Milei aseguró que Malvinas es “una causa nacional” y criticó a la ONU porque “decidió mirar para otro lado”

El Presidente argentino sostuvo que las Naciones Unidas se transformaron en una organización inútil porque no puede hacer cumplir sus propias resoluciones. Además convocó al Reino Unido a retomar las negociaciones, y envió un mensaje directo al sector energético que pretende invertir en Vaca Muerta.

Javier Milei reclamó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que intervenga frente a las acciones unilaterales del Reino Unido que afectan los derechos soberanos de la Argentina en las Islas Malvinas.

“Malvinas es para nosotros una causa nacional, repito, Malvinas es para nosotros una causa nacional y es también una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar”, aseguró el presidente.

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Y añadió en crítica directa a la efectividad diplomática de la ONU: “Hace 50 años esta misma Asamblea aprobó la resolución 3149 que insta a las partes a obtenerse e introducir modificaciones unilaterales, mientras la disputa permaneciera abierta. 50 años después la situación no ha cambiado, pero las modificaciones unilaterales continúan”.


Milei se apalancó sobre la Causa Malvinas para asegurar que la ONU es una institución fosilizada, pero a lo largo de su discurso de 19 minutos rescató la necesidad de tener organismos multilaterales para resolver de manera pacífica las desavenencias entre estados soberanos.

En este contexto, el presidente utilizó una pregunta retórica para avanzar sobre sus cuestionamientos políticos a la ONU como foro internacional destinado a lograr una sociedad global pacífica.

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Por eso quiero plantear una pregunta ¿de qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos pero impotente frente a la realidad? No faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias porque una institución que no logra que su palabra pese sobre los hechos pierde lo más importante, pierde su autoridad», advirtió Milei.

Y agregó: “Bajo esta realidad quienes siguen las reglas no tienen recompensa alguna por hacerlo mientras que los que incumplen no reciben la menor represalia. Por eso Malvinas no es solamente una cuestión entre la Argentina y el Reino Unido, también plantea una pregunta acerca de la capacidad de esta organización para hacer valer sus propias resoluciones. La Argentina tomó nota de esa realidad y frente a la explotación autorizada de nuestros recursos en el área en disputa actuamos, presentamos notas de desaliento, acudimos a las herramientas jurídicas disponibles, sancionamos a las empresas involucradas y a sus proveedores y enviamos al Congreso una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional”.

Javier Milei durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, (New York, Estados Unidos)

Pero el cuestionamiento directo a la eficacia y vigencia del foro multilateral no implica que Milei renuncie al diálogo diplomático como única vía para resolver la disputa territorial que la Argentina mantiene con el Reino Unido.

“Durante demasiado tiempo los gobiernos argentinos optaron por una defensa discursiva, nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva. Repito, nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva”, aseguró el jefe de Estado.

Y en este mismo tramo de su presentación ante la Asamblea de la ONU, Milei se dio tiempo para replicar un argumento jurídico de Londres que se apoya en una falacia para las normas básicas del derecho público internacional.

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“Quiero reiterar también la situación de la población de las Islas, como esta misma Asamblea ha determinado en numerosas resoluciones, el principio de libre determinación no aplica en este caso, ya que se trata de una población implantada por la potencia ocupante sobre un territorio cuya soberanía se encuentra en disputa”, dijo el presidente.

“Al Reino Unido le reiteramos una vez más nuestro llamado a reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía, como lo requiere el derecho internacional, y también nuestra invitación a proceder sin demora a intercambiar opiniones con miras a resolver la cuestión relativa a la controversia referida sobre explotación de nuestros recursos naturales”, completó Milei en referencia a la Causa Malvinas.

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En el recinto de la Asamblea General escuchaban Pablo Quirno -canciller-, Luis Caputo -ministro de Economía- y el embajador ante la ONU, Francisco Tropepi.

Cuando terminó de explicar su mirada sobre la disputa que Argentina mantiene con el Reino Unido, Milei redobló sus críticas acerca de las decisiones geopolíticas que se toman en la ONU.

El presidente fue implacable al momento de revisar las posiciones que asumió la ONU al momento del estallido del COVID-19.

“Durante la pandemia, organismos que dependen de esta casa se antepusieron a la evidencia científica y a la soberanía de las naciones, y promovieron en todo el mundo políticas de encierro forzado que destruyeron empleos, arruinaron la educación de una generación entera de niños, y le costaron la vida a millones de personas que curieron solas, sin atención médica básica”, señaló Milei.

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Y avanzó sin piedad: Donde algunos aducen un error de política sanitaria, nosotros vemos un experimento global de control social disfrazado de ciencia, y cuando un Estado con anteojera sanitaria le quita a su población el derecho a trabajar, a educarse, a despedir a sus muertos, y eso se traduce en millones de muertes evitables, hay una palabra para nombrarlo, genocidio.

En el cierre de este tramo, Milei trasladó su crítica al debate sobre la inteligencia artificial. El mandatario sostuvo que las grandes transformaciones tecnológicas suelen estar acompañadas por temores vinculados con la pérdida de empleos y advirtió sobre nuevas respuestas regulatorias desde organismos internacionales.

Para ilustrar su postura, mencionó la revolución industrial. Señaló que, al inicio de ese proceso, la población mundial rondaba los 800 millones de personas y que hoy supera varias veces esa cifra. A partir de esa comparación, afirmó que los pronósticos pesimistas sobre el empleo no se verificaron, ya que la innovación creó actividades y oportunidades que no existían antes.

El Presidente planteó que la inteligencia artificial debe ser abordada como una herramienta de transformación productiva y no como una amenaza que justifique controles excesivos. Su cuestionamiento apuntó a que la ONU repita, frente a la nueva tecnología, mecanismos de intervención similares a los que cuestionó en materia sanitaria, ambiental y económica.

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El presidente Javier Milei planteó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que la Argentina buscará posicionarse como un polo para el desarrollo de la inteligencia artificial, con beneficios fiscales, un marco jurídico específico y la decisión de evitar regulaciones preventivas sobre la actividad.

El mandatario incluyó a la IA entre los ejes de su exposición sobre el lugar que pretende ocupar el país en un escenario internacional de transformaciones tecnológicas y geopolíticas. También vinculó esa estrategia con la disponibilidad de energía, minerales críticos, alimentos y talento humano.

Milei presentó a la inteligencia artificial como un motor de productividad

Milei sostuvo que la expansión de la inteligencia artificial puede elevar la productividad a una escala todavía difícil de calcular. Para explicarlo, retomó la idea de la división del trabajo desarrollada por el economista Adam Smith y afirmó que esta tecnología puede cumplir un papel equivalente al de la fábrica de alfileres en el siglo XVIII.

“El desarrollo de la inteligencia artificial puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud que todavía no comprendemos”, afirmó el Presidente. Según planteó, sus efectos pueden alcanzar a la economía, la medicina, la educación y la administración pública.

El jefe de Estado rechazó las advertencias sobre un futuro dominado por escenarios distópicos y sostuvo que el crecimiento de la productividad encontrará límites en la demanda, el financiamiento disponible y la valoración que las personas asignan al tiempo libre. En ese sentido, consideró que no sería necesario recurrir a déficits fiscales o a emisión monetaria para sostener esa expansión.

El Gobierno promete no regular de manera preventiva a las empresas de IA

El discurso incluyó una crítica a los controles estatales sobre la innovación tecnológica. Milei advirtió que el Estado está integrado por funcionarios y burócratas y que entregarles la capacidad de regular el desarrollo de la IA supone darles poder para limitar las iniciativas de los particulares.

“La prudencia no significa miedo”, dijo al referirse a los riesgos asociados a esta tecnología. Más adelante, agregó que los temores frente a los cambios tecnológicos fueron utilizados históricamente como argumento para restringir libertades individuales.

En esa línea, anunció que la Argentina buscará ofrecer “un marco jurídico de vanguardia”, con responsabilidad limitada para las compañías que trabajen con agentes de inteligencia artificial y beneficios impositivos. El objetivo, según afirmó, será convertir al país en uno de los destinos más competitivos para la actividad en todos los eslabones de la cadena de valor.

Milei enumeró entre las ventajas argentinas los minerales críticos, la disponibilidad energética y la formación de recursos humanos. “La Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad” frente a la inteligencia artificial, sostuvo.

El Presidente alineó el desarrollo tecnológico con la agenda de Occidente

El mandatario también ubicó a la inteligencia artificial dentro de una disputa internacional. Afirmó que el desarrollo de esa tecnología no es neutral desde el punto de vista geopolítico y planteó que Occidente debe liderar ese proceso.

Según Milei, ese liderazgo permitiría que los sistemas tecnológicos se ajusten a valores que definió como libertarios, entre ellos el respeto a la vida, la libertad, la propiedad privada y la dignidad humana. En ese punto, expresó coincidencias con la posición del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La mención al mandatario estadounidense se sumó a una defensa de las alianzas entre países, aunque con un límite definido. Milei aseguró que la Argentina seguirá participando de los foros multilaterales y reconoció que existen problemas que requieren coordinación internacional, pero remarcó que el Gobierno no equipara cooperación con subordinación.

Milei reivindicó la recuperación de la soberanía y cuestionó la historia económica argentina

En otra parte de su intervención, Milei apeló a la experiencia histórica de la Argentina para sostener que la decadencia de un país es consecuencia de decisiones políticas sostenidas en el tiempo y no un destino inevitable.

El Presidente señaló que el país conoce “el costo del alineamiento”, de destruir la moneda y de convertir al Estado en un obstáculo para la iniciativa privada. “Durante un siglo ensayamos casi todas las formas de impedir nuestra propia grandeza”, afirmó.

A partir de esa lectura, presentó a su gestión como un intento de modificar el rumbo. El mandatario sostuvo que la Argentina cuenta con condiciones materiales para aumentar su influencia internacional, entre ellas energía, alimentos, recursos minerales, acceso al Atlántico Sur y una ubicación estratégica como puerta hacia la Antártida.

El Gobierno busca atraer científicos, emprendedores e inversiones al país

En el tramo final, Milei dirigió un mensaje a científicos, emprendedores, creadores e inversores interesados en desarrollar proyectos fuera de sus países de origen. Los convocó a observar las oportunidades de la Argentina, a la que describió como una nación con tierras fértiles, petróleo, minerales y capital humano.

El Presidente recordó la llegada de millones de inmigrantes que construyeron una de las economías más prósperas del mundo y afirmó que la actual generación tiene la responsabilidad de recuperar esa trayectoria.

“Queremos una Argentina próspera, influyente y poderosa, no para someter a otras, sino para ser libres”, expresó. El discurso concluyó con la definición de un país “libre, próspero, soberano”, abierto al mundo y capaz de defender sus intereses. Fuente: Infobae.

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