Moretta es un pequeño pueblo del norte piamontés, en la provincia de Cuneo. Combina llanos, colinas y montañas y fue escenario de las necesidades básicas de supervivencia en la segunda mitad del siglo XIX. Los Bolatti -Esteban con su esposa Margarita Marchisone y sus hermanos- eran agricultores en las pequeñas parcelas que la geografía les permitía. Todo era insuficiente. Las noticias y los llamados de algunas familias cuneenses que los habían precedido, los Sola y los Savio, fueron el impulso que les faltaba para abandonar la miseria y emprender la esperanza.
La larga travesía de océano y pampa los depositó en un campo de Colonia Raquel, que muy poco antes, en 1885, había sido fundada por Adolfo Hertz y José Yrigoyen, pero que esperaba ser colonizada con los inmigrantes que empezaban a llegar desde Italia, entre otros los Bolatti. Allí se pusieron a trabajar en la agricultura y, con el producto de las cosechas, se mantenían austeramente para enviar dinero -a veces llevándolo personalmente- a los que habían quedado en Italia. En algunas ocasiones, recolectaban alimentos, ropa, abrigos y elementos de toda clase, con los que llenaban contenedores para llevar a los parientes y amigos que sufrían los pesares y secuelas de la guerra. Así hicieron hasta que pudieron comprar su propio campo. Tiempo después, Esteban, uno de los descendientes dirigía un emprendimiento familiar que consistía en la explotación de una cosechadora fija, a la que acercaban el cereal con chatas y horquillas, lo que puede ilustrar el esfuerzo sin medida ni descanso que debían realizar en tiempos de cosecha.
El matrimonio tuvo nueve hijos: Andrés, María, Margarita, Magdalena, Luis, Bartolomé, Antonio, Dominga y Adela. A medida que fueron formando sus familias, se diseminaron por la zona, Moises Ville, Humberto I, Sunchales, Rafaela.
Andrés, el mayor de los hijos de Esteban, se trasladó a Rafaela, casándose con Catalina Operto, integrante de una de las primeras familias de Rafaela; allí creó la concesionaria Fiat, una marca particularmente afecta a los inmigrantes italianos. Su descendiente Reinaldo Luis recuerda un detalle que hoy sería inaplicable, pero que en su momento revelaba el poder de la palabra y la confianza mutua: cuando los vehículos se vendían en cuotas o a plazos, el concesionario, Andrés, anotaba los futuros vencimientos en un cuaderno, donde iba tachando los sucesivos pagos.
Hágase la luz
En 1925 comenzó a funcionar la Compañía de Electricidad de Rafaela, que poco tiempo después tuvo su edificio propio. Al comprobar los beneficios de la electricidad, Bolatti pensó en que debería implantarse también en Sunchales; fue así como, en la década del 30, con la firma Bolatti Hnos. se levantó el edificio destinado a suministrar electricidad a Sunchales, en el predio que ocupaban los hermanos Bartolo y Andrés. Este último, que había enviudado tiempo antes, contrajo matrimonio con una prima: Felicita Marchisone. Por su parte, Luis, con otros hermanos, crearon la usina eléctrica de Moises Ville.
En un tiempo de velas, faroles de querosén y lámparas de entre-casa, pensar en un tendido eléctrico perecería un proyecto bienvenido por la comunidad. No fue del todo así. Hubo quienes sostenían que era perjudicial para la salud, las excavaciones necesarias provocaban hundimientos en los carros los días de lluvia y la Comuna, por su parte, ponía sus reparos para habilitaciones y facilidades para el tendido. Cuenta Reinaldo que un pariente desataba los sulkys estacionados frente a la usina, a los que sus propietarios debían salir a ubicarlos por el pueblo. Tales inconvenientes no acobardaban a los Bolatti, quienes, convencidos de su aporte al progreso, continuaban el proyecto, tanto en Sunchales como en Moises Ville, en donde se sumaron al grupo fundador. Los generadores funcionaban entre las 18 y las 24. Cuando el emprendimiento comenzaba a ser rentable, una compañía inglesa, la Anglo, presionó fuertemente para competir con esta poderosa multinacional o venderles la empresa, lo que terminó ocurriendo en Sunchales y en otras localidades del País. Esteban pasó sus últimos años a Rafaela, recibiendo la gratitud de sus descendientes. Cultivaba con fervor su religiosidad, por eso no llamó la atención que la muerte lo haya sorprendido repentinamente, en 1934, en la puerta misma de la parroquia, hoy catedral San Rafael.
Nuevos horizontes
Andrés Bolatti se trasladó a Moises Ville y desde allí conducía explotaciones agropecuarias en Raquel y Colonia Bossi. Sin abandonarlas, decidió mudarse a Santa Fe, para facilitar la educación de sus hijos, lo que consideraba primordial en su proyecto de vida. Desde la capital provincial viajaba frecuentemente para controlar las explotaciones agropecuarias; asimismo, integró los grupos fundadores de las cooperativas de Colonia Raquel y San Bernardo (Bossi). En 1941 integró el Consejo de Administración de SanCor.
El lejano pueblo natal sufría la precariedad de la post guerra. Andrés decidió visitar a su gente antecesora en Moretta, pero no fue con las manos vacías: recolectó entre parientes y amigos una buena cantidad de alimentos y enseres que podían serles útiles, llenó con ellos un par de contenedores y pudo concretar una visita entre afectuosa y solidaria.
En 1959, Andrés Bolatti recostó su cansancio para siempre y al mismo tiempo se convirtió en una memoria pionera de pueblos. La herencia de vida quedó en manos de sus hijos Oscar, Andrés, Electra, Hugo, Héctor, Catalina y Reinaldo.
Con esta historia podemos confirmar el coraje, la imaginación y el esfuerzo de los primeros colonos, en un lugar del mundo donde estaba todo por hacer, sólo exigía decisión y trabajo. Y lo hicieron. Ellos lo imaginaron y pusieron sus manos en la tierra, nosotros lo disfrutamos hoy.
(Para esta nota contamos con la investigación de la escritora Chela de Lamberti y el relato del Dr. Reinaldo Bolatti).



