“Estos hermanamientos nos recuerdan la vocación universal a la fraternidad”

Destacó el párroco Alejandro Mugna en la homilía durante el 145º aniversario de fundación-formación de Rafaela, ante la presencia de autoridades. La celebración incluyó una memoria agradecida de los 31 años de consagración de la Catedral realizada por el obispo Héctor Romero en 1995. Pidió a Dios para que los argentinos “busquemos con nuestras fuerzas el bien común”.

En el marco de los actos celebratorios por el 145º aniversario de fundación-formación de Rafaela, este sábado a la tardecita fue celebrada la misa en honor al santo patrono San Rafael arcángel en la Catedral, presidida por el párroco Alejandro Mugna y concelebrada por Alexis Cardo (vicario).

Asistieron el intendente Leonardo Viotti; el alcalde de Sigmaringendorf Dominik Mattes; el alcalde emérito Alois Henne (firmó la hermandad en 1981 con el intendente Juan Carlos Borio); el senador provincial por el departamento Castellanos Alcides Calvo; los concejales Mabel Fossatti (presidente), María Paz Caruso, Juan Scavino, Milagros Zafra, Carla Boidi, Lisandro Mársico y Juan Senn; el ex intendente Luis Castellano; el ex concejal Luis Telesco; integrantes de las delegaciones Sigmaringendorf y de Fossano sin representación oficial; entre otros.

Durante la homilía, Mugna expresó que “la figura de San Rafael, que preside nuestra Iglesia Catedral, nos invita a descubrir la presencia amorosa de Dios, que acompaña nuestra vida personal y comunitaria. Rafael, cuyo nombre significa ´medicina de Dios´, es quién vive ante la gloria del Señor y permanece en su presencia; al mismo tiempo, como lo revela el Libro de Tobías, es quien intercede por nosotros y acoge nuestras peticiones.


Y agregó: “en esta eucaristía que estamos celebrando hacemos memoria agradecida de los 31 años de consagración de este templo, realizada por Héctor Romero (entonces obispo diocesano) el 24 de octubre de 1995, y muy especialmente damos gracias por los 145 años de la formación de Rafaela, por su historia forjada con esfuerzo, sacrificio y compromiso cargado de esperanza”.

En este contexto, “celebramos la presencia de las comunidades hermanas de Carcabuey, Sigmaringendorf y Fossano; estos hermanamientos, que se fueron plasmando en distintos momentos de la historia rafaelina, son expresión de una riquísima fusión de culturas, costumbres y valores que fueron forjando un ´modo de ser´ que identifica a los habitantes de esta ciudad”.
“La fe y la cultura -continuó-, que los inmigrantes abrazaban como una valiosa herencia, debió encarnarse en una realidad nueva y fusionarse pacientemente entre sí, y sin desconocer a los pocos habitantes que estaban dispersos en estas tierra, muchos de ellos descendientes de los pueblos originarios que habitaban al oeste del río Salado, y de los criollos que trabajaban en las grandes extensiones de campo; a ellos el evangelio les había llegado, principalmente por las misiones franciscanas en la zona y a lo largo del territorio. Una experiencia exigente, pero fecunda”.

Estos hermanamientos “nos recuerdan la vocación universal del ser humano a la fraternidad. Al respecto, nos decía el recordado papa Francisco: ´Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad… una fraternidad real donde la diversidad sea una riqueza y no un motivo de división´ (cfr. FT 8). La presencia de ustedes es para todos nosotros un motivo de acción de gracias y, al mismo tiempo, un renovado compromiso de fraternidad”.

En otra parte, dijo que “el aniversario de la dedicación de este templo nos recuerda vivamente que se trata de ´nuestra casa´ a la que el Padre nos convoca para darnos vida, tal como lo expresa la liturgia de hoy, podemos decir que es casa de oración, santuario de los sacramentos, donde resuena el evangelio de la paz y se celebran los santos misterios”.

“En la Iglesia Catedral está la sede del obispo, que como maestro y pastor guía a toda la comunidad diocesana a lo largo de casi 500 km de extensión; es la casa dónde el pueblo de Dios encuentra el abrazo misericordioso del Padre. Cotidianamente podemos contemplar en ella el peregrinar continuo de los fieles que tocan, besan, ´gastan´ la cruz del atrio y oran ante ella; allí encuentran la ternura misericordiosa del crucificado que no cuestiona, que ´sólo ama´ y ´escucha amando´; muchos prosiguen hasta el sagrario dónde la presencia eucarística de Jesús consuela, serena, sana y envía nuevamente”, remarcó.
Más adelante, Mugna destacó que “la celebración cotidiana de la eucaristía es el pulmón de nuestra ciudad, en todas las parroquias, pero particularmente en esta Iglesia madre que, en el centro de la ciudad, nos recuerda dónde debería estar el centro de nuestra vida. La eucaristía unida a los demás sacramentos, a la vida de oración y a la experiencia fraterna-comunitaria es fuente de conversión y de compromiso misionero”.

“El evangelio de hoy nos recuerda que en el centro de nuestra vida debe estar el amor, amor a Dios y a nuestros hermanos, con toda el alma, con todo el corazón involucrando todo nuestro ser, capacidades y dones. Pidámosle al Señor que nos ayude a ser una Iglesia en salida, que toque las periferias, que no se canse de ser hospital de campaña. Pidamos también para que todos los rafaelinos y argentinos, creyentes o no, busquemos con todas nuestras fuerzas el bien común”, concluyó.

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