La paradoja de la economía de los números y la del bolsillo

Corregir desequilibrios fiscales, reducir la necesidad de emisión monetaria y recuperar la estabilidad son pasos importantes. Pero esos cambios no hacen que, de un día para el otro, aumenten los salarios, se recuperen las ventas o aparezcan nuevos puestos de trabajo. El desafío argentino es conseguir que la economía de los números y la del bolsillo, vayan para el mismo lado.

Por Guillermo Briggiler. Leemos los medios de comunicación, conversamos con amigos y conocidos y, por momentos, parecería que la economía argentina está mucho peor de lo que debería. Sin embargo, cuando uno se detiene a observar algunas variables económicas, encuentra señales que invitan a una mirada más optimista. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo puede ser que los números parezcan ir por un camino y la percepción de la gente por otro?

La respuesta es que ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Y entender por qué sucede es fundamental para interpretar el momento económico que estamos atravesando.

Lo primero que tenemos que hacer es dejar de pensar en la economía como una sola realidad. En verdad, existen distintas dimensiones que no siempre evolucionan al mismo ritmo. Una cosa es la macroeconomía, otra es la actividad productiva y otra, muy diferente, es la economía cotidiana de las familias.


La macroeconomía es la que aparece cuando hablamos del déficit fiscal, la emisión monetaria, la inflación, las reservas del Banco Central, el riesgo país o el tipo de cambio. Son variables fundamentales porque permiten evaluar si un país está corrigiendo sus desequilibrios y construyendo condiciones para crecer de manera sostenida.

Pero después está la economía real: las fábricas que producen, las empresas que invierten, los comercios que venden, los trabajadores que consiguen empleo y los emprendedores que se animan a poner en marcha un proyecto. Finalmente, está la economía del bolsillo: el sueldo que alcanza o no alcanza, las cuotas que vencen, el alquiler que hay que pagar y la posibilidad de llegar a fin de mes sin recurrir a la tarjeta de crédito.

El problema es que estas tres dimensiones económicas no necesariamente avanzan juntas.

Imaginemos una familia que durante años gastó más de lo que ganaba. Para recuperar su equilibrio financiero, deberá revisar sus gastos, reducir algunos consumos y ordenar sus cuentas. Al principio, probablemente sienta que vive peor, porque tiene que renunciar a cosas que antes podía comprar. Sin embargo, si consigue dejar de endeudarse y estabilizar sus finanzas, estará construyendo una situación más saludable para el futuro.

Con un país sucede algo parecido. Corregir desequilibrios fiscales, reducir la necesidad de emisión monetaria y recuperar la estabilidad son pasos importantes. Pero esos cambios no hacen que, de un día para el otro, aumenten los salarios, se recuperen las ventas o aparezcan nuevos puestos de trabajo.

La estabilidad es una condición necesaria para crecer de manera sostenida, pero no es suficiente para garantizar que todos estén mejor inmediatamente.

Y aquí aparece una de las claves para comprender la Argentina actual: ordenar la economía no es lo mismo que haber recuperado la economía.

También debemos entender que no todos los sectores productivos viven la misma realidad. Una actividad vinculada con las exportaciones, como la minería o el petróleo, puede crecer, atraer inversiones y generar dólares, mientras una fábrica que abastece al mercado interno enfrenta dificultades para competir. El campo puede tener una buena campaña y, al mismo tiempo, un comercio de indumentaria, una ferretería o un restaurante pueden vender menos.

¿Por qué? Porque los sectores exportadores dependen de factores diferentes de los que determinan el consumo de las familias. Un país puede aumentar sus exportaciones sin que ese crecimiento se traduzca inmediatamente en más ventas para el comercio de cada barrio.

Incluso el producto bruto interno, ese indicador que utilizamos para medir el tamaño de la economía, puede crecer sin que todos los habitantes experimenten una mejora equivalente en sus ingresos. Importa cuánto crece el país, pero también dónde se produce ese crecimiento, cuántos empleos genera y cómo se distribuyen sus beneficios.

Hay otra cuestión que suele generar confusión: que baje la inflación no significa que bajen los precios. Si un producto costaba diez mil pesos y pasó a costar trece mil, una desaceleración de la inflación significa que seguirá aumentando más lentamente, no que volverá automáticamente a su precio anterior.

Por eso, una familia puede escuchar que la inflación está bajando y, sin embargo, sentir que cada vez le cuesta más llegar a fin de mes. Si sus ingresos no acompañan el aumento acumulado de los precios, si debe afrontar tarifas más elevadas o si una parte creciente de su sueldo se destina al alquiler y a las cuotas, su situación seguirá siendo difícil.

No alcanza, entonces, con observar la inflación. También tenemos que mirar los salarios reales, el empleo, el consumo, el endeudamiento de las familias y la evolución de la actividad económica.

Si la economía consigue ordenar sus cuentas, recuperar la estabilidad y generar confianza, habrá construido una base importante. Pero el verdadero desafío será transformar esos avances en inversiones, producción, empleos y mejores ingresos. Si eso no ocurre, el orden macroeconómico quedará incompleto desde el punto de vista del bienestar de la sociedad.

Por eso, cuando leamos una noticia económica, conviene preguntarnos qué está midiendo, a quién afecta y qué nos dice sobre el conjunto del país. Ni todo está tan mal como puede sugerir una sucesión de malas noticias, ni todo está bien porque algunos indicadores hayan mejorado.

Y quizá la reflexión más importante sea esta: el éxito de un programa económico no debería medirse solamente por cuánto consigue ordenar las cuentas del Estado, sino también por cuánto logra mejorar, de manera sostenible, la vida de las personas.

Ese es el verdadero desafío argentino: conseguir que la economía de los números y la economía del bolsillo, que hoy parecen transitar caminos diferentes, finalmente se encuentren.
#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler.

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