El comercio rafaelino en medio de un escenario atravesado por el estancamiento y el deterioro salarial

Con miles de puestos de trabajo generados en la ciudad y la región, la actividad mercantil reafirma su rol como motor económico local pese al impacto negativo del bajo consumo. Cada Día del Empleado de Comercio representa una oportunidad para poner en valor el rol determinante que ejerce el sector mercantil dentro de la estructura económica de Rafaela y sus zonas de influencia. Como uno de los principales motores generadores de empleo privado de la ciudad, la actividad comercial no solo aporta dinamismo a la vida cotidiana de las familias, sino que impulsa de manera directa a la producción local, el transporte, los servicios y el desarrollo de la economía interna. Sin embargo, la conmemoración de este año encuentra a la actividad inmersa en un contexto complejo que enciende alarmas entre dirigentes gremiales, propietarios y empleados. El secretario general del Centro Empleados de Comercio de Rafaela y la Región, Juan Berca, trazó en Diario Castellanos hace un tiempo un panorama exhaustivo sobre el momento crítico que atraviesan los mostradores rafaelinos, advirtiendo una diferencia marcada con otros rubros primarios: «El tema comercial está bravo. Hay crecimiento en sectores como el agro o la minería, pero en el comercio, tanto minorista como mayorista, hay una crisis bastante importante. No hay venta, no hay precio, no hay nada». El eje central de la preocupación radica en la constante erosión del poder adquisitivo del salario, un factor que frena directamente la rotación de mercadería en los locales. De acuerdo con las mediciones del gremio, la canasta básica del sector alcanza los $1.526.000 -sin considerar el costo de un alquiler-, mientras que un haber inicial se ubica en el orden del millón de pesos, generando una brecha que ahoga el presupuesto familiar. A esto se le suman los contratiempos en el marco de las paritarias, donde Berca cuestionó el rol regulador del gobierno central: «Hay acuerdos entre partes y el Estado se mete y no los homologa.

Eso termina perjudicando al trabajador, que es quien siente el ajuste». La radiografía interna de las familias trabajadoras refleja esta tirantez económica a través de la solicitud recurrente de anticipos de sueldo para saldar gastos fijos e impuestos básicos.

Al mismo tiempo, el comportamiento del consumidor rafaelino mutó marcadamente hacia la supervivencia, concentrando casi la totalidad del gasto en la compra de alimentos de segundas o terceras marcas e hiriendo la rentabilidad de rubros clave como la indumentaria, el calzado y los materiales de construcción. Ante esto, la estrategia mercantil pasó a ser la venta inmediata y la reducción drástica de stock. Otro fenómeno que inquieta al sector de cara al futuro es la proliferación del trabajo no registrado y las fallas estructurales del sistema prestacional. En el ámbito mercantil regional, 4 de cada 10 trabajadores se desempeñan en la informalidad, un porcentaje que se eleva al 60% en el cuentapropismo. Sumado a la falta de crecimiento en la creación de nuevos puestos laborales y al déficit financiero que atraviesan las obras sociales sindicales por el desfasaje de aportes, el comercio local afronta una coyuntura delicada donde la recomposición de los ingresos populares se posiciona como la única vía para reactivar el engranaje productivo de la ciudad.


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