Hoy 13 de junio, como historiador, me llama la memoria, recordándome que estamos a horas de cumplirse un nuevo aniversario de uno de los hechos más memorables de la historia militar contemporánea argentina.
A la vez, como abogado, no puedo dejar de reconocer la «injusticia» de que gran parte de la sociedad argentina, aún no ha tomado cabal dimensión de la hazaña y el heroísmo de un puñado de hombres que se cubrieron de la más elevada e imperecedera gloria, poniéndose a la misma par de la admiración que nos provocan nuestros pilotos de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea.
Hoy, hace 43 años atrás, sobre la ladera oeste, en la pendiente occidental del Monte Tumbledown, una pequeña sección de infantes de marina liderados por el Teniente de Corbeta Carlos Daniel Vázquez (graduado en la promoción 106° de la ESNM) que conformaban la 4ta Sección de la Compañía Nácar del Quinto Batallón de Infantería de Marina, unos 37 hombres nada más, en absoluta inferioridad de condiciones lucharían con un valor denodado, logrando frenar el avance durante tres ocasiones de un batallón entero de Guardias Escoceses, de más de 500 hombres.
Fue tan grande el mérito de esa resistencia, que una vez finalizadas las hostilidades, el Comandante del BIM5, Capitán de Fragata Carlos Hugo Robacio, fue invitado a una reunión con los mandos británicos a comentar lo sucedido en Tumbledown, y el mismo nos cuenta en sus memorias que los británicos le decían: -«usted en ese sector destacó a todo un batallón». Éste sorprendido, les respondió: -«No, solamente era una sección». Los ingleses no podían creerlo, a tal punto que sonrojados de la vergüenza, le estrecharon la mano a Robacio, diciéndole: -«En la próxima guerra, tenemos que pelear juntos, no en contra».
Nobleza obliga a reconocer que los infantes de marina argentinos, lucharon palmo a palmo en un frente de 200 metros por 50 metros acompañados de 15 valientes hombres del Ejército Argentino, que en vez de replegarse luego de ser derrotados dos días antes, eligieron acompañar a su líder para luchar junto a él: otro de los grandes «leones» que las armas argentinas del siglo XX tuvieron el privilegio de tener: el Subteniente Oscar Augusto Silva.
No solamente en Monte Longdon se combatió encarnizadamente. Tumbledown fue escenario de una terrible batalla, donde también se calaron bayonetas. Y se luchó por interminables horas.
La resistencia que ofrecieron los Infantes Argentinos (de Marina y Ejército) fue objeto de la mayor admiración por el enemigo, que no dejaba de mencionar que «esos argentinos les habían hecho pagar un altísimo precio y habían sin lugar a dudas salvado el honor de las armas argentinas».
Es imperioso que la Cultura Argentina se ocupe de éste hecho y que de una buena vez comiencen a hacerse películas donde se exalte el honor y valentía de estos hombres.
Tenemos la principal «materia prima»: la historia verídica que así lo demuestra. Después de todo estamos constantemente invadidos de hazañas representativas del mundo occidental: desde los espartanos de Leónidas en las Termópilas, pasando por los defensores de la LZ Xray en la Aldea de La Drang en Vietnam en 1965, hasta los Rangers y Deltas de Mogadishu en Somalia en 1993, más que justo sería que los niños y jóvenes argentinos conozcan a Vázquez y los defensores de Tumbledown.
De modo que, algún día ellos puedan comprender que cuando nos hablen de «heroísmo», sus mentes y corazones sean capaces de discernir e ir más allá de las jugadas de Maradona y Messi en Mundiales de Fútbol y sepan que alguna vez existió una manifestación más elevada, pura y exelsa de entrega y heroísmo POR LA PATRIA, POR LA BANDERA Y POR EL CAMARADA.
Por Siempre en nuestra memoria, Vivan los Defensores de Tumbledown!
Gabriel Cordone.
A.O.R. GU (RNFS)
División Mike



