La historia de la Recova Ripamonti vuelve a poner en discusión el papel que desempeñaron las instituciones encargadas de proteger el patrimonio arquitectónico de Rafaela. Carlos Airaudo, arquitecto que participó en el desarrollo de uno de los proyectos destinados a recuperar el emblemático inmueble, realizó un análisis crítico sobre las decisiones que se tomaron a lo largo de los años y apuntó especialmente contra la actuación de la Comisión de Patrimonio de la ciudad.
En diálogo con Diario CASTELLANOS, el profesional remarcó la pérdida de buena parte de la estructura histórica, lo que a su entender no puede analizarse únicamente como consecuencia del paso del tiempo o de las dificultades que atravesó el proyecto privado. Por el contrario, consideró que existió una falta de planificación y de intervención de los organismos responsables de resguardar uno de los edificios más representativos de la historia local.
«Lo que debería haber hecho la Comisión de Patrimonio en su momento es ponerse en el medio entre el dueño, el sector público y la ciudadanía y haber hecho algo; pero nunca se hizo nada», sostuvo Airaudo, al cuestionar la ausencia de gestiones que permitieran encontrar una alternativa para conservar el inmueble.
Antes del proceso de expropiación, la Recova, junto con el área central donde se encontraban los Almacenes, había sido objeto de distintas propuestas de recuperación impulsadas desde el sector privado. Airaudo explicó que uno de los proyectos contemplaba la creación de un centro recreativo, con espacios destinados a un cine, bowling y otras actividades.
Sin embargo, aclaró que, más allá de las diferencias entre las propuestas, existía un criterio arquitectónico que se mantenía inalterable. La preservación del denominado Espacio Central, considerado uno de los sectores de mayor importancia histórica de la construcción.
«En los dos proyectos siempre se preservó el Espacio Central. Qué es lo que deberían haber mantenido», aseguró. Según explicó, ese espacio constituía el corazón de los antiguos almacenes Ripamonti. Allí se exhibían los productos y se producía el encuentro entre los colonos que llegaban a Rafaela para abastecerse de los insumos necesarios para sus actividades.
Su valor, por lo tanto, trascendía las características arquitectónicas. Era también un lugar estrechamente vinculado con la historia económica, comercial y social de la ciudad.
Desde esa perspectiva, Airaudo remarcó que la intención de los proyectos no era conservar únicamente la fachada del edificio, sino recuperar aquellos sectores que representaban su identidad y su funcionamiento original.
La preservación del espacio central, sostuvo, permitía mantener una conexión concreta con la historia de Rafaela y, al mismo tiempo, incorporar nuevos usos que garantizaran la continuidad del edificio.
La expropiación y una oportunidad perdida
Uno de los principales cuestionamientos del arquitecto está relacionado con el proceso de expropiación que atravesó el inmueble luego de que se interrumpiera el proyecto privado.
De acuerdo con su relato, las dificultades económicas que enfrentó el propietario derivaron en una intervención estatal que, en lugar de priorizar un acuerdo para garantizar la conservación del edificio, avanzó hacia su expropiación.
Airaudo puso especial énfasis en el tiempo que transcurrió entre el inicio de ese proceso y la efectiva toma de posesión por parte de los organismos estatales. Según indicó, fueron aproximadamente tres años durante los cuales no se adoptaron medidas suficientes para evitar el deterioro progresivo de la estructura. «En esos tres años, lo que hicieron fue que se caiga todo. ¿Me explico? Nunca priorizaron el tema de cómo mantener eso», cuestionó.
Para el arquitecto, una decisión de semejante magnitud debía contemplar no solamente el objetivo de recuperar el inmueble para la ciudad, sino también las consecuencias que podía generar el tiempo necesario para concretarla. Desde su mirada, la preservación patrimonial exigía anticiparse al deterioro y establecer mecanismos que permitieran garantizar la conservación de los sectores históricos mientras se resolvía la situación jurídica de la propiedad.
«Si vos querés preservar un edificio, querés preservar una obra, no podés hacerlo así, como se hizo», expresó. En ese sentido, consideró que la falta de previsión terminó por comprometer aquello que originalmente se buscaba proteger.
El cuestionamiento a la Comisión de Patrimonio
Las críticas de Airaudo no se limitan a las decisiones adoptadas en torno a la expropiación. El arquitecto también puso bajo la lupa el funcionamiento de la Comisión de Patrimonio de Rafaela, organismo al que atribuye una responsabilidad institucional en la falta de acciones para impulsar la conservación del inmueble.
A su entender, la Comisión debió asumir una participación en el conflicto, intervenir ante las autoridades y promover alternativas que evitaran la pérdida de los sectores de mayor valor histórico. «Justamente la Comisión de Patrimonio no hicieron nada para preservarlo», afirmó.
El profesional planteó, además, una contradicción entre los criterios de protección que se aplican a determinadas construcciones de la ciudad y lo ocurrido con la Recova Ripamonti. «Si vos no dejás tumbar una fachadita de una vivienda de la ciudad, donde quizás el valor patrimonial es insignificante en comparación con este edificio histórico de la ciudad, y dejaste tumbar eso, nunca te preocupaste», cuestionó.
Con esa comparación, Airaudo buscó señalar lo que considera una falta de coherencia en las políticas de protección arquitectónica local. Mientras algunas intervenciones sobre propiedades particulares encuentran restricciones vinculadas con su valor patrimonial, uno de los inmuebles históricos más significativos de Rafaela terminó perdiendo gran parte de su estructura original.
También aseguró que existen integrantes de la Comisión que, según su percepción, buscan desvincularse de las responsabilidades relacionadas con el deterioro del edificio.
«Hay gente de Comisión de Patrimonio que se está sacando el lazo encima, diciendo que eso estaba mal hecho, porque se tumbó todo, y no, no es así», finalizó.
La pregunta que deja planteada Airaudo no se limita a qué se construirá en el lugar, sino a por qué no se logró conservar aquello que los proyectos anteriores consideraban el corazón histórico del edificio y qué hicieron, durante esos años, quienes tenían la responsabilidad de promover su preservación.



