El crecimiento de una ciudad no depende únicamente de las viviendas que se construyen ni de las calles que se abren. También está definido por la calidad de sus espacios públicos, la manera en que se integra la naturaleza al entramado urbano y la posibilidad de que los propios vecinos participen en las decisiones que moldearán el lugar donde vivirán durante las próximas décadas. Bajo esa premisa, Distrito Joven comenzó este viernes su presentación pública en Rafaela con dos jornadas de intercambio que buscan abrir el proyecto a la comunidad.
La propuesta, impulsada por la Familia Lagrutta, plantea una nueva pieza urbana para el oeste de la ciudad, donde el desarrollo privado se combine con infraestructura verde y azul, espacios de encuentro, corredores ambientales, manejo hídrico y un amplio sistema de áreas públicas. Pero, sobre todo, pretende que ese crecimiento no sea el resultado de una planificación cerrada, sino de un proceso que incorpore las miradas y experiencias de quienes habitan la ciudad.
Esa idea fue uno de los ejes centrales que destacó el paisajista Gabriel Burgueño, uno de los especialistas invitados para las jornadas. A su entender, el proyecto trasciende ampliamente el desarrollo inmobiliario tradicional.
«Es un proyecto fascinante porque tiene sus complejos residenciales, pero además muchas áreas de uso común y de uso público. Esa combinación le da una enorme riqueza porque abre posibilidades casi infinitas para la ciudadanía», explicó el profesional.
Doctor en Urbanismo y referente en planificación del paisaje, Burgueño señaló que el verdadero valor de un desarrollo de estas características no está únicamente en las construcciones, sino también en todo aquello que queda entre ellas.
«Lo construido tiene importancia, pero también el espacio libre, el suelo absorbente, el relieve y la vegetación. Todo eso construye identidad y hace que una ciudad gane calidad ambiental, espacios de encuentro e incluso atractivo turístico», sostuvo.
Desde esa mirada, el especialista propone entender al paisaje como una infraestructura tan importante como cualquier obra tradicional. Parques, arbolado, lagunas, drenajes naturales y corredores biológicos forman parte de un mismo sistema capaz de mejorar la calidad de vida y preparar a las ciudades frente a los desafíos ambientales del futuro.
Sin embargo, Burgueño considera que ningún proyecto urbano puede sostenerse únicamente sobre buenas ideas técnicas. Para él, la clave está en que los ciudadanos se sientan parte desde el primer momento.
«El gran desafío es convocar, seducir a la comunidad para que participe y, al mismo tiempo, lograr que se enamore del proyecto y del espacio», afirmó al ser consultado por Diario CASTELLANOS.
Por su parte, la antropóloga Ana Lis Rodríguez Nardelli coincide con esa mirada. Su trabajo dentro del equipo apunta justamente a incorporar la dimensión social al diseño urbano, entendiendo que cada espacio público será utilizado por personas con edades, intereses y necesidades muy diferentes.
«Lo interesante es que este proyecto está pensado sin terminar, y eso es una fortaleza. Hoy estamos iniciando una etapa de diálogo para escuchar y diseñar en conjunto», explicó.
Según señaló, esa apertura permitirá que el proyecto evolucione junto con la comunidad.
«No es lo mismo pensar un espacio para un niño que para una persona mayor o para una familia que necesita un lugar de descanso. Queremos un lugar seguro, adaptable y versátil, donde todos encuentren su espacio», manifestó desde el Complejo Cultural del Viejo Mercado.
Esa instancia de participación comenzará a tomar forma este sábado con el taller «Habitar juntos: mapeo colectivo y memoria del espacio público», una actividad que invitará a vecinos, instituciones y organizaciones a compartir recuerdos, recorridos y experiencias vinculadas con los espacios verdes de Rafaela.
Para Burgueño, además, el paisaje debe reflejar la identidad propia de cada ciudad y no reproducir modelos ajenos: «El paisaje siempre es situado. No es lo mismo Rafaela que Buenos Aires, Córdoba o Montevideo. Cada ciudad tiene su historia, su cultura y su manera de vivir el espacio público, y eso debe formar parte del proyecto», enfatizó.
En ese sentido, también destacó la importancia de incorporar vegetación nativa y soluciones basadas en la naturaleza: «Más que pensar solamente en especies vegetales, hoy tenemos la oportunidad de ampliar la diversidad. Plantas, animales, hongos, suelos… todo participa del paisaje y ayuda a construir ciudades más resiliente», precisó.
Sobre el cierre de la entrevista, el especialista dejó una reflexión que resume buena parte del espíritu de Distrito Joven.
«Estamos acostumbrados a inaugurar un espacio público y sacarnos la foto ese día. El verdadero desafío viene después: que ese lugar permanezca, que la gente lo cuide porque siente que también es suyo», dijo. Y agregó: «Nos encontramos con una comunidad muy activa, con organizaciones, instituciones y vecinos comprometidos. Todo está dado para que este proyecto encuentre un verdadero sentido de pertenencia», finalizó Burgueño.
Las jornadas comenzaron este viernes, de 18 a 20, en el Complejo Cultural del Viejo Mercado con la charla «Conversaciones sobre el paisaje», mientras que el sábado continuarán en el Campus UNRaf con el taller participativo. Será el primer paso de una agenda que propone discutir cómo crecer sin perder identidad, poniendo al paisaje, el ambiente y a las personas en el centro de la planificación urbana.



