Mientras en Jesús María, se encienden los fogones, suenan las guitarras y el público aplaude la faena perfecta en el Festival Nacional de Doma y Folclore, en el resto del país se libra una doma distinta y mucho más compleja: la de una economía argentina que intenta, una vez más, encontrar equilibrio y rumbo.
En Jesús María se celebra al jinete que logra dominar al caballo más arisco, ese que se sacude, patea y pone a prueba cada reflejo. En la economía, el animal indócil es otro: inflación persistente, costos elevados, atraso de decisiones de inversión y expectativas que todavía no terminan de aquietarse. Y como bien saben los domadores, no alcanza con fuerza: hace falta técnica, paciencia y una estrategia clara.
Inflación: el caballo que no afloja
El jinete que gana en la pista es el que anticipa el movimiento del caballo y mantiene el eje aun cuando todo parece desbordarse. Algo similar ocurre hoy con la macroeconomía argentina: bajar la inflación es una condición necesaria, pero no suficiente. El desafío es lograr que los precios no solo frenen, sino que entren en un sendero previsible, donde familias y empresas puedan planificar sin sobresaltos.
Durante años, los argentinos aprendimos a vivir con un caballo que corcovea sin aviso. El mérito hoy está en no soltar las riendas a mitad del recorrido, aun cuando el proceso sea incómodo y demande tiempo.
La pista productiva: barro, obstáculos y resistencia
Para el sector productivo, la cancha sigue siendo exigente. En Córdoba, como en tantas provincias del interior, la agroindustria, las pymes industriales y los servicios ligados a la producción sienten cada movimiento de la economía real. Costos altos, presión impositiva, financiamiento escaso y un mercado interno todavía frágil hacen que la doma diaria sea más resistencia que espectáculo.
Sin embargo, como en el festival, el aplauso no es solo para el más fuerte, sino para el que mejor entiende el terreno. Allí aparece una oportunidad: menos inflación, reglas más claras y apertura inteligente pueden transformar una pista hostil en un espacio de competencia real.
Folclore, tradición y apertura
Jesús María no es solo destreza ecuestre; es identidad, trabajo y orgullo por lo propio. Esa misma lógica debería inspirar la política económica: defender la producción nacional no implica aislarla, sino darle condiciones para competir, invertir y crecer.
Abrirse al mundo, reducir costos y ganar mercados es parte de la doma moderna. No se trata de dejar suelto al caballo, sino de conducirlo con criterio, entendiendo su potencia y aprovechándola. La economía argentina necesita menos improvisación y más técnica, menos gritos y más coordinación.
La enseñanza del festival es clara: el buen jinete no humilla al animal ni se le cuelga con desesperación. Lo domina con equilibrio. La Argentina necesita exactamente eso: políticas firmes, previsibles y sostenidas, que no se asusten ante el primer corcoveo ni recaigan en viejos vicios.
Si logramos domar esta etapa —con disciplina fiscal, estabilidad monetaria y una apertura que potencie al interior productivo—, la economía puede salir de la pista entre aplausos. No por haber resistido, sino por haber aprendido, al fin, a conducir su propia fuerza.
#BuenaSaludFinanciera @Elcontadorb @GuilleBriggiler



