La salida de 29 trabajadores de la Estación Experimental Agropecuaria Rafaela del INTA, como consecuencia del segundo programa de retiro voluntario implementado por el organismo a nivel nacional, marcó un punto de inflexión para una de las unidades de investigación agropecuaria más importantes del país. Desde el pasado 16 de junio, quienes adhirieron a la medida dejaron de formar parte de la planta permanente de la institución, dando paso a una nueva etapa que obliga a repensar la organización interna, redistribuir funciones y establecer prioridades para sostener las líneas de trabajo que históricamente caracterizaron a la experimental.
En diálogo exclusivo con Diario CASTELLANOS, la directora del INTA Rafaela, María Eugenia Carrizo, explicó que el desafío inmediato consiste en reorganizar el funcionamiento de la institución sin perder la capacidad de respuesta que demanda un territorio de enorme relevancia productiva.
«Hoy nos encontramos reorganizando las actividades, redefiniendo roles y haciendo mucho foco en aquellas acciones que necesariamente debemos seguir sosteniendo por nuestro perfil de generación de conocimiento e innovación tecnológica», señaló.
La dimensión del desafío trasciende ampliamente la frontera de Rafaela y la región ya que la Experimental tiene influencia sobre más de 3,4 millones de hectáreas distribuidas en ocho departamentos del centro santafesino y articula su trabajo con un sistema de agencias de extensión que involucra a toda una gran región.
Un cambio sin precedentes recientes
Aunque el INTA ya había atravesado un primer proceso de retiros voluntarios, la magnitud de esta segunda etapa fue muy diferente. «En la primera oportunidad se fueron diez personas. Ahora fueron 29 de un momento para otro», resumió Carrizo.
A ese escenario se sumó otra realidad que la institución viene atravesando desde hace meses y que tiene que ver con jubilaciones y renuncias de profesionales que también redujeron la dotación de personal. «Esa disminución ya nos había obligado a empezar a revisar funciones, trabajar de manera más horizontal entre los grupos y generar mayor flexibilidad para cumplir con nuestros objetivos», sostuvo.
La diferencia es que, hasta el cierre del programa de retiros voluntarios, la conducción desconocía quiénes optarían por dejar la institución. «Recién después del 10 de junio pudimos empezar a analizar con qué capacidades contábamos para reorganizar el trabajo», contó.
Lechería, la prioridad que no cambiará
La directora de la institución dejó en claro que hay una prioridad que no se moverá un centímetro y que tiene que ver con la lechería y según detalló Carrizo, el INTA Rafaela concentrará buena parte de sus esfuerzos en aquellas actividades donde posee un liderazgo histórico. «Tenemos muy claro que somos la Experimental de referencia del país en todo lo que tiene que ver con lechería», afirmó sin tapujos.
Ubicada en una de las cuencas lecheras más importantes de Sudamérica, la institución mantendrá como eje central la investigación y el desarrollo de tecnologías vinculadas a los sistemas lecheros.
Eso incluye trabajos sobre nutrición animal, manejo de pasturas, reproducción, sanidad, bienestar animal, agricultura asociada a los sistemas mixtos de producción y generación de información técnica para productores y profesionales. Sobre eso aseguró: «Ahí vamos a poner toda nuestra energía. La lechería seguirá siendo el principal eje de trabajo de la Experimental».
A ese núcleo estratégico se suman otras áreas consideradas prioritarias. Una de ellas es la producción de vacunas contra la tristeza bovina —anaplasmosis y babesiosis—, donde Rafaela alberga la única planta de producción existente en el país.
También continuarán las investigaciones vinculadas a la industria láctea, los procesos biotecnológicos y los proyectos desarrollados junto al sector privado.
Definir qué continuar y qué dejar de hacer
La reorganización no implica únicamente reforzar áreas estratégicas. También supone tomar decisiones sobre actividades que podrían discontinuarse. Carrizo reconoció que actualmente todos los equipos trabajan en un análisis profundo de las capacidades disponibles.
«Estamos evaluando qué podemos sostener con los recursos humanos que quedaron y qué actividades, lamentablemente, quizás tengamos que dejar de hacer porque ya no contamos con las capacidades suficientes», manifestó.
Esa redefinición, aclaró, se realiza con criterios técnicos y buscando preservar aquellas líneas que generan mayor impacto para el sector agropecuario.
Más articulación para sostener capacidades
Uno de los caminos elegidos por la conducción del organismo pasa por profundizar el trabajo conjunto con instituciones públicas, universidades, empresas privadas y entidades del sector productivo. Aunque esa articulación ya forma parte de la identidad del INTA Rafaela, Carrizo considera que el nuevo escenario obliga a fortalecer aún más esos vínculos. «Nosotros venimos trabajando desde hace muchos años con universidades, CREA, Aapresid, la Sociedad Rural, empresas y distintos organismos. Ahora probablemente sea el momento de reforzar todavía más esas redes», sostuvo.
La directora recordó además que una parte importante de las investigaciones que desarrolla la Experimental se financia mediante recursos extrapresupuestarios obtenidos a través de proyectos, convenios y programas de vinculación tecnológica. «Esa capacidad para captar recursos también nos da mayor fortaleza y nos permite seguir respondiendo a las necesidades del sector productivo», agregó.
Su rol social y educativo
La reorganización también alcanza otra faceta distintiva del INTA Rafaela y que tiene que ver puntualmente con su rol educativo. Cada año miles de estudiantes recorren la Experimental para conocer de primera mano los sistemas productivos y las tecnologías desarrolladas por la institución.
Solo durante la Semana de la Educación del año pasado pasaron por el predio más de 2.500 alumnos de escuelas primarias, secundarias y universidades. «No solamente generamos conocimiento. También cumplimos una función educativa muy importante, despertando vocaciones y acercando a los chicos al sector agropecuario», explicó Carrizo.
Asimismo aseguró que esa tarea continuará siendo una prioridad porque constituye uno de los principales vínculos entre la institución y la comunidad.
Consultada sobre el futuro del organismo, la directora reconoció que la reducción de personal representa un desafío importante, especialmente por la pérdida de experiencia acumulada. «Cuando se va gente con muchos años de trayectoria también se pierden capacidades y conocimiento», lamentó.
Sin embargo, sostuvo que la Experimental conserva un capital humano y una infraestructura que permiten mirar el futuro con confianza. «Tenemos profesionales muy capacitados, una infraestructura de primer nivel y capacidades instaladas muy importantes. Eso nos permite ser optimistas», expresó.
En ese contexto, el objetivo será fortalecer el trabajo colaborativo entre los equipos, aprovechar mejor los recursos disponibles y concentrar esfuerzos en aquellas áreas donde el INTA Rafaela continúa siendo un referente nacional. «Más allá del retiro voluntario, tenemos muchas capacidades. Ahora nos toca repensarnos, reorganizarnos y seguir trabajando para brindar las respuestas que necesitan los productores, las empresas y toda la cadena agroindustrial», concluyó.
Con esa premisa, la Experimental inicia una nueva etapa institucional. Menos personal, nuevas prioridades y un funcionamiento más integrado serán parte de un proceso de transformación que buscará preservar el papel estratégico que el INTA Rafaela ha construido durante décadas como uno de los principales polos de investigación, desarrollo e innovación agropecuaria del país.



