No conseguimos saber -tampoco ella- el origen del nombre Raimelda, que eligieron Antonio Restelli y Paulina Jacquat en 1934, cuando nació su primogénita en Desvío Zanetti, un campo en jurisdicción de Presidente Roca. Años después, cuando debía cubrir el trayecto Roca-Vila, pasaba frente a un montículo de paraísos, en el lugar donde estuvo su casa natal, que la albergó en sus primeros 5 años y que el trazado de un camino borró para siempre, dejándole sólo un nudo en el cuello.
Antonio Restelli dejó las tareas agrícolas para asumir la carrera policial. Esto significó una serie de traslados por el departamento: el primero de ellos a Lehmann. Raimelda tenía 8 años. Reconoce haber sentido la vocación por la docencia gracias a Delia Giussani, la maestra que, sin saberlo, despertó su necesidad de enseñar y aprender.
Raimelda recuerda los tiempos de Lehmann con singular felicidad. Los juegos, los espacios, los ámbitos de pies descalzos y los de guardapolvos con un toque de almidón armaban el escenario para que la niña, la hija del comisario, transcurra su vida con alegría.
Junto con la adolescencia, llegó el traslado de su padre a Rafaela. Se radicaron en una casa de calle Alberdi, muy cerca del club 9 de Julio. Papá Antonio significó un respaldo y consejero permanente, tal vez por el tradicional apego de las hijas con su padre. Inició Raimelda su secundaria, camino al magisterio, en la Escuela Normal Domingo de Oro. A partir de 1953, pudo pararse al frente de una clase en la nueva Escuela Mistral, pero poco después, por esas medidas administrativas inasibles, fue trasladada a Vila, donde estuvo 14 años hasta 1970. Ejerció en distintas secciones, incluida la dirección. Allí sintió su consolidación como docente. Todavía le faltaban muchos pasos.
Su casa, la Escuela
Acostumbrada a cursos poco numerosos, en un ambiente de pueblo silencioso y amigable, debió afrontar un nuevo paso: el traslado a la Escuela Gabriela Mistral, de Rafaela. Muy pronto, en 1974 y 1975, debió integrar la Junta de Calificación. Allí conoció a muchos docentes y una parte desconocida de la docencia. Al volver, la Escuela Pablo Pizzurno requería cubrir el cargo de director o directora. Participó, lo ganó y debió hacerse cargo. A su alrededor, la historia continuaba. Ocurrió la muerte de su hermano menor, su madre y, a los pocos meses, la trágica desaparición de su padre. Se encontró sola en la casa de calle Alberdi. Optó entonces por ocupar la residencia para el director en la Escuela Pizzurno.
Nuevos sonidos, por momentos palabras, gritos, cantos, luego silencio, la cercanía de las vías y más allá la montañita. Fue la coronación docente de Raimelda, que vivió allí los 19 años que le faltaban para la jubilación.
Cuando el tiempo se cumplió, tomó sus carpetas, sus libros, los muebles y saludó a colegas y alumnos. Cerró así lo que calificó como el tiempo más feliz de su vida.
La UMTE
Apenas instalada en su nueva vida, Raimelda no tuvo tiempo para nostalgias o incertidumbre. Surgió una mujer emprendedora, que, a bordo de su viejo Falcon, recorría lugares y personas para concretar el Proyecto de una Universidad para Adultos. Ercilia Carmona -de ella se trata- presidía en ese momento el grupo PASI e invitó a Raimelda para colaborar en el Proyecto. Se trataba de una idea revolucionaria en materia de educación destinada al adulto mayor. Lo que empezó como curiosidad, duró 24 años para Raimelda.
Fueron apareciendo distintas instancias. Primero, la Uni 3 con sede en Río Tercero, y la UMTE de Rafaela, adheridas a la red con sede en Montevideo. Santa Fe se acercó y se unió a la red creando su Proyecto 3. A partir de la conexión con Montevideo, aparecen Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, México y se formó la red latinoamericana. El objetivo fue, desde el comienzo, intercambiar experiencias y realizar congresos, en los que la UMTE tuvo un papel destacado llevando sus propias vivencias.
En el 2018, por razones de salud, Raimelda dejó la UMTE, pero sólo en sus funciones directivas, ya que volvió apenas pudo para acompañar a las nuevas dirigentes.
La UMTE es una ONG en la que el Estado no tiene ninguna participación. Se sostiene autogenerando fondos con el aporte de los alumnos. La casa es propia, pertenece al Grupo PASI. Sólo al principio, la Municipalidad donó el terreno que era el anterior parque Olga Cossettini. La construcción se concretó con donaciones de empresas y personas voluntarias. Para el edificio, que creció de a poco, recibió el aporte, entre otros, de Menara Construcciones y Limansky S.A.
Múltiple
Raimelda quiso en su momento pagar una deuda que tenía consigo misma: obtener un profesorado. Cuando se abrió el Instituto en Rafaela, se inscribió y pudo saldar su propia deuda en el año 1970, con el diploma de Profesora de Castellano y Literatura.
Una personalidad como la de Raimelda Restelli no puede dejar de integrar asociaciones como la Lombarda, la Sociedad Italiana, la Comisión de Hermanamiento Rafaela-Fossano, la Dante Alighieri y así aportar lo suyo a la italianidad de sus ancestros, auténtica, frontal, protagonista.
«Si tuviera que volver a nacer, dice, haría lo mismo, no me arrepiento en absoluto. Cuando chica, convertía a las puertas de casa en pizarrones y daba clases a un alumnado imaginario. Estoy orgullosa de mi familia, con la timidez de mi madre y la recta compañía de mi padre. No tuve familia propia, por una decisión personal, pero he sido siempre muy afortunada en la amistad. No todo fue tan fácil, pero pude hacerle frente a la vida y estoy agradecida».
En el momento de terminar la conversación, queda la sensación de mucho por decir. Personalidades así no caben en un par de columnas. Sube a su departamento en el edificio céntrico y nos despedimos de Raimelda, una mujer que ama enseñar y aprender.


