Más de cinco décadas acompañando a pacientes y familias: la tarea del voluntariado del Hospital Jaime Ferré

Con 51 años de trayectoria y alrededor de 35 integrantes activos, el grupo sostiene una labor que combina asistencia, contención y mejoras edilicias. Silvia Gramaglia y Vilma Botto, junto a Nahuel, dialogaron con Radio CASTELLANOS sobre las necesidades que encuentran a diario, el trabajo que realizan en los dos edificios hospitalarios y los nuevos desafíos que se presentan con la regionalización del establecimiento.

Desde hace más de medio siglo, el voluntariado del Hospital Doctor Jaime Ferré acompaña a pacientes y familiares en distintos momentos de vulnerabilidad. Lo que comenzó como una iniciativa de un pequeño grupo de mujeres que visitaba a los niños internados en Pediatría se convirtió, con el paso de los años, en una organización que hoy cuenta con alrededor de 35 integrantes activos y que interviene en múltiples necesidades del establecimiento.

Silvia Gramaglia, actual presidenta, y Vilma Botto, integrantes del grupo, repasaron en diálogo con Radio CASTELLANOS la historia y el presente de una tarea que este año cumplió 51 años. También participó Nahuel, quien se incorporó a comienzos de 2026 y fue elegido para representar a las asociaciones civiles de la ciudad en el futuro Consejo de Administración del hospital.

Los primeros pasos se remontan a un grupo de mujeres que concurría a visitar a los niños internados. En aquel momento, recordó Gramaglia, los pequeños permanecían en el hospital sin sus madres y el personal de enfermería no alcanzaba a cubrir todas las necesidades. Fue así como Doris Giuliani, Negrita Culsoni e Ítala Heicher comenzaron a colaborar con tareas cotidianas, como cambiar a los chicos, darles la mamadera y acompañarlos.


A partir de esa iniciativa se fueron sumando más personas y el voluntariado amplió sus actividades. “Yo hace 20 años que estoy. Entré por una amiga que me convenció, me invitó a ver y la verdad que me gustó mucho toda esta obra de ayudar a los pacientes, ayudar a la gente y al hospital”, contó Silvia, quien desde hace cuatro años está al frente de la institución.

Una tarea que se extiende a los dos edificios

Actualmente, el trabajo se organiza en distintos grupos que realizan recorridas los martes, miércoles y jueves. Mientras algunas voluntarias visitan a los pacientes internados, otras se ocupan especialmente de Pediatría y Maternidad. También se acercan a los sectores de internación para conocer las necesidades de quienes llegan al hospital.

La labor incluye la entrega de ropa, calzado, medias, artículos de higiene personal y pañales para niños y adultos. Las prendas que reciben como donación son clasificadas y, cuando es necesario, lavadas o reparadas antes de ser entregadas. Otros elementos, como toallas, champú y jabón, deben comprarse con los recursos que obtiene el grupo a través de sus socios, actividades solidarias y el acompañamiento municipal.

La tarea no se limita a la asistencia material. Las integrantes destacaron especialmente la importancia de escuchar y acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles, muchas veces lejos de sus hogares y sin familiares cerca.

En ese sentido, uno de los espacios que sostienen es una habitación con capacidad para 16 mujeres, destinada principalmente a madres cuyos hijos se encuentran internados en Neonatología o Terapia Intensiva. Allí cuentan con camas, baño y un lugar para descansar y alimentarse. Cuando hay disponibilidad, también pueden alojarse otras mujeres que llegan desde localidades de la región y no tienen dónde permanecer durante la internación de un familiar.

“Hay gente que está solita, que tiene a su familia en terapia intensiva. Entonces necesita que la escuchemos, que estemos presentes”, explicó Gramaglia. Como ejemplo, mencionó el caso de una mujer de Cañada Rosquín que llevaba 16 días acompañando a su hijo internado. También relataron situaciones de personas que llegan al hospital por un estudio o una emergencia y terminan permaneciendo varios días, muchas veces sin más pertenencias que la ropa que llevan puesta.

Nahuel, quien se incorporó este año, también destacó esa realidad. Su experiencia previa en el ámbito de la salud y su historia familiar vinculada a la enfermería lo acercaron al voluntariado. “Hay mucha gente que tiene una emergencia en Tostado, en El Trébol, la suben a una ambulancia y vienen con lo puesto. Y las madres que tienen a sus chicos internados también son de lejos y no tienen la posibilidad de volver a su casa. Es muy importante ese acompañamiento”, señaló.

Eventos y trabajo para sostener la asistencia

Para reunir los recursos necesarios, el voluntariado desarrolla distintas actividades durante el año. Una de las más conocidas es el tradicional té, que convoca a numerosas personas y permite obtener una recaudación importante, ya que buena parte de los premios y del servicio gastronómico se consigue mediante donaciones.

Vilma Botto explicó que lo recaudado se destina a las necesidades que van surgiendo dentro del hospital, desde elementos de higiene e insumos hasta equipamiento. Como ejemplo, contó que este año pudieron adquirir un litotriptor, que fue entregado al nuevo establecimiento.

También funciona un taller de artesanías los lunes por la tarde. Allí, las voluntarias elaboran distintos productos que luego se ofrecen en showrooms y que también se utilizan como premios para el té. A esto se sumó la incorporación de máquinas de coser y una remalladora en el SUM, con las que confeccionan toallas y prendas para responder a las necesidades de los pacientes. “Cada una aporta su granito de arena. Algunas clasifican ropa, otras cosemos, todas hacemos un poco de todo”, resumió Botto.

El voluntariado también lleva adelante mejoras en el edificio del antiguo hospital, que actualmente funciona como anexo y concentra los consultorios. Gramaglia recordó que realizaron trabajos de pintura y remodelación en 14 consultorios y que actualmente colaboran con arreglos en las áreas de Dirección, Recursos Humanos y Acción Social. “El hospital, el anexo principalmente, es mi segunda casa. Yo lo hago todo con mucho amor”, expresó.

Un nuevo lugar en la administración del hospital regional

Uno de los desafíos que se presentan para esta etapa está relacionado con la transformación del Jaime Ferré en hospital regional y la conformación de su Consejo de Administración. En ese marco, Nahuel fue postulado por el voluntariado para ocupar el espacio destinado a las asociaciones civiles de la ciudad, una representación que fue definida mediante un proceso realizado en septiembre.

El futuro integrante del Consejo explicó que este organismo tendrá participación en la administración del establecimiento y estará conformado por distintos representantes, entre ellos autoridades, trabajadores, la cooperadora y las asociaciones civiles. Aunque todavía resta conocer la normativa específica de funcionamiento, se espera que comience a trabajar antes de mediados de diciembre.

Para el voluntariado, contar con un representante en ese ámbito significa un reconocimiento y también una nueva responsabilidad. “Es un gran honor para nosotros. Lo elegimos a él porque tiene disponibilidad, tiempo y muchas ganas de trabajar”, destacó Gramaglia.

Por su parte, Nahuel reconoció que asume el compromiso con responsabilidad y consideró que uno de los principales desafíos será mejorar la comunicación hacia la comunidad sobre el funcionamiento y las necesidades del hospital. “Falta comunicar lo que se hace, lo que pasa y lo que tenemos, que es buenísimo. Hay cosas que faltan y también hay quejas, pero muchas veces no se ve todo el trabajo que se realiza”, sostuvo. Además, planteó que el voluntariado podrá funcionar como nexo con otras asociaciones civiles de Rafaela.

Cómo sumarse y colaborar

El grupo mantiene abierta la posibilidad de incorporar nuevos integrantes. Según explicó Gramaglia, quienes quieran sumarse deben completar una ficha, abonar una cuota mensual —que durante este año es de 2.000 pesos— y, fundamentalmente, tener ganas y disponibilidad para colaborar.

Las tareas pueden incluir visitas a pacientes, clasificación de ropa, confección de elementos y distintas actividades de asistencia. También reciben donaciones de prendas y otros artículos en el anexo del hospital, ubicado en Paraná al 500, donde funciona el espacio identificado con un portón blanco y un timbre que indica “Voluntariado”. Las integrantes concurren habitualmente los martes y jueves, entre las 8 y las 10:30 u 11.

Tanto Gramaglia como Botto coincidieron en que la mayor recompensa de la tarea está en el vínculo que construyen con quienes reciben ayuda. “Cuando podés ayudarlos y ves la felicidad de ellos y cómo te lo agradecen, son mimos al alma”, expresó Vilma.

En esa misma línea, Nahuel destacó que muchas veces los pacientes no necesitan algo material, pero agradecen que alguien se acerque, converse y esté presente. Ese reconocimiento cotidiano es uno de los principales motores para continuar una labor que, después de 51 años, sigue creciendo y adaptándose a las necesidades del hospital y de toda la región.

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