*) Rubén Galassi es diputado provincial de Santa Fe por el Partido Socialista – UNIDOS.




