Por Marisa Gutiérrez. A una semana hábil del agravio sufrido por la concejala Soltermam en el recinto del concejo municipal, no hay disculpas, no hay posicionamiento institucional y no hay señales de reparación. Lo que sí hay es silencio. Y el silencio, en política, también gobierna.
Este lunes 27 de abril se cumplen siete días hábiles desde el exabrupto del cual fue víctima la concejala Soltermann en el Concejo Municipal de Rafaela.
Siete días hábiles.
Tiempo más que suficiente para una reacción institucional mínima: pedir disculpas, fijar posición, reparar el daño.
Nada de eso ocurrió.
En su lugar, la escena pública exhibe una inercia inquietante. Los sectores que deben intervenir callan. Y cuando el poder calla, no se abstiene, toma partido.
No hablo desde la distancia, soy testigo obligada de este proceso, pero hay un límite, no voy a convertirme en cómplice de una dinámica que empieza a resultar evidente. Se dilatan los tiempos, se enfría el conflicto y se estira una definición que debería haber sido inmediata. Todo, bajo el amparo cómodo de la burocracia.
Esto no es un problema administrativo.
Es un problema político, y también ético.
Durante estos días, trascendió que el concejal Dellasanta solicitó el relevamiento de cámaras para tareas preliminares de verificación. Sin embargo, lejos de aportar claridad, lo que predomina es la opacidad.
En ese marco, surgen preguntas que no pueden seguir postergándose.
¿qué acciones concretas llevó adelante el concejal durante este tiempo?
¿De qué manera está abordando la investigación de los hechos?
¿Cuenta con la formación y la competencia técnica necesarias para intervenir en un proceso de esta naturaleza?
Preguntar no es incomodar, es exigir responsabilidad ante sus dichos.
Y mientras tanto, el silencio del Ejecutivo —encabezado por el intendente Leonardo Viotti— deja de ser una ausencia para convertirse en un mensaje político en sí mismo. Porque cuando no se condena la violencia, se la tolera. Y cuando se la tolera, se la habilita.
El silencio institucional no es neutralidad: es una forma de posicionamiento.
¿Qué se intenta ocultar?
¿Qué intereses están en juego para que, siete días después, nadie haya asumido públicamente la responsabilidad que corresponde?
La falta de respuestas no disipa el conflicto, lo profundiza.
Frente a esta forma de ejercer el poder, hoy formalizo la presentación de un pedido institucional ante el Concejo Municipal de Rafaela, exigiendo una actuación concreta frente al hecho de violencia verbal ocurrido en el recinto.
De manera paralela, presento un requerimiento al Departamento Ejecutivo Municipal para que fije, sin ambigüedades, un posicionamiento institucional claro y urgente.
Ambas presentaciones serán entregadas a las autoridades correspondientes, incluyendo su entrega en forma personal al intendente.
Porque en democracia no alcanza con administrar silencios.
Gobernar también es responder; y cuando no se responde, lo que queda en evidencia no es la prudencia, sino la responsabilidad.



