Hay cambios en los hábitos de consumo. La caída de los ingresos familiares, la inflación y el incremento de los impuestos y servicios hacen que el cuidado del bolsillo llegue a los alimentos. Por eso una tendencia que crece es la compra en el mercado de barrio.
El comercio de venta de alimentos es tal vez el rubro que más se ramifica en la ciudad. No hay barrio que no tenga un minimercado, un almacén, una despensa, una proveeduría o un súper de dimensiones chicas. Se estima que supera los 350 comercios de este tipo.
Los «bolicheros» como se llaman en la jerga mercantil, entre quienes se dedican al rubro de almacén, entienden que en Bariloche se traduce un tendencia nacional: cada vez más gente va al negocio del barrio.
¿Los motivos? Son varios. «La confianza con el cliente es importante, uno lo ve todos los días y se crea un vínculo; otro punto es que la gente va al negocio y compra lo necesario del día porque ve que los precios son iguales y en algunos casos más bajos que en el supermercado; y además por la calidad del producto fresco, ahí está la diferencia también», aseguran.
«Hay también una fidelidad por el trato directo, en nuestro caso cerramos los domingos para descansar y vemos que la gente demuestra lealtad porque espera al lunes para ir a comprar, por una cuestión de cercanía y por el trato hacia el cliente», destacan desde en centro de almaceneros
También los comerciantes destacan que hubo un cambio en el vínculo con las distribuidoras que antes no llegaban a tener un trato directo con los pequeños comerciantes y hoy «nos bajan las promociones y nosotros las trasladamos al cliente para abaratar los precios, esa es una estrategia que tenemos muchos y que nos sirve», dicen.
La compra del día
El horario pico de los minimercados es cercano a la hora de las comidas. Desde las 11 o 12 del mediodía hasta las 14 y repunta nuevamente a partir de las 20. La tendencia se genera porque en función de controlar mejor los gastos familiares, los clientes van al mercado cuando definen qué van a cocinar para el almuerzo o la cena. «Antes entraba un cliente a las 10 de la mañana y se llevaba de todo un poco, ahora ingresa con un pedido específico, compra lo justo y necesario», admitió Blanco que observó que «la situación está muy difícil».
«En números la venta bajó pero generamos una clientela de confianza que nos costó pero fuimos sumando servicios como la pollería que son un atractivo y nos genera clientes fieles», destacó Germán Soto de la Despensa y Pollería Clarita que está desde hace 7 años en el acceso al barrio Omega.
El fin de la libreta
A pesar de que ahora con la exigencia de instalar el cobro por débito algunos advierten un repunte en las ventas, muchos clientes siguen a la espera de que se reactive la libreta de fiar, algo poco probable para los minimercados y almacenes actuales que deben cubrir altos costos impositivos, cargas laborales y seguros por lo que también necesitan «cuidar el mango».
«Se terminó la libreta que había antes donde el cliente venía con su libreta, mi papá (antecesor del comercio) le anotaba la compra y a fin de mes venían a pagar todo junto. Ahora es imposible, lo tuvimos que cortar, no tenemos cuenta corriente», reconoció Alegría.


