Por Nicolás Bordón.- El campo argentino tiene momentos que se graban en la piel de sus protagonistas. Uno de ellos fue el largo y desgastante conflicto por la Resolución 125, que discutía (entre otras cosas) el nivel de retenciones a la exportación. En aquel entonces, para quienes tenían poco más de veinte años, el enfrentamiento con el Estado fue, como señala el sociólogo Pierre Bourdieu en «La distinción. Criterio y bases sociales del gusto» (1979), una instancia de acumulación de capital simbólico; es decir, un aprendizaje colectivo que moldeó identidades y reforzó la pertenencia a un grupo social.
Leonardo Alassia pertenece a esa generación. Desde entonces, la política agropecuaria dejó de ser una discusión lejana para transformarse en un hecho cotidiano que definía su vida universitaria, familiar y laboral. Ese curso acelerado de dirigencia rural, como él mismo lo describe, fue el germen de un compromiso que hoy encuentra su plenitud al frente de la Sociedad Rural de Rafaela.
Liderar desde la experiencia
La presidencia de Leonardo Alassia es el resultado de un proceso de paciencia y compromiso con la institución. Desde aquel primer ingreso como colaborador en la Expo 2005 (pasando por los años de participación juvenil en la vida gremial, hasta la asunción de responsabilidades mayores en 2020), su recorrido muestra que el liderazgo rural no se improvisa; sino que por el contrario, se construye en el tiempo, con raíces familiares, aprendizajes colectivos y la disposición a asumir responsabilidades que afectan a toda la comunidad.
Ese trayecto, nutrido por la experiencia del citado conflicto histórico de la 125, lo llevó a comprender que la dirigencia agropecuaria no se agota en la protesta, sino que exige una vocación sostenida de representación y de construcción de consensos. «Ponerse la camiseta», como él mismo define, significa aceptar que el dirigente rural debe involucrarse en los debates más complejos, defender intereses sectoriales y, al mismo tiempo, generar puentes de diálogo con otros actores sociales y políticos.
En su gestión actual, la Sociedad Rural de Rafaela aparece fortalecida en dos planos. Hacia adentro, Alassia insiste en que la identificación emocional con la institución es tan importante como la capacidad técnica o empresarial. Esta convicción se vincula con la ética de la responsabilidad que Max Weber describe en «Economía y sociedad» (1922) que implica actuar con conciencia sobre el impacto que cada decisión dirigencial puede tener sobre la comunidad propia. Hacia afuera, su liderazgo ha consolidado un diálogo fluído con los gobiernos provincial y nacional, lo que ha permitido incidir en decisiones concretas como la corrección de retenciones para la actividad y la búsqueda de mayor previsibilidad para los productores.
A este entramado, se suma una mirada estratégica sobre las limitaciones estructurales del sector. Para Alassia, la presión impositiva y la falta de infraestructura adecuada son los principales obstáculos para que el campo despliegue todo su potencial. Su planteo conecta con lo que Anthony Giddens plantea en «La constitución de la sociedad: bases para la teoría de la estructuración» (1984). Allí, Giddens analiza cómo las restricciones estructurales condicionan la acción de los actores, pero también cómo estos pueden transformarlas mediante la acción organizada. Así, reclamar una reforma fiscal o un plan de caminos rurales no aparece como un gesto corporativo, sino como la búsqueda de condiciones de desarrollo para toda la región.
En esta síntesis, se resume su estilo de conducción como la alquimia justa entre tradición familiar, aprendizaje generacional y gestión activa. Como sostiene Alain Touraine en «¿Podremos vivir juntos?» (1997), el dirigente contemporáneo debe articular memoria y proyecto, raíces e innovación. Ese es el equilibrio que Alassia intenta alcanzar desde la Sociedad Rural de Rafaela, al ser guardián de una historia cargada de identidad y al mismo tiempo, arquitecto de un futuro posible para la producción y la comunidad.

Mirando hacia la Expo Rural 2025
El horizonte más inmediato es la Expo Rural 2025, que se realizará del 18 al 21 de septiembre. Con la proyección de un predio colmado, nueve cabañas confirmadas para la jura holando y la participación de un jurado internacional integrado por el especialista Emanuelle Baillana (Cerdeña). Durante los cuatro días habrá charlas técnicas, espectáculos diarios y remates de jerarquía; incluidos el clásico remate del viernes y el segundo «remate de estrellas», con entrega de premios para los mejores ejemplares.
Más que una vidriera, la Expo es símbolo de continuidad y proyección. José Nun lo explica en «Ciudadanía y democracia» (2003), argumentando que una institución se sostiene en el tiempo cuando logra mantener, al mismo tiempo, legitimidad social y capacidad de representación. Para Alassia, la Expo es la muestra tangible de que el campo puede dialogar con la sociedad, proyectar innovación y reafirmar su rol central en la región.



