El vecinalismo define su rumbo en una elección clave para su autonomía

A días de renovar autoridades, la Federación de Entidades Vecinales enfrenta una disyuntiva de fondo: sostener un rol limitado y dependiente o avanzar hacia mayor autonomía, participación y capacidad de gestión.

En los quince próximos días, mientras se vayan descontando de a uno inexorablemente hasta el día de la elección de nuevas autoridades, los miembros de la Federación de Entidades Vecinales deberán  reflexionar por una vez seriamente sobre su propio futuro como gremio. Será inútil especular sobre el verdadero grado de capacitación y comprensión de los Presidentes Vecinales. Lo que hay es lo que se ve y lo que se decida determinará el camino y las opciones futuras del vecinalismo por mucho tiempo. Es una pulseada decisiva entre dos miradas que no son antagónicas pero sí de una escala y expectativas totalmente distintas.  

Un sector de los vecinalistas se encuentra cómodo con una gestión limitada a fiestas patronales, ferias de artesanos y comerciantes. Y con una economía limitada a sus propios recursos autogenerados con beneficencia, o alguna ocasional partida económica recibida del gobierno de turno a manera de dádiva como premio a «que se portan bien», mientras se les escamotea para otros menesteres de la política recursos genuinos originalmente destinados al vecinalismo.  Y cada vez que sea inevitable, trasladar tibiamente una queja por algún problema tan evidente que es ineludible, ya sea en seguridad, salud, educación u obras públicas y servicios. Y luego de esa acción, catártica y limitada a obtener alguna promesa de solución, volver a lo suyo. Otro sector en cambio ha despertado de una larga siesta y alertado por las acciones desplegadas por la conducción de la entidad durante el período que termina, pretende ni más ni menos que poner en práctica su potencialidad social y de gestión en pos de los objetivos que les trazan las Ordenanzas Vigentes desde hace más de 25 años y que nunca han alcanzado todavía. Todo esto matizado por la intervención improcedente de los gobiernos de turno, algunos con mayor dedicación que  otros. Que infiltran los intereses políticos partidarios y corrompen la pasión del altruismo vecinalista trocándola por ambición personal en no pocos vecinalistas. Así, mediante el clientelismo, la dádiva y todo tipo de favores que en definitiva son económicos y personales coopta dirigentes y a través de ellos vecinales  enteras al servicio de las ambiciones políticas del poder. Un poder que tampoco vacila en ejercer todo tipo de presiones, ya sea  sobre los mercenarios con promesas de favores, como sobre los débiles por razones socioeconómicas y culturales. Que financia con sólo una parte de lo que por derecho debiera haberles dado sin otra condición que la acción social bien entendida y el compromiso participativo tras los objetivos de las ordenanzas. En esa situación todos ganan, excepto el vecino que debería ser el beneficiario verdadero y destinatario legítimo de todo. El sector que va entendiendo lentamente sus derechos y su potencialidad avizora no sin dificultades pero cada vez más claramente conquistas como autonomía, independencia económica de la discrecionalidad de los funcionarios, Ordenanzas actualizadas, encuadramiento jurídico y contable alejado de la improvisación e irregularidad imperantes hasta ahora y participación activa en las decisiones y control de la obra pública. Una perspectiva que horroriza al establishment del poder. Y por eso espolea, complementa y organiza en las sombras una alternativa política en el vecinalismo que no les moleste más que para algún entretenimiento masivo y que si es necesario, y porqué no, les allane un año electoral de mínima sin sobresaltos y si se puede acercando todos los votos posibles. En definitiva, para bien o para mal los vecinalistas están librados a la suerte de su propia decisión, sea propia o condicionada por oportunistas externos. Corre tiempo de descuento. Hay sólo dos opciones. Una es volver al confort engañoso, al uso y costumbre como convidados de piedra del poder de turno, y la otra es evolucionar. Más exigente y desafiante, pero definitivamente más valedera y constructiva en términos de evolución institucional.    

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