«Comprender a estos chicos puede evitar frustraciones y deserción escolar»

La especialista María Constanza Giamarini brindó en Rafaela una conferencia sobre dislexia, disgrafía y discalculia. Advirtió que uno de cada diez niños presenta dificultades específicas del aprendizaje y remarcó la necesidad de avanzar en diagnósticos tempranos, capacitación docente y estrategias de inclusión.

La dislexia, la disgrafía y la discalculia son dificultades específicas del aprendizaje que afectan a millones de niños en todo el mundo. Sin embargo, pese a su alta incidencia, continúan siendo poco comprendidas en muchos ámbitos educativos y sociales, una realidad que puede derivar en frustración, baja autoestima e incluso abandono escolar. 

Ese fue uno de los principales mensajes que dejó en Rafaela la Lic. María Constanza Giamarini, especialista en la temática, durante la conferencia organizada por la Asociación Médica del Departamento Castellanos y el Instituto de Formación en Salud. 

«Comprender a estos chicos puede evitar frustraciones, deserciones escolares y acompañarlos mejor en su crecimiento personal», sostuvo la profesional, quien remarcó que aproximadamente uno de cada diez niños presenta alguna dificultad específica del aprendizaje. 


Previo a la charla, en conferencia de prensa, explicó que la dislexia se manifiesta principalmente en la lectura y la escritura; la disgrafía afecta la habilidad para escribir; y la discalculia se relaciona con las dificultades para comprender y realizar cálculos matemáticos. Además, señaló que muchas veces estas condiciones aparecen asociadas. «En un aula de treinta chicos es muy común que haya tres con alguna dificultad específica del aprendizaje. Raramente vienen solas, generalmente aparecen combinadas», explicó. 

El director del IFS, Dr. Paul Schvarzstein; la Lic. María Constanza Giamarini; y el presidente de la Asociación Médica, Dr. Jorge Bertram.

Uno de los aspectos que la especialista consideró fundamental es desterrar prejuicios que aún persisten alrededor de estas condiciones. «No son tontos, no son vagos y no son rebeldes. Son chicos que tienen una manera diferente de aprender y de demostrar lo que aprendieron», afirmó, haciendo hincapié en que se requiere de mayor comprensión.  

Según explicó, estas dificultades tienen un origen neurobiológico y responden a una forma distinta de procesamiento de la información. «Las neuronas tienen una manera diferente de conectarse. Es diferente, no anómala. No hay ausencia de conexiones, sino una forma distinta de procesar la información», señaló. 

Asimismo, indicó que suele existir un componente hereditario importante y recordó que durante décadas muchas personas atravesaron la escuela sin diagnóstico. «Esto no apareció ahora. Muchos adultos descubren que son disléxicos cuando diagnostican a sus propios hijos», comentó. 

El desafío pendiente de la escuela 

Consultada sobre si el sistema educativo está preparado para abordar estas situaciones, Giamarini fue categórica. «No, lamentablemente no está preparado», respondió. 

Si bien la Ley Nacional 27.306 establece que los docentes deben recibir capacitación para trabajar con estudiantes con dificultades específicas del aprendizaje, la especialista advirtió que en la práctica esa formación no siempre llega a las aulas. «La mayoría de los docentes que logran capacitarse lo hacen por iniciativa personal. Todavía existe una gran necesidad de formación y actualización», dijo. 

Para Giamarini, una de las claves es comprender que las adaptaciones pedagógicas no representan una carga adicional para el docente, sino una herramienta que termina beneficiando a todo el grupo. «La verdadera inclusión consiste en poner a todos en igualdad de oportunidades. Muchas de las estrategias que sirven para estos chicos también mejoran el aprendizaje del resto de los alumnos», explicó la profesional.  

Diagnóstico temprano y acompañamiento  

La especialista también hizo especial hincapié en la importancia de detectar estas dificultades desde edades tempranas. 

Según indicó, existen señales que pueden observarse incluso durante el nivel inicial, por lo que docentes, pediatras y familias cumplen un rol decisivo para llegar a un diagnóstico oportuno. «Cuando la familia entiende lo que está pasando, el chico deja de sentirse culpable por algo que no puede controlar. Esa comprensión temprana fortalece su autoestima y cambia completamente su trayectoria escolar», sostuvo. 

En ese sentido, remarcó que la dislexia, la disgrafía y la discalculia no son enfermedades y, por lo tanto, no tienen cura. «Nacen con estas características y las tendrán durante toda la vida. El objetivo de los tratamientos es brindarles herramientas para transitar el proceso educativo de la mejor manera posible», explicó. 

Uno de los momentos más sensibles de la conferencia estuvo relacionado con las consecuencias emocionales que pueden generar los diagnósticos tardíos o la falta de comprensión. 

Giamarini relató que muchos niños y adolescentes llegan a consulta después de años de frustraciones acumuladas, sintiéndose incapaces o diferentes al resto de sus compañeros. «Cuando no son comprendidos, el impacto emocional puede ser muy profundo. Por eso es tan importante que la familia, la escuela y los profesionales trabajen juntos para acompañarlos», concluyó. 

La masiva convocatoria que tuvo la actividad en Rafaela dejó en evidencia que la temática despierta cada vez mayor interés y que la necesidad de generar espacios de formación y concientización sigue siendo una demanda vigente entre docentes, profesionales y familias. 

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