Subsidiariedad: el principio olvidado que podría transformar el Estado argentino

Este principio, muchas veces olvidado en el debate público, ofrece una tercera vía entre el estatismo desmedido y el individualismo salvaje. Según el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, la subsidiariedad implica que una instancia superior, la que podría ser el Estado.

En los últimos meses, la figura del Estado ha sido el centro de fuertes controversias. Desde el poder ejecutivo se lo ha calificado como un “obstáculo para la libertad”, incluso como una “encarnación del mal”. Pero esta demonización, para nada exagerada, ya está tratada en la Doctrina Social de la Iglesia, como uno de sus pilares, el principio de subsidiariedad.

Este principio, muchas veces olvidado en el debate público, ofrece una tercera vía entre el estatismo desmedido y el individualismo salvaje. Según el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, la subsidiariedad implica que una instancia superior, la que podría ser el Estado. Pero, nunca debe hacer lo que puede resolver una instancia más próxima a la persona, como una familia, una comunidad o una organización local.

Dicho de otra forma: el Estado no está para reemplazar a la sociedad civil, sino para ayudarla a desarrollarse cuando lo necesita. Este principio tiene múltiples aplicaciones prácticas:


-En la familia: El Estado no debe reemplazar a los padres en la crianza de los hijos, pero sí asistirlos cuando hay abandono o violencia.

-En la economía: El Estado no debe controlar todos los medios de producción, pero puede regular el mercado para corregir desigualdades o abusos.

-En lo social: Las organizaciones comunitarias deben liderar el desarrollo local; el Estado debe apoyar, no sustituir.

¿Por qué es tan importante este concepto en la Argentina actual? Porque ni un Estado omnipresente ni uno ausente logran garantizar el bien común. La subsidiariedad plantea un equilibrio: cada nivel social debe cumplir su función, sin invadir al otro. El Estado debe actuar cuando, y solo cuando, los otros niveles no pueden.

En ese sentido, algunos dichos del presidente Milei desconocen este equilibrio. Al calificar al Estado como algo demoníaco, se niega su papel subsidiario, de apoyo y complemento. Sin esa función, las familias pobres, los barrios vulnerables, los pequeños productores o los cooperativistas quedan a la deriva, librados a un “sálvese quien pueda” disfrazado de libertad.

Entendemos que es lógica su expresión teniendo en cuenta que venimos de muchas décadas de abusar del estatismo, endiosando al Estado a niveles que nunca imaginamos ver en nuestra libre república. Por esto entendemos que hoy el péndulo gire hacia el otro punto, pero debemos ahora evitar la exageración hacia el otro extremo, por lo que proponemos tener en cuenta este principio de subsidiaridad y a la Doctrina Social de la Iglesia, como el mejor remedio tanto para las exageraciones de izquierda como las que podrían llamarse libertarias. Ya que esta doctrina surge como una respuesta equilibrada a las tensiones ideológicas del siglo XX, buscando superar las reducciones del comunismo, que negaba la propiedad privada y subordina la persona al Estado, y del liberalismo extremo, que absolutiza la libertad individual, descuidando la dimensión social del ser humano y el bien común.

El principio de subsidiariedad no es socialista ni liberal. Es profundamente personalista y comunitario. Parte de la dignidad humana, y propone una arquitectura social donde cada parte (persona, comunidad, municipio, Estado) aporte lo que le toca.

Cuando el Estado hace de todo, ahoga la responsabilidad individual y comunitaria. Pero cuando se borra, traiciona su rol de garante del bien común. Por eso, la subsidiariedad no es solo un principio teórico: es un mapa para reconstruir una sociedad más justa y participativa.

Aplicarlo en la Argentina actual podría permitir superar las falsas dicotomías y avanzar hacia un modelo donde el Estado no sea ni salvador ni enemigo, sino un aliado de las personas para alcanzar una vida digna y plena.

¿Podremos madurar y discutir sin ir permanentemente de extremo a extremo?
#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler

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