Este jueves por la noche, Graciela Acastello inició su presidencia en el Centro Comercial e Industrial de Rafaela y la Región con la prioridad establecida en trabajar sobre las condiciones que necesitan las empresas para ser competitivas. Tras asumir en la Asamblea General Ordinaria, la empresaria metalúrgica compartió con Diario CASTELLANOS su mirada sobre los desafíos de la gestión, el vínculo con los asociados y la responsabilidad de continuar este legado institucional, atravesado también por una historia familiar.
«Las temáticas para reclamar son múltiples y en todos los niveles, nacional, provincial y municipal. Hoy lo que se necesita fundamentalmente para todas las empresas es competitividad», comenzó describiendo la empresaria local. Desde esa perspectiva, ubicó entre las principales preocupaciones las cargas impositivas, la falta de crédito y las dificultades financieras que generan determinados mecanismos tributarios. Cuestionó lo que considera «un sistema totalmente desproporcionado», con impuestos regresivos y en cascada que alcanzan las distintas instancias de comercialización.
También señaló los saldos a favor que acumulan las empresas en distintos tributos y los anticipos impositivos, cuya existencia objetó ya que implican, «pagar un impuesto antes de que se produzca el hecho imponible». A ese diagnóstico sumó un dólar que, a su entender, se encuentra bajo y «no está acompañando el nivel de inflación».
Acastello reconoció que estos asuntos integran desde hace años los planteos de la gremial empresaria y anticipó que tendrán continuidad durante su presidencia. «Vamos a seguir haciéndolo, porque sabemos que, en definitiva, con el tiempo algo lograremos», afirmó.
La conducción como trabajo de equipo
Consultada sobre el momento personal y profesional en el que asume, Acastello consideró que llega con una experiencia que le permite afrontar la responsabilidad. «Te diría que es un buen momento», manifestó.
Destacó su recorrido en la gremial empresaria y, especialmente, en la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Rafaela. Valoró la trayectoria de ese espacio y sus relaciones nacionales como una fuente de conocimiento sobre la realidad del sector.
Al mismo tiempo, reconoció que el compromiso institucional convive con las exigencias de su propia empresa.
Frente a esas responsabilidades, remarcó la importancia de la estructura y del equipo del CCIRR. «Nunca es la gestión de una sola persona. Todo lo contrario, es la gestión del equipo en función de la realidad», afirmó. En ese esquema, definió al presidente como quien «le pone el sello a las distintas opiniones que se forman dentro del Centro».
La confianza que acompañó su recorrido
Tras ser la segunda mujer en presidir la entidad, Acastello aseguró que su género no representó un obstáculo en su trayectoria empresarial ni en su participación gremial.
Recordó que ingresó joven a la empresa y que el vínculo construido con el personal fue fundamental cuando su padre dejó de estar. «Hubo un apoyo muy grande, confiaron, y de a poquito pudimos probar que esa confianza fue válida y que pudimos salir de momentos difíciles que habíamos vivido», relató.
Una experiencia similar encontró al incorporarse a la Comisión Directiva de la Cámara de Industriales Metalúrgicos, donde inicialmente era la única mujer. Según expresó, se sintió acompañada y contó con el respaldo de sus colegas para desarrollarse. «Me hicieron crecer dentro de la Comisión y me dieron toda la confianza», valoró. Por eso, atribuyó a ese acompañamiento una parte importante del camino que la llevó a la presidencia del CCIRR.
Un legado que exige compromiso
La historia de su padre, quien asumió la presidencia de la institución hace 51 años, ocupa un lugar central en la forma en que Acastello entiende su nueva función. El apellido representa orgullo, pero también una responsabilidad que reconoce como parte de su compromiso.
De él, explicó, aprendió el sentido solidario de la representación empresaria. «Estar acá no es ocupar un cargo para representarse a sí mismo, sino para representar a muchos asociados, cada uno con sus problemas y sus realidades. Y eso requiere trabajo y mucho compromiso», sostuvo.
Al pensar en la huella que quisiera dejar, evitó plantear una meta desligada del recorrido institucional. Su aspiración es, «hacer honor a lo pasado» y mantener el nivel de quienes construyeron al CCIRR como una entidad representativa de la producción regional. «Para mí, solamente llegar al nivel de los que me antecedieron sería un gran logro», expresó. Y, al volver sobre el ejemplo de su padre, resumió la exigencia con la que asume esta etapa, ya que «Me deja la vara muy alta», finalizó Graciela Acastello.



