Competitividad a la criolla: ¿es posible ser más baratos sin devaluar?

Javier Milei pone sobre la mesa esta promesa como un posible motor de recuperación económica, y se propone llevar adelante a través de una baja del déficit fiscal por el lado del gasto, que se profundizaría con una "motosierra recargada", y, de esa manera, con menor gasto hará posible la baja de impuestos también, ya que no habrá donde gastar la recaudación.

En la Argentina de hoy, donde el «deme dos» es un lejano recuerdo y el consumo sufrió mucho en tiempos de inflación descontrolada y hoy se sostiene a base de cuotas y promociones, la propuesta del Presidente de la Nación de bajar impuestos, aparece como una bandera de cambio estructural. Quien hace un año asumió el poder ejecutivo pone sobre la mesa esta promesa como un posible motor de recuperación económica, y se propone llevar adelante a través de una baja del déficit fiscal por el lado del gasto, que se profundizaría con una «motosierra recargada», y de esa manera, con menor gasto hará posible la baja de impuestos también, ya que no habrá donde gastar la recaudación. Realmente un cambio de paradigma. Pero ¿es factible llevarla adelante sin desfinanciar al Estado?

Reducir impuestos no es una tarea sencilla; requiere un enfoque técnico, planificado y coordinado. Por un lado, el Sistema Tributario Argentino es reconocido por su complejidad y por la proliferación de impuestos distorsivos como Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque, al Valor Agregado, que afectan directamente la cadena de valor. Una reforma debería orientarse a simplificar el esquema impositivo, priorizando tributos que fomenten el crecimiento económico y eliminando los que obstaculizan la competitividad.

También como decíamos es imperativo continuar ajustando el gasto sin afectar servicios esenciales como salud, educación y seguridad. Esto implica reducir gastos improductivos, optimizar recursos y establecer prioridades claras.


Conjuntamente, producto del exceso de presión impositiva, la evasión fiscal en Argentina alcanza niveles preocupantes, a la vez que limita la capacidad del Estado de recaudar de manera equitativa. Bajando impuestos, la tentación de evadir baja y de esa forma se promueve la formalización de la economía, a la vez que, con un marco impositivo más amigable, podría ampliarse significativamente la base tributaria y contribuir también a la baja de las alícuotas.

Reducir impuestos tiene implicancias positivas si se lleva a cabo de manera estratégica. Le dará impulso al consumo y a la inversión, ya que, con más recursos disponibles, las familias y empresas pueden destinar mayores montos al consumo o a proyectos productivos, dinamizando la economía. Además, colabora con la competitividad, dado que, una menor presión fiscal sobre las empresas reduce costos, haciendo más atractivos los productos argentinos tanto en el mercado interno como en el internacional. Y por supuesto, también es un estímulo al empleo, aliviar las cargas tributarias sobre las pymes, principales generadoras de empleo, incentivará contrataciones y formalizará puestos de trabajo.

Tengan presente que la forma que utilizamos las últimas décadas para ganar competitividad fue devaluar la moneda y se fracasó en cada intento, por lo que deberemos intentar por otro camino. La reducción de impuestos y la devaluación son herramientas con efectos muy diferentes. Ambas impactan sobre el consumo, pero mientras que bajar impuestos deja más dinero en manos de las personas y fomenta el gasto, una devaluación tiende a reducir el poder adquisitivo al encarecer bienes y servicios. Además, si bien ambas políticas buscan mejorar la competitividad de los productos argentinos, la devaluación lo hace encareciendo las importaciones y elevando la inflación, mientras que una baja de impuestos lo logra reduciendo costos estructurales de producción, seríamos más competitivos por reducción del costo de producir en Argentina.

De aquí surge una nueva pregunta, ¿es posible lograr una Argentina más competitiva?
La respuesta es un rotundo Sí, pero solo si esta política de baja de impuestos se implementa como parte de una estrategia más amplia que contemple, inversiones en infraestructura, como el desarrollo de caminos, puertos y tecnología se vuelve esencial para reducir costos logísticos y mejorar la productividad. Además, la baja de impuestos debe ir acompañada de medidas que mantengan bajo control la inflación y el tipo de cambio, evitando desequilibrios que perjudiquen su impacto positivo. Esto es mantener ordenada la Macroeconomía. Conjuntamente es clave fomentar industrias estratégicas, como la tecnología y la agroindustria, podría generar un efecto multiplicador en el resto de la economía.

Reducir impuestos en Argentina puede ser un catalizador de desarrollo si se acompaña de reformas estructurales que garanticen sostenibilidad fiscal y crecimiento. Pero no es una solución mágica ni inmediata; requiere compromiso político, disciplina técnica y el apoyo de una sociedad que también demande transparencia y eficiencia en el uso de los recursos públicos. El tiempo dirá si esta apuesta logra transformar las bases de nuestra economía.

#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler

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