Desde la asunción de Javier Milei como presidente de la Nación en diciembre de 2023, la Argentina transita una de las transformaciones económicas más profundas desde la convertibilidad. Con un diagnóstico contundente: la madre de todos los problemas es el déficit fiscal, el gobierno nacional puso en marcha un ambicioso plan de ajuste, estabilización y reforma estructural.
El modelo económico que encabezan se basa en cinco pilares: déficit cero, reforma monetaria, desregulación, sinceramiento de precios y apertura al mercado. ¿Qué significa esto en la práctica? ¿Cómo impacta en la vida de los argentinos? ¿Qué resultados muestra y cuáles son sus límites?
Ajuste fiscal sin anestesia. El primer paso del nuevo rumbo económico fue el ajuste fiscal. Milei lo llamó “la motosierra”, y su ejecución recayó sobre Caputo. El objetivo: alcanzar el déficit cero, es decir, que el Estado no gaste más de lo que recauda. Para ello, se implementaron medidas drásticas: paralización de la obra pública, despidos en el Estado, baja de subsidios y transferencia cero a las provincias. A eso se sumó una licuación de jubilaciones y salarios públicos a través de la inflación, que si bien es cada vez más baja, sigue afectando los salarios públicos congelados.
Gracias a este combo, el gobierno logró algo inédito en más de una década: un superávit financiero durante seis meses consecutivos. La contracara fue una recesión que impacta de lleno en el consumo, la producción y el empleo.
Disciplina monetaria: emisión cero y dólar tranquilo. El segundo pilar del modelo es la política monetaria. Milei prohibió la emisión de pesos para financiar al Tesoro. Se frenó la “maquinita”, y el Banco Central quedó prácticamente inmovilizado. El tipo de cambio oficial se devaluó más del 100% en diciembre y, desde entonces, se mueve a un ritmo del 2% mensual, muy por debajo de la inflación. El resultado: el dólar quedó estable, pero con un tipo de cambio atrasado en términos reales. Mientras tanto, la inflación comenzó a desacelerarse. Desregulación y reformas estructurales. El tercer eje, comandado por Federico Sturzenegger, es la desregulación de la economía. Derogaron cientos de normas, incluyendo la Ley de Alquileres, controles de precios y restricciones al comercio. Se habilita la privatización de empresas públicas, se intenta modificar el régimen laboral, buscando impulsar una agenda de reformas profundas orientadas a achicar el Estado, abrir mercados y eliminar trabas para el capital privado.
Sinceramiento de precios. El modelo también propone corregir los precios relativos de la economía. Se eliminaron o redujeron muchos subsidios a la energía, el transporte y otros servicios públicos. También se liberaron precios como el de los combustibles y las prepagas, aunque algunas de estas medidas fueron revisadas por el propio gobierno ante el impacto social.
El modelo posee ciertas fortalezas. Disciplina fiscal inédita: se frenó la emisión monetaria y se alcanzó superávit primario y financiero. Estabilización cambiaria: el dólar oficial permanece estable desde diciembre. Inflación a la baja: tras el pico inicial, los precios muestran una tendencia descendente. Reducción del riesgo país y mejora de la expectativa de inversores. Y un marco legal promercado: con la Ley Bases y el DNU, el gobierno busca dar previsibilidad y reglas claras.
Pero también tiene ciertas debilidades y desafíos. Argentina atraviesa una recesión profunda, con una caída del PBI superior al 5% interanual, impulsada por un severo ajuste fiscal y monetario que afecta el consumo, el empleo y la inversión. La pobreza trepó y según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, más del 50% de la población vive bajo estrés económico, lo que significa que más de la mitad de los argentinos no logra cubrir una canasta básica. El INDEC, manifiesta que la pobreza disminuyó, pero alcanza el 31.7% de la población.
Desde marzo, el Gobierno mantiene un “crawlingpeg” de 2% mensual en el tipo de cambio oficial, mientras que la inflación mensual supera ese valor. Esto genera un atraso cambiario, lo que afecta la competitividad de las exportaciones y empieza a generar tensiones en el frente externo.
Pero Milei sostiene que el modelo tiene un horizonte de largo plazo. Habla de un “plan de 40 años” y no duda en afirmar que “el ajuste ya fue hecho”. El equipo económico apuesta a que, con la estabilización lograda y la reforma en marcha, llegue una nueva etapa: la recuperación.
El congelamiento del país es exitoso, se enfrían precios, se congelan salarios y la escarcha en Rafaela es una repetición de cada mañana, a la espera de la llegada de la primavera, con un sol más fuerte, las esperadas inversiones que empujen al crecimiento y al empleo.
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