Puertas de enero

Por: Alcides Castagno. La fiesta de año nuevo entre nosotros empieza y termina con una transición breve, con alimentos especiales y regada con algún exceso, como para que la resaca del primero recuerde los brindis del 31. El imperio romano, de donde la civilización occidental se nutrió de tradiciones encomiables y execrables, a gusto del receptor, heredaron la costumbre de endiosar todo aquello que sea destacable en los humanos: el universo, la naturaleza, los sentimientos. Cada acción tenía su patrocinador, descendiente del Olimpo a partir de Zeus, el máximo señor. Así fue como, para los romanos, surgió Jano. Fue en algún momento impreciso de la historia, que sólo transmitió la tradición.

Bifronte

Jano consagró su presencia cuando los romanos comprendieron que hay un tiempo presente, pero también un pasado que enseña y un futuro que da esperanza; la idea fue reflejada en un torso con dos cabezas, una de ellas mirando hacia el pasado y la otra hacia el futuro. ¿Es sólo eso? La simbología a la que recurrían las civilizaciones antiguas no solían ser muy sutiles, pero con Jano fueron un poco más adelante, con una amplitud de significados. De hecho, Jano (puerta), el dios de los inicios y los umbrales, dio su nombre al primer mes del año: Januarius, Janeiro, Janero, Enero. En los tiempos de la fundación de Roma, se invocaba a divinidades ligadas con el paso del tiempo y las estaciones, teniendo en cuenta que era un pueblo de agricultores y ganaderos. Si queremos hacer un paralelo un tanto primario, los campesinos solían y suelen tener sus divinidades favoritas; en nuestra región, trajeron del norte de Italia la devoción de San Chiafredo, a quien se encomendaban ante la presencia de tempestades o granizo; testigos de ello son las capillas diseminadas por algunos accesos a potreros con sembrados.
Como sabemos, el centralismo capitalino y la presión impositiva son temas ancestrales a los cuales Jano no es ajeno. Cuando los Sabinos, un pueblo de productores agropecuarios ubicado en colinas vecinas de Roma, intentaron tomar el Capitolio, hartos del dominio central, Jano hizo brotar agua hirviendo, con lo que los invasores debieron retirarse. Fue el primer caso en que el dios latino tomó partido por el oficialismo. A él se le atribuye la invención del dinero y, según los romanos, Jano aseguraba buenos finales para las cosechas y buen futuro para todos, desde su puesto como custodio de las puertas del cielo. Si lo trasladamos a nuestros días, podría ser el mítico patrocinador de los agentes de seguridad y los patovicas.

La puerta del agua

Jano/Enero es el que abre las puertas, pero también el que las cierra; el que abre las puertas de lo que vendrá y el que cierra lo que sucedió; queda con su mirada fija hacia atrás, para capitalizar la experiencia que nos deja el pasado. Lo que no muestra la deidad latina es el presente, fruto y raíz de la vida personal y comunitaria; y nuestro presente es plural, diverso.
El presente del agua en Rafaela lo tiene a Jano mirando hacia el 2008 en que Hermes Binner proponía un nuevo acueducto desde Desvío Arijón; por razones personales o políticas (siempre entremezcladas), le oímos decir en una reunión en el Centro Comercial que, mientras fuera Gobernador, el acueducto planeado y esperado, no llegaría a Rafaela. Cumplió. El gobernador Bonfatti continuó la obra, aunque a un ritmo excesivamente lento. Alguna vez convocó a la prensa para mostrar obras civiles y una cantidad de caños para conducción del agua; las obras civiles, en parte, continuaron y los caños, días después, ya no estaban. Miguel Lifschitz heredó la gobernación y la que fue calificada como la obra más importante del País. Por cuestiones crediticias o las que fuere, el esperado corredor del agua avanzó por tramos pequeños, aunque continuados. En los últimos tiempos, con la gobernación de Omar Perotti, más ejecutivo, la obra tomó un impulso decisivo, como para permitirle anunciar que, en el primer semestre de este año, con la puerta abierta por Januarius/Enero, los rafaelinos y varias poblaciones más tendremos nuestros depósitos con agua suficiente para que la ducha deje de ser sólo un gotero. Será que el dios bifronte dejará de usar sólo su mirada barbada al pasado y nos iluminará la «janua» al futuro.
La historia, fundada o mitológica, siempre tiene algo para decirnos. Escucharla, procesarla, traducir sus momentos, es una gimnasia cotidiana que, o nos sirve la retrospección, o habrán vivido en vano. Las puertas de enero están abiertas; adelante, futuro.


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