Hay viajes que representan mucho más que trasladarse de un lugar a otro. Son experiencias que ponen a prueba la voluntad, permiten conocer otras culturas y dejan historias difíciles de olvidar. Ese fue el caso de Pablo Imhoff, el santotomesino que se propuso unir Ushuaia con Alaska a bordo de una Honda EconoPower C90 y terminó protagonizando una travesía de casi seis años que lo llevó a recorrer más de 56 mil kilómetros y atravesar 15 países.
El proyecto, conocido como «Proyecto Alaska», comenzó en Santo Tomé, provincia de Santa Fe. Desde allí partió hacia Ushuaia, el punto más austral del recorrido, para luego emprender rumbo norte a través de todo el continente americano. Una aventura que tuvo como escenario rutas, paisajes y culturas muy diferentes, pero también imprevistos, dificultades mecánicas y una pandemia que modificó sus planes.
Imhoff estuvo de visita en Rafaela durante septiembre, en el marco de los Juegos Suramericanos, y dialogó con Radio CASTELLANOS sobre el cierre de aquella experiencia, las particularidades de viajar solo y el vínculo que construyó con las personas que fue encontrando en el camino.
Uno de los aspectos que marcó el recorrido fue la pandemia de Covid-19, que lo encontró en Ushuaia apenas dos meses después de haber iniciado el proyecto. Aquella situación lo obligó a permanecer un año en la ciudad fueguina, una pausa inesperada que terminó convirtiéndose en otra parte importante de su aventura. «Me tuve que quedar un año ahí», recordó, y aseguró que conserva un cariño especial por ese lugar.

Viajar solo, pero nunca estar completamente solo
Consultado sobre cómo se vive una experiencia tan extensa en soledad, Imhoff reconoció que existen momentos difíciles, aunque también destacó que viajar de esa manera permite abrirse a conocer personas y compartir experiencias con desconocidos que aparecen en el camino. «La soledad te obliga a ir conociendo gente, a ir socializando, a ir compartiendo con personas que te vas encontrando en el viaje. Esa es la parte buena», explicó.
Sin embargo, también reconoció que hay un costado menos visible de este tipo de aventuras: perderse cumpleaños, reuniones familiares, celebraciones y fechas especiales. «Hay momentos que te perdés de amigos, de familiares, fechas importantes, Navidades, Año Nuevo, que uno está miles de kilómetros de su familia y de sus amigos. Esa es la parte dura por ahí también del viaje que no siempre se ve», expresó.
A lo largo de los casi seis años de recorrido, la solidaridad de las personas que encontró en las rutas fue fundamental para poder continuar. Desde mecánicos hasta habitantes de distintas localidades, muchos colaboraron para resolver inconvenientes y conseguir los repuestos necesarios para mantener en funcionamiento su compañera de viaje.
Una moto pequeña para una aventura gigante
La Honda C90 EconoPower, conocida popularmente como Econo, fue una de las grandes protagonistas de la travesía. Se trata de un modelo que tuvo una fuerte presencia en distintos países de Latinoamérica, aunque no en todos resultó sencillo conseguir repuestos.
Imhoff contó que en lugares como Perú, Colombia, Argentina y Bolivia pudo encontrar piezas con mayor facilidad, pero que en Ecuador la situación fue diferente, ya que ese modelo no tuvo comercialización y conseguir componentes se convirtió en un desafío.
«Tenés que mandar a pedir los repuestos, tenés que hacer una cadena de favores y solucionarlo de otra manera», relató. En ese sentido, destacó especialmente la ayuda recibida durante el camino y aseguró que sin la colaboración de mecánicos y otras personas que fue conociendo habría sido muy difícil completar el proyecto.

El combustible tampoco estuvo exento de algunas complicaciones. Según explicó, Bolivia fue uno de los países donde tuvo mayores dificultades para abastecerse, debido a las diferencias en los precios y las condiciones de venta para los extranjeros.
Pese a todos esos inconvenientes, la pequeña motocicleta respondió a las exigencias de una travesía que atravesó geografías y condiciones climáticas muy diferentes. «Las Econo son unas motos que la verdad me sorprendieron. Si bien sabía que era una moto buena, no pensé que era tan buena y la verdad que me sorprendió para bien», destacó.
Una comunidad que acompañó cada kilómetro
El viaje también tuvo un componente muy importante en el mundo digital. A través de sus redes sociales y, especialmente, de su canal de YouTube, donde se presenta como «Pablito Viajero», Imhoff fue compartiendo las distintas etapas de la travesía, las dificultades y los paisajes que encontraba en cada país.
Su historia despertó el interés de miles de personas que siguieron de cerca el desafío y acompañaron virtualmente cada avance. Su canal superó el millón y medio de suscriptores, convirtiendo el Proyecto Alaska en una experiencia compartida con una comunidad que creció a lo largo de los años.
Sobre ese vínculo, el santotomesino valoró el acompañamiento recibido y contó que, en algunas oportunidades, pudo conocer personalmente a quienes seguían sus publicaciones. «Muchísimos seguidores, gente incluso que a veces no eran seguidores pero se convertían en amigos. En las redes, un aguante impresionante. Es como una comunidad muy linda que se ha formado», señaló.

¿Qué sigue después de Alaska?
Luego de completar un desafío de semejante magnitud, la pregunta sobre los próximos proyectos aparece inevitablemente. Sin embargo, Imhoff reconoció que, por el momento, no tiene una nueva travesía definida. «Por ahora no hay ningún proyecto en vista, pero seguramente en el futuro vamos a volver a viajar», anticipó.
Mientras tanto, la Econo permanece guardada, aunque en condiciones de volver a ponerse en marcha. «Por ahora guardadita, no la estoy rodando, pero está en marcha, así que en cualquier momento le pegamos una patada y arranca», comentó entre risas.



