Este 11 de febrero fue la fiesta de la bienaventurada Virgen de Lourdes, donde la Iglesia celebró también la XXXI Jornada Mundial del Enfermo. El lema que nos acompaña para la Jornada de este año es: «Cuida de él. La compasión como ejercicio sinodal de sanación».
En nuestra ciudad, la misa del sábado a la tarde noche fue presidida por el obispo diocesano Pedro Javier Torres, oficiada afuera de la capilla de Lourdes, ubicada frente a la Placita Honda del barrio San Martín, ante un buen marco de público.
En la misa se encomendó especialmente a los enfermos. También se rezó por sus familias, por todos los trabajadores de la salud y en la oportunidad se acercaron al altar todas las intenciones que muchísima gente ha querido presentar al Señor de la vida. Además, acompañaron integrantes de la comunidad del Colegio Misericordia con la imagen de Santa María Josefa Rosello.
Recordemos que este 11 de febrero se celebró en la Iglesia Católica universal el día de la Virgen de Lourdes, en conmemoración de la primera aparición de la Madre de Dios a la joven francesa Bernadette Soubirous en 1858, en la cual María se presentó como «la Inmaculada Concepción». Posteriormente siguió manifestándose durante 18 encuentros más.
Nuestra Señora de Lourdes tiene una tradición arraigada de milagros atribuidos a su intercesión de sanaciones de problemas de salud y en favor de personas desahuciadas, por lo que es la patrona de los enfermos.
En las sucesivas apariciones a Bernardita, la Virgen le pidió penitencia, oración por los pecadores y rezó el rosario con ella además de expresarle su deseo de que en la gruta se erigiera una capilla, donde actualmente se encuentra el famoso santuario de Lourdes, ubicado al suroeste de Francia.
En su mensaje, el Papa Francisco expresó que «este 11 de febrero miremos también al santuario de Lourdes como una profecía, una lección que se encomienda a la Iglesia en el corazón de la modernidad. No vale solamente lo que funciona, ni cuentan solamente los que producen. Las personas enfermas están en el centro del pueblo de Dios, que avanza con ellos como profecía de una humanidad en la que todos son valiosos y nadie debe ser descartado».
Sobre la jornada mundial del enfermo, dijo: «La enfermedad forma parte de nuestra experiencia humana. Pero, si se vive en el aislamiento y en el abandono, si no va acompañada del cuidado y de la compasión, puede llegar a ser inhumana. Cuando caminamos juntos, es normal que alguien se sienta mal, que tenga que detenerse debido al cansancio o por algún contratiempo. Es ahí, en esos momentos, cuando podemos ver cómo estamos caminando: si realmente caminamos juntos, o si vamos por el mismo camino pero cada uno lo hace por su cuenta, velando por sus propios intereses y dejando que los demás ‘se las arreglen’. Por eso, en esta XXXI Jornada Mundial del Enfermo, en pleno camino sinodal, los invito a reflexionar sobre el hecho de que es precisamente a través de la experiencia de la fragilidad y de la enfermedad, como podemos aprender a caminar juntos según el estilo de Dios, que es cercanía, compasión y ternura».


