La sanción de la Ley 11.729 marcó un antes y un después en la protección social de los trabajadores y consolidó las bases de la legislación del trabajo en todo el país.
El Día del Empleado de Comercio tiene sus raíces en una de las conquistas sindicales y legislativas más trascendentales de la historia laboral argentina. La conmemoración remite al 26 de septiembre de 1934, fecha en la que promulgó la Ley N.º 11.729 bajo la presidencia de Agustín Pedro Justo. Impulsada por la entonces Federación Argentina de Empleados de Comercios, esta normativa reformó el Código de Comercio e introdujo por primera vez en el país derechos fundamentales como las vacaciones pagas, la indemnización por despido sin justa causa, la protección ante accidentes de trabajo y la licencia por enfermedad.
Aquel avance histórico sentó las bases del derecho del trabajo en la Argentina, transformando las condiciones operativas del sector mercantil. Décadas más tarde, en noviembre de 2009, el Congreso de la Nación ratificó el valor histórico de esta fecha mediante la sanción de la Ley N.º 26.541, que instituyó formalmente el 26 de septiembre como el Día del Empleado de Comercio, otorgándole el estatus de feriado nacional para todos los encuadrados en la actividad.
La legislación establece que durante esta jornada los trabajadores no están obligados a prestar tareas, asimilándose el descanso a las normas del descanso dominical. En los casos en que los empleadores requieran la presencia de sus colaboradores, la Ley de Contrato de Trabajo determina que se deberá abonar el doble de la remuneración habitual.
A través de acuerdos de autonomía colectiva entre la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS) y las cámaras empresarias del sector, la jornada de asueto suele trasladarse habitualmente al lunes más cercano a la fecha original. Esta modalidad organizativa permite conformar un fin de semana largo para el gremio más numeroso del país, garantizando el cese de actividades en supermercados, centros comerciales y locales minoristas en todo el territorio nacional.

De la libreta de fiado al comercio electrónico
La evolución del empleo en el sector comercial no solo estuvo marcada por la conquista de derechos laborales, sino también por una permanente transformación operativa impulsada por la tecnología y los cambios en los hábitos de consumo. Los trabajadores del sector pasaron de la atención personalizada detrás del mostrador tradicional y la anotación manual en libretas a gestionar sistemas integrados de gestión, códigos de barras, terminales de cobro digital y plataformas operativas en tiempo real.
En las últimas décadas, el auge del comercio electrónico, la venta omnicanal y la logística de última milla obligaron al empleado de comercio a desarrollar nuevas competencias profesionales. En la actualidad, los puestos de trabajo en el área requieren el dominio de herramientas de marketing digital, procesamiento de pedidos en plataformas web, atención remota al cliente mediante mensajería instantánea y el manejo de herramientas informáticas para el control de stock e inventarios.
Esta capacidad de adaptación también quedó demostrada ante coyunturas adversas y transformaciones del mercado, donde el personal mercantil asumió roles clave en la digitalización de la atención, la implementación de protocolos de seguridad y la logística de distribución. De este modo, la profesión reafirma su vigencia histórica, demostrando que la empatía, el conocimiento del producto y la capacitación constante continúan siendo el pilar fundamental que sostiene el intercambio comercial en cada comunidad.



