Por Lic. Jorge D. Odetti.- La sociedad está cambiando. Las personas se mueven y cambian sus hábitos de consumo. Su forma de vida, la misma de hace mil años ya no conforma, no satisface ni llena y mucho menos alimenta.
Abandonan sus lugares y se instalan donde creen que podrán vivir mejor o simplemente comer. Los que llegaron mucho tiempo antes ya están gordos de tanto comer, y ahora ven una oportunidad en los recién llegados y no la desaprovechan.
Unos sobreviven y se reproducen, otros viven y se consolidan. Unos imponen su fuerza, su estilo y sus formas. Otros solo obedecen. Los más viejos, ayer despreciados y mirados con recelo, ahora los invitan a los majestuosos castillos. Todos se juntan en contra de los nuevos, los recién llegados.
Los viejos actores con la experiencia de lo vivido, seguros, cómodos y desahogados, analizan y prueban distintas acciones para abordar lo que está pasando con los nuevos, los muchos nuevos que no paran de crecer. Con el tiempo y varias convicciones fallidas llegan a la conclusión, no puede pasar lo mismo, no pueden surgir nuevos gordos, y deciden tomar medidas más profundas.
Piensan, ejecutan e instalan un nuevo modelo político, económico y social. Nace una nueva Edad Histórica, un nuevo Tiempo Histórico. Etapa donde los roles se confunden, se desdibujan, donde los límites desaparecen o se tornan difusos y todo esfuerzo por regulación es considerado injusto o malintencionado. Pareciera que lo único que vale es el éxito personal a lo que dé lugar, sin importar los medios que se utilicen o lo que se consuma o lo que se venda, nada importa, todo vale, siempre y cuando se alcance ese supuesto fin.
Temerosos de lo cambiante y violento, ya en el poder y por la violencia, deciden que algunas cosas no pueden cambiar.
Comienza la creación de instituciones para que los nuevos actores acepten su rol sin cuestionarlo y fundamentalmente para que el poder permanezca en el mismo sector social. Para regular y dar forma a esa nueva sociedad acorde a este nuevo grupo social, se valieron de distintos órganos.
El todo se entiende mejor cuando se analizan cada una de sus partes, la más importante, la que se encarga de alimentar al cuerpo, el Órgano Educativo.
En este nuevo mundo occidental y capitalista, el dispositivo escuela fue la principal herramienta para regular y dar forma a la sociedad y a su construcción política. Se organiza la sociedad y en ese esquema todos cumplen un rol determinado. Hombres, mujeres, niños, viejos, inválidos, locos y sanos todos están ubicados en un lugar y se les asigna un papel bien definido. Todos juntos y al mismo tiempo aprenden a vivir en esa sociedad, a vivir ordenados, de forma clara y separada. Mujeres, por un lado, hombres por otro. Esperan poder ingresar formando una ordenada fila y al sonar la campana recién pueden entrar y sentarse en su silla, no en cualquier lugar, el lugar asignado. Al pasar frente a su docente este corrobora que están prolijamente peinados y con la indumentaria adecuada tanto para varones como para mujeres. Era importante que aprendan el lugar que ocupaban, como se vestían, como se peinaban y donde se sentaban, todo eso hablaba de las personas, y la definía.
Hoy nos podemos preguntar ¿Cambió nuestra forma de vida? ¿Cambiaron nuestros hábitos?
¿Lo que hacemos a diario y cómo nos vestimos importa? ¿Nos reconforta? ¿Nos llena? ¿Nos es significativo? ¿Queremos reproducirnos? ¿Lo deseamos para nuestros hijos? ¿Somos nuevos viejos gordos? ¿Nuestras instituciones, educativas, sociales, policiales, de salud, funcionan acorde a nuestros intereses? Una mirada rápida nos dice que no, una mirada profunda nos confirma que debemos reestructurar todas nuestras instituciones.
El dispositivo Escuela:
En el siglo XVIII y XIX los niños estaban obligados a asistir, debían asistir, era fundamental que asistieran, el orden debía imponerse. En pleno siglo XXI cuántos de nuestros gobernantes accedieron, recientemente al poder, prometiendo orden y seguridad. En los inicios de la era industrial los alumnos que no se presentaban la fuerza policial los buscaba, hoy 200 años después si faltan quedan libres y tienen que rendir todas las materias. Era una sociedad en transformación vertiginosa, igual que la nuestra, ayer los medios de producción y el trabajo urbano, ordenaban y jerarquizaban la vida, las formas y el tiempo, hoy no es claro ese orden.
El progreso estaba asegurado y se lograba si se respetaban el orden y se cumplían las normas sociales.
El hombre trabaja, produce, la mujer se encarga de las tareas domésticas y los niños tienen que ser educados acorde a esos nuevos valores. La reproducción de la especie y de la sociedad es fundamental. En ese tiempo histórico se requería y se sigue pensando hoy, que es necesario sacar de las calles a los más pequeños y las escuelas cumplían y siguen cumpliendo, o eso creemos, con todos los requerimientos de proteger a los niños y ordenan a la sociedad. Hoy nos planteamos y nos preguntamos si los requerimientos son los mismos o tenemos nuevos y distintos requerimientos. Ayer la sociedad demandaba liberar los espacios públicos para que los más chicos no estén a la vista de todos, que no molesten. Otra demanda era formarlos normativamente, lo más importante era el respeto por las normas y por las instituciones que las establecen. Una demanda muy importante era que todos hablaran y escribieran de la misma manera. Existía un acuerdo sobre unos conocimientos mínimos que todos debían manejar para ingresar a la vida adulta y ser productivos significativamente para esa sociedad.
Hoy sigue siendo importante sacar a los niños de la calle. Tanto ayer como hoy se requiere formar a nuestros hijos en el respeto y en el cumplimiento de las normas. Hoy no se ponen de acuerdo en cuáles son esos conocimientos y que tan mínimos deben ser y es muy difícil acordar qué es productivo y significativo para esta sociedad.
Acá se presenta el mayor enigma, ¿Todas las normas son igualmente buenas? ¿Cuándo se puede cuestionar las normas Hay consecuencias? ¿Quiénes forman a nuestros hijos? ¿Qué rol desempeña la familia? ¿El tiempo es el mismo? ¿Es todos juntos y al mismo tiempo o separados y cada uno a su tiempo? ¿En qué lo formamos? ¿Qué tipo de saberes les exigimos? ¿Cómo lo hacemos? De todas estas preguntas se desprenden otras aún más complejas, ¿Quién o quiénes piensan el sistema educativo? ¿Tienen en claro qué desean y cómo piensan alcanzarlo? Tema súper complejo ya que demanda toda otra estructura y tiempo para su aplicación.
El gobierno del Estado es el que establece los diseños curriculares y fija los lineamientos del sistema educativo. Educación pública, laica y de calidad. Para que todo esto sea posible se tienen que armar las instituciones que formen a los docentes en sus especialidades y generalidades, lo que implica tiempo y recursos económicos. Después se tiene que ofrecer, promocionar y se debe esperar que los ciudadanos elijan dicha oferta. Una vez elegida se debe asegurar su continuidad y la inserción laboral de los graduados, para la cual se debe seguir acompañando a esto. Todo demanda más tiempo y más recursos económicos. Se debe mantener vigente la premisa de la actualización constante para no perder todo lo trabajado, lo que redunda en más recursos económicos y sociales. El gobierno debe mostrar que le interesa y que le importa cómo se forman sus ciudadanos. Debe respaldarlos, son sus agentes y están juntos en esta tarea, son parte de lo mismo.
Hoy muy pocos jóvenes están eligiendo a la docencia para su formación profesional. Algunas de las razones, no es atractiva la formación docente, una currícula muy vieja o desfasada no actualizada. Es una profesión muy observada y constantemente cuestionada “la culpa de todo es el mal funcionamiento del sistema educativo”. Salarios bajos. Carrera no jerarquizada. Maltrato y cuestionamiento de los dirigentes políticos. La población descarga todas sus frustraciones en los docentes. La institución no encuentra su sentido al no estar actualizada, no responde a su misión histórica. Las familias y los docentes se frustran, unos no le encuentran sentido a la escuela y otros no sienten que su trabajo sea valioso. Todo es autopreservación, con un poco de maquillaje se repite lo mismo de hace 40 años o más. Se transita un círculo desmotivador, deprimente, negativo, gris y de atraso. Es posible salir si se llevan adelante las acciones pertinentes.
Ayer, a los ciudadanos, se los instruyó en lo ventajoso de cumplir y acatar las normas y en el manejo de saberes compartidos como el único medio de progreso. Hoy las normas y los saberes son cuestionados y muchos de los ciudadanos más renombrados o exitosos, lo son por no cumplir esas normas, por hablar de forma incorrecta, por vestir y comportarse de manera distinta. Ayer las escuelas se llenaron de forma rápida, hoy están desbordadas, pero no de alumnos sólo personas.
Ayer el gobierno del Estado sabía muy bien qué es lo que quería y sabía qué hacer para alcanzarlo. Hoy los gobernantes no pueden definir de forma clara qué tipo de Estado es el mejor para sus conciudadanos y por razones obvias no pueden estructurar y poner en funcionamientos las instituciones para que sus hijos se desarrollen y crezcan. Estamos estancados, mirándonos en un espejo deslaminado donde nuestra propia imagen nos atormenta.
Tenemos que superar nuestra eterna melancolía, dejar de desear lo que los otros tienen en una palabra superar nuestra inacabable adolescencia. Definir de forma clara y contundente que es lo que queremos como sociedad y de qué forma deseamos alcanzarlo. Aceptar nuestras responsabilidades y entender que todo lleva tiempo y la inversión de muchos recursos, económicos y sociales. Pero tenemos un sistema educativo distribuido sobre todo el territorio provincial y nacional, de forma extraordinaria. Esa estructura y nuestra gente, fundamentalmente nuestros hijos, es y son lo que nos permitirá superarnos como santafesinos y argentinos. El futuro se nos presenta muy alentador, depende de nosotros si lo hacemos un éxito.



