Un techo contra el frío: cómo funciona el refugio de invierno de Rafaela

En artículos anteriores, hemos contado los detalles de la inauguración del nuevo refugio de invierno en la ciudad. En esta oportunidad, desde CASTELLANOS, dialogó con Lorena Meternich, coordinadora de la institución, y el Dr. Gabriel Cáceres, secretario de Desarrollo Humano y Salud de la ciudad; acerca de cómo viene funcionando el espacio, cuáles son sus principales demandas; y que estrategias llevaron adelante para asistir a los visitantes en estas semanas récord en bajas temperaturas.

Por Nicolás Bordón- En las últimas semanas, Rafaela registró las temperaturas más bajas del año. En este escenario, el refugio de invierno que funciona en la ciudad vuelve a cobrar una relevancia vital: se trata de un espacio de contención y abrigo destinado a personas en situación de calle, quienes enfrentan las noches más crudas en condiciones de extrema vulnerabilidad. Coordinar su funcionamiento implica no sólo ofrecer un techo, una comida caliente y una cama, sino también construir un punto de amparo en medio del frío social que muchas veces rodea a quienes quedaron por fuera de los márgenes del sistema.

La situación de calle, lejos de ser un fenómeno circunstancial o individual, debe entenderse como una forma extrema de exclusión social. Tal como plantea Loïc Wacquant en «Los condenados de la ciudad» (2001), el abandono de las Políticas Públicas estructurales y el avance de la lógica punitiva frente a la pobreza han contribuido a consolidar territorios del descarte, donde las personas que no encajan en la lógica productiva del mercado quedan expulsadas del sistema. En la misma línea, la antropóloga argentina Mercedes Minicelli, en su obra «Cartografías del abandono» (2022), señala que las personas en situación de calle no sólo experimentan una privación material, sino también una forma de desafiliación social, en la que se pierde el acceso a vínculos, derechos y reconocimiento. Estas formas de exclusión se profundizan en invierno, cuando el frío actúa como factor de riesgo mortal y exige una respuesta inmediata del Estado y de la sociedad. En este marco, los refugios funcionan como dispositivos mínimos de restitución del lazo social, al menos durante una noche.

La experiencia del refugio desde adentro

Para conocer en profundidad cómo se organiza el refugio, qué tipo de demandas se reciben y cuál es el trabajo cotidiano que implica sostener este espacio en condiciones tan adversas, dialogamos con su coordinadora.


En relación con las dinámicas generales del funcionamiento del espacio durante estos últimos fríos, Meternich sostuvo: «Desde su inauguración, el refugio viene teniendo mucha visibilidad, marcando una fuerte demanda e interés por conocer su funcionamiento tanto de personas que desean alojarse, como de la comunidad. Las bajas temperaturas han llevado a que las personas busquen el refugio como una opción para pasar la noche, pero también, en su ingreso voluntario se establece un compromiso muy lindo con el lugar».

Un lugar pensado para la contención y la asistencia a sectores vulnerables.

«Con respecto a las personas que han llegado por un lugar en estas últimas semanas, la situación ha mostrado mucha variedad. Por ello, fue necesario hacer una evaluación de cada situación con el acompañamiento necesario y destacando de que la presencialidad en el espacio es por la época invernal. Si bien todos los que ingresan al refugio han podido encontrar un lugar donde estar temporalmente, la cotidianeidad y permanencia a llevado a que puedan empezar a verse en otros lugares, trabajando codo a codo con el equipo de la institución. La calle es un ámbito donde las personas no pueden pensarse y se vuelve una rutina muy dura marcada por la alerta y el riesgo constante, sumado a que pone en juego otros códigos de supervivencia».

En este contexto, en relación con las motivaciones de los visitantes y las urgencias más notables del día a día; Meternich sostuvo: «El motivo principal de los visitantes, es poder tener un lugar donde pasar la noche dada las bajas temperaturas. Luego vemos que encuentran un espacio diferente, donde se los escucha, se los acompaña y a su vez, donde se da el puntapié a que a surjan múltiples demandas y necesidades, sobre todo de atención y/o cuidados. El equipo de trabajo acompaña fuertemente en las cuestiones de salud, siendo éste uno de los requisitos clave para el ingreso. Esto es muy importante ya que muchos de ellos, hace años que no tienen chequeos y/o controles; accediendo sólo en momentos de urgencia por medio de la guardia del hospital. En este sentido, el trabajo cotidiano del refugio es ofrecerles una llegada agradable, donde ellos puedan sentir que se los espera. Ingresan a partir de las 19:00 hs y muchos ya tienen su rutina armada; meriendan, mientras van preparando el lugar para bañarse, luego se bañan, y esperan la cena para finalmente ir a descansar. El algunos casos, por control, surge la demanda de esperar a las enfermeras para que controlen presión, antes del descanso».

Por otro lado, tanto el trabajo cotidiano de los equipos que sostienen el refugio, como las estrategias para articular recursos, resultan elementos clave para la sostenibilidad de la atención a todos los que se acercan. En este sentido, Meternich expresó: «Los desafíos son muchos porque hay mucha necesidad y la situación económica viene siendo compleja, más en la condición de la personas que viven en calle; donde los trabajos a los que tienen acceso en su mayoría, son temporales. Lo que notamos es que tienen interés de conseguir trabajos más estables, pero hay una enorme barrera social que los limita y perjudica en muchos casos».

En la misma dirección, a modo de mensaje para toda la comunidad, la referente se expidió sobre el estado actual de los recursos con los que cuenta el espacio, y también, sobre las formas a través de las cuales se puede colaborar. «Actualmente, estamos contando con todo lo necesario para que el refugio funcione. Todo ello es posible gracias al compromiso real por parte del estado local, de la mano de la Secretaría de Desarrollo Humano y Salud y la presencia y compromiso del Dr. Gabriel Cáceres; quien viene dando respuestas constantes a la problemática de personas en situación de calle. Creo que el aporte de la comunidad que necesitamos, es el apoyo para que estas personas tengan oportunidades de mejorar su condición de vida. Necesitan trabajar y tener ingresos estables que les permitan buscar un lugar donde vivir, para de esa forma, cambiar su situación de calle».

Una decisión de Estado

Por último, a modo de balance de estos últimos meses, el Dr. Gabriel Cáceres expresó: «Nosotros nos pusimos como objetivo que este dispositivo contenga y dé abrigo a aquellas personas que están en una situación de vulnerabilidad extrema; sin ningún tipo de proyecto de vida, sin ningún tipo de contacto con una familia o un núcleo afectivo; y venimos dando esa respuesta».

«Actualmente, el refugio tiene un 90% de ocupación, en promedio. En este escenario, el hecho de poner como condición un examen de salud nos permitió encontrar enfermedades como tuberculosis; posibilitando conectar a esas personas con el sistema de salud y contribuir a su internación en el hospital. Eso me parece muy importante recalcar. Antes de entrar, nosotros hacemos dos filtros que tienen que ver con un orden sanitario, con una visión en donde chequeamos que no haya ninguna enfermedad. Esto nos permitió descubrir algunas enfermedades (en teoría, ya olvidadas) producto de la malnutrición y producto de los problemas sociales que aquejan a estas personas. Por otro lado, en la entrevista con el grupo técnico que evalúa caso a caso, hemos alcanzado una concurrencia del 85%».

Con relación a las proyecciones de trabajo de corto plazo, Cáceres sostuvo: «Estamos en mitad del invierno y creemos que las temperaturas todavía van a seguir bajas, por lo menos un tiempo más. Independientemente de ello, estamos muy contentos de poder dar esta respuesta, que anteriormente no existía, por más que se critiquen un montón de cosas».

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