Durante su exposición en la Muestra Industrial «En el centro de todo», el economista analizó las transformaciones del escenario internacional y cuestionó la falta de dinamismo de la economía real. Reconoció avances en el ordenamiento macroeconómico, pero advirtió sobre la caída de la inversión, las dificultades de las pymes y la pérdida de empleo formal. También reclamó una estrategia productiva que permita agregar valor a los recursos naturales.
La distancia entre el orden económico y la producción
Al enfocar su análisis en la Argentina, Diego Coatz reconoció la existencia de condiciones externas favorables en el desempeño exportador y las perspectivas de sectores vinculados con los recursos naturales. Sin embargo, consideró que esas ventajas todavía no encuentran una correspondencia en la actividad industrial y comercial. «Hay tranquilidad financiera, cierta previsibilidad y más orden económico, pero eso no se traduce en la economía real», planteó, al advertir que la inversión continúa mostrando debilidad y que numerosos sectores productivos enfrentan dificultades para recuperar sus niveles de actividad.
El economista señaló que la expansión de actividades como la minería, la energía y el agro convive con un escenario considerablemente más complejo para la industria, el comercio y otros sectores vinculados con el mercado interno.
En particular, manifestó preocupación por la pérdida de empleo privado formal y el avance de actividades informales que incrementan la competencia sobre las empresas que cumplen con sus obligaciones laborales y tributarias.
Según explicó, las dificultades industriales responden a una combinación de demanda insuficiente, mayores costos medidos en dólares y presiones competitivas provenientes tanto de las importaciones como del contrabando.
Esta lectura encuentra un punto de contacto con los planteos de Karl Polanyi en «La gran transformación» (1944), donde analiza cómo el funcionamiento de los mercados se encuentra profundamente vinculado con las instituciones y las relaciones sociales. Desde esa perspectiva, la estabilidad de las variables económicas no garantiza por sí misma un desarrollo equilibrado si no existen mecanismos capaces de sostener la actividad productiva y proteger las condiciones de vida de la población.
El desafío de transformar los recursos en desarrollo
Frente a este escenario, Coatz sostuvo que la Argentina necesita avanzar hacia una segunda etapa de su política económica, orientada a recuperar el crédito, estimular la inversión y fortalecer la competitividad empresarial. «Hay que estabilizar para crecer y para generar empleo e inversión. Si no hay crecimiento y la inversión cae, a esta macro le falta un 50%», afirmó, al señalar que el ordenamiento económico debe convertirse en una plataforma para la expansión productiva.
Entre las prioridades mencionó el financiamiento de las pymes, la inversión en infraestructura y la necesidad de generar condiciones que permitan desarrollar proveedores industriales alrededor de los grandes proyectos energéticos y mineros.
Su planteo, también incorporó una advertencia sobre el riesgo de consolidar una economía concentrada exclusivamente en la extracción y exportación de materias primas, desaprovechando las posibilidades de generar conocimiento, tecnología y trabajo calificado.
En ese sentido, Coatz planteó que uno de los principales desafíos de la Argentina consiste en construir un entramado industrial capaz de aprovechar el potencial de sus recursos naturales. «Tenemos que encontrar cómo desarrollar un ecosistema de cadenas de valor alrededor de los recursos naturales», sostuvo, al destacar la importancia de integrar proveedores, incorporar tecnología y generar nuevas oportunidades productivas que permitan trascender la exportación de materias primas.
Para Coatz, la discusión sobre el futuro económico argentino no debería agotarse en la estabilidad financiera ni en el aprovechamiento de condiciones internacionales favorables. La verdadera transformación dependerá de la capacidad para convertir esas oportunidades en inversión, desarrollo industrial y empleo, integrando a las empresas nacionales en un entramado productivo más complejo y competitivo.



