El automovilismo argentino vive momentos de profundo pesar por el fallecimiento de Jorge «Nene» Ternengo, una de las figuras más emblemáticas del deporte motor en las décadas de 1960 y 1970. A sus 88 años, Ternengo deja un legado imborrable no sólo por sus logros en las pistas, sino también por haber sido un referente cultural y deportivo de la región santafesina.
Ternengo, nacido el 26 de noviembre de 1935 en Cosquín, Córdoba, llegó a Rafaela a los nueve años, ciudad que adoptó como propia y que también lo consideró uno de sus hijos más ilustres. En 1953, Rafaela inauguró su autódromo, un circuito que, con sus 4.642 metros, superó en extensión al icónico óvalo de Indianápolis, y allí comenzó a forjarse la leyenda del «Nene».
Ternengo inició su carrera en el motociclismo, destacándose en competencias zonales antes de dar el salto al plano nacional en la extinta Fórmula 1 Mecánica Argentina. Este campeonato lo catapultó a la fama, en particular gracias a sus memorables actuaciones en las «500 Millas de Rafaela». Su consagración llegó en 1969, cuando obtuvo el título nacional con el Bravi-Tornado, acumulando 33 puntos y superando a grandes rivales como Víctor Plá y Nasif Estéfano.
En paralelo, Ternengo también hizo historia en el Turismo Carretera, integrando el icónico equipo oficial Torino en 1967. Bajo la dirección del legendario Oreste Berta, compartió equipo con Eduardo Copello y Héctor Gradassi, formando el trío conocido como «La CGT». Con el Torino 380 W, logró dos victorias y cinco podios en su primera temporada, revolucionando la categoría y dejando su huella en una época dorada del automovilismo.
Un referente en Rafaela
Aunque su trayectoria incluyó circuitos de todo el país, Rafaela siempre fue su hogar y el lugar donde se cimentó su legado. Más allá de los trofeos y los campeonatos, Ternengo simbolizó el espíritu competitivo y la pasión por el automovilismo que caracteriza a la ciudad.
Con el paso de los años, su figura trascendió lo deportivo. En Rafaela, su nombre se convirtió en sinónimo de perseverancia y excelencia. Fue ejemplo e inspiración para generaciones de pilotos y aficionados al deporte motor.
El recuerdo de un campeón
En su carrera, Ternengo logró un total de cinco victorias y 16 podios en la Fórmula 1 Mecánica Argentina, además de dos victorias y siete podios en el Turismo Carretera. Sin embargo, su verdadero legado radica en haber formado parte de una era dorada del automovilismo, junto a una generación de pilotos que marcaron un antes y un después en la historia del deporte nacional.
El automovilismo argentino despide a uno de sus grandes. Jorge Ternengo, el «Nene», deja un vacío inmenso, pero también el recuerdo de un hombre que supo representar con orgullo a Rafaela y llevar el nombre de la ciudad a lo más alto. Su historia vivirá por siempre en el corazón de quiénes lo vieron correr, en las anécdotas que compartió con sus colegas y en cada vuelta que dio en la pista.
Nos dejó Fortunato Nari, dueño de un legado imborrable
El domingo pasado se apagó la vida de Fortunato Nari, una figura que dejó una huella profunda en la cultura de Rafaela y la región. Su partida llenó de tristeza a toda la comunidad, pero también dejó un legado luminoso que vivirá por siempre en su obra y su contribución al arte y las letras.
Fortunato había nacido el 22 de abril de 1932 en Monte Oscuridad. Su camino lo llevó primero a cursar los estudios primarios en una escuela rural y luego en la Escuela N° 559 de Suardi. Su formación secundaria, de orientación contable, la inició en Suardi y la culminó en la Escuela 25 de Mayo de Rafaela. A pesar de los modestos recursos que lo rodeaban en su infancia, pronto descubrió su amor por la literatura, un camino que comenzó al enamorarse de los libros y dar forma a sus primeros cuentos.
«Me presenté en dos concursos y gané los dos», recordaba con orgullo Fortunato sobre sus primeros pasos en las letras. Reconocía que fueron sus amigos sabios quienes lo estimularon a seguir creando. Ese impulso lo llevó a explorar diversos géneros, desde el cuento y la poesía hasta el teatro. Entre sus obras teatrales más destacadas se encuentran «La tierra está» y «El Habitante», que le valieron reconocimientos nacionales e internacionales.
En su juventud, Fortunato combinó su vocación docente con el trabajo como tenedor de libros en una empresa radicada en Roca. Fue entonces cuando conoció a Gladys, su gran amor y compañera de vida, con quien se casó en 1955 y tuvo dos hijas: Gabriela y Alba.
La pasión de Nari por las letras lo llevó a integrarse a una generación de escritores rafaelinos que marcó una época. Fundó «Escritores Rafaelinos Agrupados», un espacio que dio visibilidad a la creación literaria local. Entre sus contemporáneos y amigos se contaron grandes nombres como Lermo Rafael Balbi, Mario Vecchioli, José Pedroni y Elda Massoni.
Pero Fortunato no se limitó al mundo literario. También se desempeñó como Secretario de Cultura de Rafaela y como director de LT 28 Radio Rafaela, dejando su impronta en el ámbito público y en los medios de comunicación. A lo largo de su vida, publicó 20 libros y dejó otros cinco sin publicar, además de ser reconocido con distinciones como la «Orden del Tornillo», otorgada por el icónico pintor Quinquela Martín.



