El día después

La pelota está en la cancha de la política. Y las elecciones de ayer son apenas el comienzo de un partido mucho más largo y complejo. La gran pregunta es si los actores políticos estarán a la altura de las circunstancias. 

Ayer fueron las elecciones y ahora, sin dilaciones debemos ponernos manos a la obra otra vez. Con una mezcla esperanza y preocupación, pero con el acuerdo con EE.UU. que despeja incertidumbre y el resultado electoral puesto se debe definir la hoja de ruta concreta para las reformas estructurales que el país necesita. Las cuatro prioridades son evidentes: definir el futuro del dólar y el esquema cambiario, reactivar la actividad económica, concretar la ayuda financiera prometida por Estados Unidos, y construir los acuerdos políticos que hagan viables las reformas laboral, tributaria e impositiva. La ausencia de diálogo entre el Gobierno, la oposición y los gobernadores provinciales complica el panorama. Las reformas que el empresariado reclama no se aprueban con adhesiones parciales: necesitan una construcción política mucho más amplia.  

La volatilidad del dólar domina las conversaciones en el sector privado. La presión sobre el tipo de cambio refleja un problema político más que técnico: el Gobierno generó tensiones en el mercado con decisiones que podrían haberse evitado. La pregunta que todos se hacen es si después de las elecciones habrá un ajuste cambiario. Los rumores sitúan una eventual corrección entre los 1.700 y 1.800 pesos. Pero el oficialismo insiste en que el esquema de bandas no se modificará, pero el mercado demanda señales más contundentes. El fortalecimiento de las reservas del Banco Central es urgente, y aquí es donde entra en juego el respaldo estadounidense, que generó expectativas enormes pero aún carece de definición concreta.  

El secretario del Tesoro Scott Bessent anunció un paquete de ayuda que podría alcanzar los 40.000 millones de dólares: un swap de monedas por 20.000 millones más una línea de crédito del sector privado por otros 20.000 millones, con participación de JP Morgan, Bank of America, Goldman Sachs y Citigroup. El respaldo es condicional: Argentina debe continuar con sus políticas actuales. El problema es que los anuncios no se tradujeron en medidas concretas, y el mercado reaccionó con escepticismo. El condicionamiento electoral explícito de Trump añade presión sobre un oficialismo que enfrenta un escenario que se despejó en las urnas. Además, el auxilio financiero está vinculado a una agenda geopolítica más amplia: Estados Unidos espera que Argentina reduzca la presencia china en proyectos estratégicos.  


El sector privado está dispuesto a competir e innovar, pero necesita reglas claras. Es inadmisible que la economía argentina tiemble cada dos años por un proceso electoral y la irresponsabilidad de sus actores políticos. Las reformas estructurales son urgentes, pero deben discutirse entre Nación y provincias.  

Los gobernadores dialoguistas lo tienen claro: el equilibrio fiscal no alcanza. Se necesita una reforma fiscal integral atada a una revisión de la coparticipación y los impuestos al trabajo. Hay al menos una docena de gobernadores dispuestos a apoyar estas reformas, pero el Gobierno debe ampliar su base de alianzas después de las elecciones. Sin construcción política, las reformas laboral e impositiva no avanzarán en el Congreso.  

Mientras el sector financiero celebra la baja de la inflación y el orden fiscal, los industriales expresan preocupación por la caída de la actividad y las ventas. Las tasas de interés son un problema y en el consumo masivo se nota que el bolsillo de los argentinos no mejora. La promesa oficial es que después de octubre todo se acomodará, pero el escepticismo es considerable.  

La brecha entre optimismo financiero y pesimismo productivo es la gran tensión del momento. Las empresas vinculadas al mercado interno sufren la recesión, mientras que las exportadoras miran con expectativa el eventual apoyo estadounidense. Pero cualquier ayuda externa solo impulsará inversiones si se logra convertir esa oportunidad en condiciones duraderas: menor presión fiscal, mayor seguridad jurídica y mejor funcionamiento del mercado de trabajo.  

El sector privado está dispuesto a jugar el partido, pero necesita conocer las reglas de juego. Y sobre todo, necesita que esas reglas no cambien cada dos años por el capricho de un resultado electoral. La pelota está en la cancha de la política. Y las elecciones de ayer son apenas el comienzo de un partido mucho más largo y complejo. La gran pregunta es si los actores políticos estarán a la altura de las circunstancias.  

#BuenaSaludFinanciera  @ElcontadorB  @GuilleBriggiler  

 

 

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