De sus lágrimas derramadas en la pensión de Independiente al llanto de emoción tras ser Campeón Mundial. De ser rechazado por Boca y River a ser elegido como el mejor en Qatar. La historia del «Dibu», que soñaba con jugar un partido en el seleccionado nacional, solo uno, es todo lucha, sacrificio y superación personal.
Por Oscar Martínez – «Emi se siente un surfista profesional, pero no lo es, apenas tiene cinco años. Por eso le resulta difícil acumular muchas olas con resultados perfectos. Cada tarde las cuenta con la ayuda de su hermano. Si rompen antes de llevarlo hasta la orilla, no valen. Si lo deslizan hasta terminar de pecho en la arena, sí…’¡¡¡Emi!!!, vení que falta uno’. Es la primera vez que lo invitan a jugar al fútbol en la playa, así que se queda pegadito a su hermano, entre nervioso y tímido. Pero en cuanto los chicos salen corriendo detrás de la pelota, él se suma…Va al arco…Y aunque es más pequeño que el resto, la cancha no le queda para nada grande. Hay algo en él…», del libro para niños «Dibu Martínez. Pasión por el fútbol», editado por Montena.
«En Rusia, estaba con mi hermano en el estadio y le prometí que el próximo Mundial jugaría para Argentina. Se lo prometí. Hay algunos que dicen ‘soñá en grande’. Es gratis soñar», relató hace pocos días Damián Emiliano Martínez Romero, que nació el 2 de septiembre de 1992 en Mar del Plata. Su mamá trabajaba 10 horas al día limpiando casas, mientras que su papá lo hacía en el puerto. Nació y vivió sus primeros años en el barrio Jardín, junto al Bosque Peralta Ramos. Su historia con la pelota comenzó en el club General Urquiza. Siempre fue alto y es por eso que en esa pequeña institución de barrio solían ponerlo con chicos de la categoría ’90, entre los que se encontraba su hermano Alejandro.
A los 10 años lo llevaron a pruebas en Boca y River, pero en ambos clubes lo rechazaron. Unos años después, tras jugar en Talleres y San Isidro, ambos de Mar del Plata, el técnico Roberto Cacho Gonzalo le consiguió una prueba en Independiente. Allí conoció a su maestro del arco, Miguel Ángel Santoro. «Pepé» lo hizo quedar porque «le vi algo». Lo formó en las divisiones inferiores del club de Avellaneda. Y hasta le puso apodo. «Dibu», por su parecido con la animación de la serie «Mi Familia es un Dibujo». «En ese tiempo trataba de acompañarlo mucho porque sabía de sus llantos a escondidas. Pero se esforzaba como ninguno y era un pibe excepcional», declaró el propio Santoro. En 2009 lo convocaron para jugar el Sudamericano Sub 17, en el que le atajó dos penales a Brasil, y el Mundial de esa misma categoría en Nigeria. Allí lo vieron los integrantes del departamento de captación del Arsenal. Ese mismo año lo invitaron a una prueba de diez días en Londres. Fue el propio Santoro quien lo acompañó. Finalmente, el club pagó 500.000 euros por el 65% del pase. Tenía apenas 17 años cuando se marchó.
Una vez instalado en Inglaterra, su lucha continuó. «Dibu» tuvo paciencia, persistencia y tenacidad porque su oportunidad no llegó rápido. En el Arsenal nunca encontró continuidad y fue cedido a préstamo a varios clubes. De hecho, su debut en el viejo continente fue recién en mayo de 2012, jugando para el Oxford United, club de la tercera división. Luego estuvo en Sheffield Wednesday, Rotherham, Wolves, Getafe de España y Reading. Hasta que en la temporada 2019-20 volvió a los Gunners para ser suplente del alemán Brend Leno. Y cuando este se lesionó tuvo por fin su gran oportunidad. Fue clave para la obtención de la FA Cup y la Community Shield.
El 16 de septiembre del 2020, el Aston Villa pagó 21.500.000 euros por él y firmó por cuatro temporadas, convirtiéndose en el arquero argentino más caro de la historia. Su debut en ese club fue ante el Sheffield United. Ganaron 1 a 0 y atajó un penal. A partir de ese momento se convirtió en figura central del club de Birmingham. Aunque su verdadero despegue mundial se dio tras la convocatoria de Lionel Scaloni al seleccionado cuando en Argentina pocos sabían de él. Y terminó siendo el segundo mejor arquero de 2022 y el mejor del mundial de Qatar. Aunque primero debió tener algo de suerte, y mucho de talento, ya que el arquero titular del seleccionado era Franco Armani, pero enfermó de Covid-19, entonces «Dibu» fue titular el 3 de junio de 2021, en un empate 1-1 con Chile en un partido de Eliminatorias Sudamericanas en el Estadio Único de Santiago del Estero. A partir de ahí, sus actuaciones lo consolidaron en el arco del seleccionado.
Sin embargo, y aunque se recordará por siempre su increíble atajada ante Randal Kolo Muani en la última jugada de la final ante Francia, su actuación en los penales, sus gestos y provocaciones, son las que lo distinguen. Tal vez injustamente. Es que tras aquella noche consagratoria cuando «se lo comió» a Yerri Mina de Colombia en Brasil, sus contenciones ante Virgil van Dijk y Steven Berghuis, de Países Bajos, que le dio el pase al seleccionado para jugar la Semifinal ante Croacia y, fundamentalmente, su decisiva participación en la serie de penales ante Francia, se transformó en materia de estudio para los expertos. Tanto que el profesor de la Norwegian School of Sport Sciences, Geir Jordet, develó los juegos mentales que utiliza «Dibu» para enfrentarse a sus rivales.
Jordet calificó a Martínez como el «Maquiavelo del futbol». «Martínez preparó el escenario y se adueñó del área penal desde el principio», expresó el experto en psicología del deporte. Y reveló paso a paso las acciones del «Dibu» para obtener la victoria, desde como insta al árbitro a revisar la correcta colocación de la pelota, hasta los festejos exacerbados después de detener su primer disparo a Kingsley Coman. «Los arqueros rara vez celebran a lo grande después de las paradas de penal. Martínez es una excepción», aseguró. «Las investigaciones muestran que las celebraciones grandes e intensas indican confianza, dominio y superioridad, lo que afecta positivamente a los compañeros de equipo y negativamente a los oponentes».
Según Jordet, Martínez también supo aprovecharse del árbitro polaco, ya que uno de los momentos de la tanda, previo al disparo de Tchouaméni, lanzó la pelota lejos de su ubicación para posteriormente instar a los hinchas a alentar, una acción que le valió ganar aún más confianza ante su oponente. Luego, para evitar que Lloris entrara en el juego mental que había preparado, rápidamente tomó la pelota para entregárselo personalmente a su compañero. «Los juegos mentales de Emiliano Martínez son grandes, impredecibles y calculados. Es el Maquiavelo del fútbol y ha estimulado a otros a copiarlo y crear contraataques en su contra. Con esta exhibición en el escenario más grande del mundo, tengo curiosidad por ver cómo evolucionará en el futuro», aseguró Jordet.
Dicen desde FIFA que sus contenciones durante los partidos fueron las que le valieron para elegirlo Guante de Oro. Esto debería dejar atrás los gestos polémicos y los penales. Por eso es mejor cerrar con la palabra de otro gigante del arco. «Esa atajada ante Muaní lo llevó ganador a la definición, fue más importante que lo que hizo después. Fue la atajada del mundial. Cuando empezaron los penales, yo sabía que iba a atajar uno o dos. Tiene capacidad e intuición. Cuando lo vi atajar como lo hizo lloré, lloré por el ‘Dibu’ porque lo quiero mucho. Cada atajada de él, es una caricia a mi corazón, porque sé que es un pibe que luchó mucho por estar en el lugar que está. Me siento muy feliz», agregó el cuatro veces campeón de la Copa Libertadores.
Y sí, es la forma correcta de cerrar.


