Por Nicolás Bordón- Hay experiencias que, por su persistencia, dejan de ser individuales. Se vuelven visibles. Interpelan. Y, en algunos casos, logran algo todavía más infrecuente: transformarse en ley. Lo que comenzó con la dificultad cotidiana de subirse a un colectivo, hacer un trámite y desenvolverse sin ayuda en espacios públicos, encontró en la palabra de Candela Fernández un canal para convertirse en una demanda concreta de inclusión.
La joven rafaelina, estudiante y protagonista de este proceso, no habla desde la teoría. Su punto de partida es el cuerpo en el espacio. «El colectivo público era muy alto y me costó un montón subirme», cuenta. Pero esa escena no es aislada: se repite, con distintas formas, en cada ámbito de la vida diaria. «No puedo hacer trámites sola, entonces la mayoría de las veces tengo que ir acompañada»
De la experiencia individual a la construcción colectiva
El proyecto que hoy tiene media sanción en la Cámara de Diputados de Santa Fe no surgió en soledad. Candela lo construyó junto a sus compañeros de curso, en un proceso que ella misma define como profundamente significativo. «Este proceso fue muy lindo, estoy muy contenta de haber realizado este proyecto con mis compañeros, que la verdad son un pilar fundamental», señala, destacando también el acompañamiento de directivos y su familia.
En ese recorrido, hubo algo más que empatía: hubo comprensión. Sus compañeros investigaron, preguntaron y se involucraron en su día a día. «Se dieron cuenta de que no es fácil», sintetiza. Esa toma de conciencia es, en definitiva, uno de los primeros pasos para pensar la accesibilidad no como una concesión, sino como un derecho.
La dimensión colectiva del proyecto no sólo le dio forma, sino también legitimidad. Lo que se puso en discusión no fue un caso individual, sino una realidad compartida por muchas personas que, como Candela, enfrentan barreras físicas y simbólicas de manera constante.
El rol clave de Marcos Corach en la traducción política
Pero para que una experiencia se convierta en ley, necesita de un puente institucional. En este caso, ese rol fue asumido por el diputado provincial Marcos Corach, quien tomó el planteo surgido en el ámbito educativo y lo impulsó dentro de la Legislatura hasta lograr su media sanción.
La valoración de Candela sobre ese proceso no deja lugar a dudas: «Marcos es un genio, me he sentido re cómoda. Es una alegría tremenda que haya seguido con este proyecto», expresa con una mezcla de cercanía y gratitud.
Ese reconocimiento no es menor. En un contexto donde muchas demandas sociales quedan en el camino, la decisión de traducir una experiencia concreta en una iniciativa legislativa marca una diferencia sustancial. Corach no solo canalizó el reclamo, sino que lo sostuvo, lo desarrolló y lo llevó a un estadio de discusión política real.
Allí aparece una dimensión central del proceso: la política como herramienta de mediación entre lo vivido y lo transformable. Sin esa articulación, muchas historias quedarían en el plano del testimonio. Con ella, adquieren potencia normativa.
La accesibilidad como condición de igualdad real
Detrás del proyecto hay una idea que atraviesa todo el relato de Candela: la autonomía. La imposibilidad de desenvolverse sola en situaciones básicas no es sólo una incomodidad, sino una limitación concreta de derechos. «Implica un montón. Estar acompañado con alguien es muy engorroso», resume.
A eso se suma una dimensión muchas veces menos visible, pero igualmente determinante: la mirada social. «Muchas personas te juzgan por la apariencia», señala, poniendo en evidencia que la exclusión no es solo arquitectónica, sino también cultural.
En ese sentido, el proyecto apunta a algo más profundo que la adaptación de espacios: busca modificar las condiciones de posibilidad de la vida cotidiana. «Yo creo que gracias a este proyecto hay un poco más de igualdad donde antes no había», afirma con claridad.
No se trata sólo de una mejora puntual, sino de un cambio de paradigma: pasar de una igualdad formal, donde todos «pueden» acceder, a una igualdad efectiva, donde realmente puedan hacerlo.
Lo que viene: expectativas y mensaje
Con la media sanción ya obtenida, el proyecto avanza ahora hacia su tratamiento en el Senado. Candela sigue ese proceso con expectativa, pero también con una convicción que nace de su propia experiencia. «Tengo mucha fe», dice, y deja un mensaje que condensa el sentido de toda la iniciativa: «Que se pongan un poco en el lugar del otro, porque no es fácil el día a día».
En esa frase simple se resume una de las claves más profundas de la inclusión: la capacidad de traducir lo ajeno en propio, de comprender que las barreras no están en las personas, sino en los entornos que no las contemplan.
Candela ya hizo su parte. Su historia deja una enseñanza que excede el caso: cuando la experiencia encuentra escucha, y la escucha se convierte en acción, la política recupera su dimensión más valiosa. Esa que no sólo administra, sino que también, transforma.



