Día del trabajador metalúrgico: el orgullo de hacer industria

Es el día de quienes transforman el metal en trabajo, el trabajo en progreso y el progreso en comunidad. Es el día del corazón industrial de nuestro país y de Rafaela. La industria metalúrgica no pide privilegios sino condiciones para poder competir y se valore el esfuerzo de producir en Argentina.

Por Graciela Acastello.- Cada 7 de septiembre, celebramos en Argentina el Día del Trabajador Metalúrgico. No es una fecha más en el calendario productivo. Es el día de quienes transforman el metal en trabajo, el trabajo en progreso y el progreso en comunidad. Es, en definitiva, el día del corazón industrial de nuestro país y, muy especialmente, de Rafaela.

Ser metalúrgico es mucho más que un oficio. Es una identidad. Es levantarse cada madrugada, entrar a una planta, ponerse el mameluco y saber que, con las manos, con la técnica y con el ingenio se está haciendo algo que antes no existía. Una pieza, una máquina, una autoparte, una estructura. Es el esfuerzo silencioso que sostiene a miles de familias y que ha hecho de nuestra región uno de los polos metalmecánicos más importantes de América Latina.

En Rafaela y la región, la metalurgia no es una estadística. Son nuestras pymes, muchas de ellas familiares, con 30, 40, 50 o más años de historia. Son los torneros, soldadores, matriceros, ingenieros, operarios y aprendices que aprendieron el oficio de sus padres y que hoy lo enseñan a sus hijos. Es un saber hacer que no se puede importar. Que, por el contrario, se construye, se cuida y se transmite de generación en generación. Ese es nuestro verdadero capital.


El esfuerzo de hoy en una realidad compleja

Homenajear hoy al trabajador metalúrgico también nos obliga a hablar de la realidad que lo rodea. Y esa realidad es exigente.

La industria metalúrgica argentina está atravesando uno de los momentos más desafiantes de los últimos años. A la caída de la actividad y del consumo interno, se suma la apertura importadora, el aumento de los costos energéticos y logísticos, la presión tributaria y la dificultad para acceder a financiamiento competitivo para producir y exportar.

Nuestras empresas están compitiendo con el mundo, muchas veces en condiciones desiguales. Sin embargo, siguen aquí: invirtiendo, sosteniendo el empleo, capacitando a su gente y apostando a la calidad. Ese es el esfuerzo que hoy queremos resaltar: el de seguir haciendo, incluso cuando el contexto no acompaña.

Cada puesto de trabajo que se sostiene en una pyme metalúrgica vale doble. Porque no es solo un salario. Es un arraigo. Es un joven que no tiene que irse a otra ciudad para tener futuro. Es un proveedor local que sigue trabajando. Es una escuela técnica que tiene sentido porque sus egresados tienen dónde aplicar lo aprendido.

Por eso, en este día, el reconocimiento no puede ser solo simbólico. Debe ser un compromiso. El compromiso de todos -sector público, privado y gremial- de trabajar por una agenda de competitividad real.

Necesitamos una agenda que baje costos logísticos, que garantice energía a precio competitivo, que simplifique y no asfixie, que premie al que produce y exporta valor agregado, que fomente la formación técnica y que defienda la industria nacional con reglas claras y justas.

La industria metalúrgica no pide privilegios. Pide condiciones para poder competir. Pide que se valore el esfuerzo de producir en Argentina.

Hoy, 7 de septiembre, desde la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Rafaela (CIMR), queremos decirles gracias. Gracias a cada trabajador metalúrgico por el orgullo, por la perseverancia y por la dignidad de hacer.

Ustedes son la prueba de que, a pesar de las crisis, la Argentina productiva sigue de pie. Y seguirá de pie mientras haya manos dispuestas a transformar el metal en futuro.

¡Feliz Día del Trabajador Metalúrgico!

La autora es presidente de CIMR

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