Los Juegos Suramericanos marcarán durante las próximas semanas la agenda de Rafaela. Sin embargo, detrás de la preparación para recibir a atletas y delegaciones de distintos países aparece un desafío que comenzará a cobrar mayor relevancia una vez finalizada la competencia: aprovechar la infraestructura construida y la experiencia adquirida para atraer nuevos acontecimientos.
Matías Frana, director del área de atención a los Comités Olímpicos Nacionales (CON), puso el acento en ese horizonte durante su diálogo con CASTELLANOS. Mientras la Villa Suramericana recibe a las primeras delegaciones y se completan los últimos detalles, consideró que una buena organización también puede convertirse en una carta de presentación para la ciudad.
“La idea es dejar a la ciudad lo mejor parada posible, pensando en futuros eventos que puedan llegar a venir a Rafaela”, afirmó.
Una infraestructura que abre nuevas posibilidades
La realización de Santa Fe 2026 dejó a Rafaela escenarios deportivos de características inéditas para la ciudad. Entre ellos aparecen el nuevo Velódromo cubierto y el Microestadio del Distrito Joven, además del complejo destinado al BMX Race, BMX Freestyle y skateboarding.
Para Frana, disponer de esos espacios abre una nueva etapa. Particularmente mencionó las posibilidades vinculadas al ciclismo a partir del Velódromo, uno de los dos cubiertos existentes en el país.
“Pensando en lo que pueda llegar a venir con el ciclismo, teniendo el Velódromo y estando cerca de todos, seguramente va a ser una oportunidad. Y después, con el Microestadio pueden venir otro tipo de espectáculos deportivos y culturales”, señaló.
La posibilidad de recibir nuevas competencias aparece así como una de las maneras de darle continuidad a una inversión que fue pensada no solamente para las dos semanas de competencia suramericana, sino también como infraestructura permanente para Rafaela.
El desafío después de los Juegos
Frana recordó además que la ciudad ya había comenzado a transitar este camino con experiencias deportivas anteriores, aunque Santa Fe 2026 representa un salto de escala por la cantidad de países, atletas y disciplinas involucradas.
La organización de un evento internacional de estas características supone también adquirir conocimientos en logística, atención de delegaciones, funcionamiento de escenarios y coordinación de numerosas áreas. Una experiencia que puede convertirse en otro activo a la hora de proyectar nuevas competencias.
A ello se suma el aprovechamiento cotidiano de los nuevos espacios. “Tenemos mucho para pensar en el deporte futuro, para que los clubes también lo aprovechen”, remarcó.
Toda la atención está puesta ahora en garantizar el desarrollo de los Juegos, pero el desafío para Rafaela tendrá una segunda parte: conseguir que la transformación generada por Santa Fe 2026 continúe una vez finalizada la competencia y convertir ese legado en nuevas oportunidades para la ciudad.



