Una ciudad también se descubre a través de la mirada de quienes llegan por primera vez. Durante estos días, Rafaela dejó de ser solamente el lugar cotidiano de quienes la habitan para convertirse en punto de encuentro de deportistas, delegaciones, equipos técnicos y visitantes provenientes de diferentes lugares y países. Los Juegos Suramericanos modificaron el ritmo habitual, ocuparon los escenarios deportivos y ganaron las calles. Al mismo tiempo, abrieron una oportunidad menos visible y quizás más profunda: mostrar qué ciudad existe detrás de cada competencia.
Ese es uno de los aspectos que Patricia Imoberdorf considera centrales en la experiencia que atraviesa Rafaela como una de las sedes de los Juegos. Para la secretaria de Desarrollo Económico, Innovación y Empleo del Municipio, el entusiasmo inicial encontró rápidamente una respuesta social que excedió la organización del acontecimiento. «La ciudad se apropió de los Juegos», resumió. Esa identificación, explicó, puede advertirse en las familias que acompañan las competencias, los chicos que se acercan a los escenarios, el movimiento en las calles y los visitantes recorriendo distintos puntos de Rafaela.
La funcionaria, destacó también las devoluciones recibidas en torno a la organización y la hospitalidad. Allí aparece uno de los objetivos que trascienden lo estrictamente deportivo: conseguir que quienes llegaron atraídos por los Juegos se lleven una imagen más amplia de Rafaela. «Queremos que quienes llegaron por una competencia deportiva se vayan habiendo descubierto también una Rafaela productiva, emprendedora, universitaria, cultural, deportiva y, sobre todo, una ciudad que sabe recibir», sostuvo.
Una identidad que puede convertirse en oportunidad
La tradición industrial y productiva constituye, desde hace décadas, una de las principales cartas de presentación de Rafaela. A ella se suman referencias deportivas históricas como el automovilismo y el fútbol. Los Juegos, sin embargo, permiten colocar delante de miles de visitantes otras dimensiones de una ciudad que busca ampliar la manera en que se proyecta hacia afuera.

Para Imoberdorf, detrás de esa capacidad aparece una característica profundamente rafaelina: la articulación entre el Estado, el sector privado y las instituciones. Una dinámica que históricamente permitió impulsar proyectos colectivos y que ahora también se expresa en la posibilidad de recibir un acontecimiento internacional.
Quien llega, señaló, encuentra una ciudad universitaria, emprendedora e innovadora, con propuestas culturales, gastronómicas y una presencia cada vez mayor del deporte. Pero fundamentalmente se encuentra con su gente.
Por eso, el objetivo no termina cuando un visitante abandona un escenario deportivo. La intención es que camine Rafaela, conozca sus comercios, pruebe su gastronomía y transite sus espacios. Imoberdorf lo sintetizó en una aspiración sencilla: «Si después de estos días de competencia se va diciendo ‘quiero volver a Rafaela’, creo que habremos cumplido uno de nuestros grandes objetivos».
Ese movimiento tiene, además, una traducción económica. La llegada extraordinaria de personas repercute sobre actividades vinculadas directa e indirectamente con los Juegos. Para conocer con precisión esa dimensión, se desarrolla un relevamiento con encuestadores en escenarios deportivos y en el centro de la ciudad.
El estudio permitirá conocer procedencia, permanencia y perfil de los visitantes, además de dimensionar el movimiento económico generado. Para Imoberdorf, medir esos resultados resulta fundamental para identificar oportunidades y mejorar la planificación de futuros acontecimientos.
El desafío empieza después de los Juegos
La experiencia también instala una pregunta inevitable: ¿qué ocurrirá cuando termine la competencia y Rafaela recupere su ritmo habitual?
Imoberdorf considera que allí comienza una segunda etapa. A la infraestructura construida se sumarán experiencia organizativa, aprendizaje de los prestadores, articulación institucional y una exposición difícil de conseguir por otras vías. «Los Juegos Suramericanos son una vidriera extraordinaria», definió. La apuesta municipal es que alguien que hoy conoce Rafaela por una competencia pueda regresar mañana por un congreso, una feria, una muestra industrial, un encuentro empresarial, otro acontecimiento deportivo o simplemente como visitante.
De allí surge la intención de consolidar una política de ciudad de eventos, capaz de vincular propuestas deportivas, culturales, académicas y empresariales con turismo, empleo y actividad económica.
El legado, entonces, no podrá medirse únicamente en edificios, escenarios o infraestructura. También dependerá de cuánto pueda aprovechar Rafaela esta exposición para construir nuevas oportunidades. Los Juegos permitieron recibir al continente durante algunos días. El próximo desafío será conseguir que esa experiencia permanezca cuando se apague la última competencia. «Queremos que sean un antes y un después en la consolidación de Rafaela como ciudad de eventos y como una ciudad preparada para recibir al país y al mundo», concluyó Imoberdorf.



