El Secretario de la UOM Rafaela, trazó un crudo diagnóstico sobre el presente del sector metalúrgico en la ciudad y la región. Advirtió sobre la caída de la producción, los despidos masivos, la apertura de importaciones y el impacto de las Políticas Nacionales. «Si se destruye la industria, no hay futuro para nadie», afirmó.
En el marco del «Día del Trabajador Metalúrgico», que se celebró este domingo 7 de septiembre en todo el país, Diario CASTELLANOS dialogó con el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Seccional Rafaela, Roberto Oesquer, quien no dudó en describir la realidad actual del sector como crítica, preocupante y sin rumbo claro.
«Hay una recesión importante y nuestras industrias están siendo muy afectadas. Hay una apertura de importaciones que genera serios inconvenientes a las empresas», explicó el dirigente gremial, al iniciar el repaso por una coyuntura que, según dijo, no muestra signos de mejora.
La voz de Oesquer, con años de experiencia al frente del gremio, conociendo de cerca el entramado productivo de Rafaela, una ciudad que históricamente ha sostenido buena parte de su desarrollo sobre la actividad metalúrgica, se refirió al diagnóstico, que no es menor: bajos salarios, aportes mínimos, caída de la producción y una situación social cada vez más compleja.
«Mantener la obra social y el sindicato se vuelve insostenible. Sin embargo, en Rafaela la estamos peleando porque tenemos el Centro de Salud propio, lo cual nos permite acomodar algunas cosas y hacer gran parte de las prestaciones», señaló Oesquer.
Los despidos en Rafaela
La preocupación no es nueva, pero se profundiza mes a mes. A lo largo de este año, la crisis del sector se hizo evidente en una cifra que duele: más de 500 despidos en la ciudad y la zona. «Los deberes los hicieron el año pasado. Se adelantaron a la tormenta, lo vieron venir y tomaron esa decisión. Ahora tenemos muchas complicaciones y sinceramente no sé cómo se va a salir de este problema», remarcó el dirigente.
Ya en 2024, Oesquer había advertido que unas 220 personas habían perdido su trabajo en el sector. Hoy, la cifra se duplicó. Según explicó, muchas empresas operan con menos del 50% de su capacidad instalada, sobreviven reduciendo personal y ajustando al límite sus recursos.
«Estamos en una situación límite. La producción cayó estrepitosamente, y las causas son múltiples: inflación, caída del consumo interno, falta de financiamiento, y ausencia total de políticas de protección a la industria nacional», recordó.
La industria que se cae y el futuro en juego
Consultado sobre los sectores que aún mantienen actividad, Oesquer explicó que solo las firmas ligadas al gas y al petróleo muestran algo de movimiento, pero su presencia en Rafaela es muy escasa. «El resto está muy complicado», afirmó.
En ese contexto, el secretario general expresó una fuerte crítica al Gobierno Nacional.
«Mientras más tiempo se quede este Gobierno, más va a destruir a las industrias y con ellas las fuentes de trabajo. Estamos muy complicados también con el tema paritarias. No hay margen ni voluntad de diálogo», cuestionó, con tono firme.
Más allá de la difícil coyuntura, Oesquer destacó que desde la seccional Rafaela siguen apostando a sostener ciertos espacios comunitarios como forma de contención y acompañamiento: Seguimos sosteniendo nuestros festejos, como el ‘Día del Niño’, y la próxima fiesta del 18 de octubre donde vamos a celebrar nuestro día en el salón de Bella Italia. Lo hacemos para dar un aliciente a la gente, que no tiene la culpa de lo que está viviendo. Aunque muchos votaron en contra de sí mismos, ahora están viendo las consecuencias en carne propia».
«No hay país sin industria»
Como cierre del diálogo, el dirigente dejó una reflexión cargada de contenido ideológico y esperanza militante: «El sindicato va a seguir haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para sostener lo que tenemos. Destruir la industria nacional es muy malo, porque no hay país sin industria. Desoír eso y llegar a esta situación, no puede terminar bien. Vamos a seguir luchando a pesar de todo, y más tarde que temprano, esto se tiene que revertir. Si se destruye la industria, no tenemos futuro para nada».
Una actividad esencial, en estado de alerta permanente. El «Día del Trabajador Metalúrgico» se vivió este año en un clima «tenso», donde la celebración cedió paso al análisis, al reclamo y a la lucha por sostener la dignidad del trabajo y la esperanza de reconstruir el entramado industrial argentino.



