Los números que revelan la urgencia de la charla de la Mesa de Enlace con Javier Milei

La campaña 2025/2026 deja entrever resultados negativos o con márgenes ajustados, según los expertos del sector.

El primer encuentro que el presidente Javier Milei mantuvo hoy con la Mesa de Enlace se dio en un momento crítico para el agro. Con el trigo ya sembrado y la campaña de soja y de maíz en plena etapa de planificación, los márgenes están al límite. Los productores enfrentan precios internacionales deprimidos, determinados insumos más caros, el regreso de las retenciones a alícuotas más altas y una estructura impositiva que, aseguran, vuelve inviable la actividad en muchas zonas. Tras el encuentro con el mandatario los dirigentes del campo se quedaron con la promesa de que los derechos de exportación serán el próximo impuesto que sacará el Gobierno. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en campos alquilados de la zona agrícola núcleo la soja de primera siembra -octubre- dejaría para la campaña 2025/2026 una pérdida de hasta USD 31 por hectárea.

En tanto, si bien con un número positivo, el maíz arrojaría un estrecho margen neto [ya descontados los impuestos] de USD 68. Los precios proyectados a cosecha -USD 284,5 por tonelada para la soja y USD 173 para el maíz- no alcanzan para cubrir los costos, sobre todo tras la suba de retenciones el 1° de julio: la soja, tras la rebaja temporal de las alícuotas, pasó del 26% al 33% y el maíz del 9,5% al 12%.

Pero no se trata sólo de precios o impuestos. En efecto, la BCR advirtió que el problema está en toda la estructura de costos. Sembrar maíz temprano -siembra de septiembre-, por ejemplo, requiere una inversión inicial de USD 1190 por hectárea, frente a los USD 680 que demanda la soja. En campo propio, en tanto, el maíz de primera dejaría un margen neto -después de impuestos- de USD 405 por hectárea, mientras que la soja reportaría 314 dólares por hectárea. Desde la Bolsa rosarina alertaron, en este marco, que la decisión de qué cultivar no pasa sólo por el resultado final, sino por la inversión necesaria y el riesgo que conlleva. «Vemos que los números están muy al límite, en los dos cultivos, tal vez el maíz se ve mejor, pero requiere de una inversión que es significativamente mayor también», señalaron. Hay otro factor que condiciona cada vez más: la distancia al puerto.


El flete representa hoy el 29% del costo total en maíz y el 20% en soja, lo que deja fuera de competencia a muchas zonas alejadas de las terminales portuarias.En la misma línea, Diego Curat, director de Az Group, advirtió: «De cara a la siembra de granos gruesos, el gran socio de los productores -el Estado- una vez más define la suerte de las empresas a partir de decisiones que generan menores inversiones y, sobre todo, menor derrame de dinero en las localidades del interior. El Estado socio en las ventas cobra siempre, llueva o no, y más allá del volumen producido».

Según cálculos de la consultora, en la zona núcleo, en campos alquilados a 18 quintales por hectárea, se proyecta una pérdida de USD 56 por hectárea sembrando soja con un rinde de 35 quintales por hectárea. Esto con la referencia del precio disponible para mayo de 2026 de USD 282 por tonelada.

Pero, más allá de los derechos de exportación, hay otros factores que complican la ecuación. El tipo de cambio, pese a un leve repunte reciente, sigue 10% por debajo del promedio histórico, según el Banco Central. A esto se sumaron aumentos en dólares de impuestos provinciales y municipales -como el inmobiliario rural o la tasa vial- que en algunos casos superan el 50%. «Si alguien cree que hubo mejoras en los servicios prestados, pregúnteles a los productores de la cuenca del centro de la provincia de Buenos Aires, que han tenido que invertir mucho para poder sacar su producción (granos, carnes y leche) por caminos sin mantenimiento, puentes inutilizables, etcétera», señaló Curat.Además, dijo, las empresas del agro deberán pagar anticipos del impuesto a las Ganancias sobre utilidades del ejercicio anterior que difícilmente se repitan. «Las empresas que han generado buenos rindes en el ejercicio 2024 tendrán que anticipar fondos por utilidades que probablemente no se generarán», indicó.

Niveles críticos

En este contexto, según un informe del Centro Cultural y de Estudios DEMOS, «la rentabilidad de la producción de soja en Argentina ha caído a niveles preocupantes».

Precisó que «los márgenes netos han retrocedido drásticamente, alcanzando prácticamente cero en junio de 20253. El estudio, elaborado por el Dr. Ignacio Trucco, expone que la combinación de una baja del 9,3% en el precio internacional en términos reales y un aumento simultáneo de los costos de producción y comercialización (del 5% y 9,4%, respectivamente) explica este deterioro. Las retenciones a la soja, actualmente del 33%, también continúan afectando directamente la rentabilidad del sector», remarcó. Señaló que «uno de los hallazgos más relevantes es el crecimiento del peso de los costos locales, como la cosecha y la labranza, que se encarecieron 15% y 24% respectivamente». También explicó: «Aunque la caída de los márgenes afecta a todo el país, las consecuencias son desiguales. Mientras el norte de Buenos Aires y el sur de Santa Fe mantienen rentabilidades positivas gracias a su alta productividad, regiones como Salta, el sur de Córdoba, el sudoeste de Buenos Aires y Santiago del Estero, ya operan con márgenes netos negativos. Otras zonas, como el oeste y sureste bonaerense, podrían seguir el mismo camino si la tendencia persiste».

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