Cada 3 de febrero, la historia argentina vuelve sobre uno de sus momentos fundacionales. El Combate de San Lorenzo, librado en 1813 a orillas del río Paraná, no sólo significó la primera victoria militar de José de San Martín en suelo nacional, sino también el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo y el inicio de una estrategia que cambiaría el rumbo de la independencia.
“Febrero es un mes muy importante para quienes trabajamos con la figura de San Martín”, señaló Laura Ludueña, presidenta de la Asociación Sanmartiniana de Rafaela, en diálogo con Diario CASTELLANOS. “El 3 se recuerda el Combate de San Lorenzo y el 25 el nacimiento del General. Son fechas clave para comprender su legado”.
Según explicó Ludueña, el contexto histórico resulta central para entender la magnitud del episodio. Montevideo permanecía en manos españolas y las fuerzas realistas dominaban la navegación del Paraná y el Uruguay, desde donde realizaban incursiones para abastecerse. “El Triunvirato le encomienda a San Martín controlar esa circulación. Él había formado hacía muy poco el Regimiento de Granaderos y San Lorenzo fue su única intervención militar en territorio argentino”, detalló.
Un combate breve, decisivo y cargado de simbolismo
San Martín aguardó a la flota española —once embarcaciones— en la posta de San Lorenzo, un lugar estratégico donde el río se ensancha y donde los realistas solían desembarcar. “En ese momento San Lorenzo era apenas el convento y unos veinte ranchos. No era una zona poblada como hoy”, recordó Ludueña.
La maniobra fue precisa y planificada. Con apenas 120 granaderos, San Martín ordenó esperar hasta el momento exacto. Cuando los españoles descendieron y treparon la barranca, los granaderos avanzaron en una estrategia de pinzas que los sorprendió por completo. El combate duró apenas quince minutos, pero fue contundente.
Allí se produjo uno de los episodios más recordados de la historia argentina: el caballo de San Martín fue herido por una bayoneta y el jefe quedó atrapado bajo el animal. “El granadero Juan Bautista Cabral lo auxilia y logra salvarlo, mientras el capitán Bermúdez intenta contener a los españoles. Cabral es herido de muerte por la espalda y fallece”, relató la titular de la Asociación Sanmartiniana.
Ludueña destacó además detalles poco conocidos, como el peso y la complejidad del uniforme de los granaderos —superaba los 20 kilos y contaba con protecciones metálicas frontales— y el reconocimiento inmediato de San Martín: “Esa misma noche la contraseña para ingresar al convento fue ‘Cabral, mártir de San Lorenzo’. Luego le erige un pequeño monumento y solicita al Triunvirato una recompensa para las familias de los caídos. Ese gesto habla del profundo humanismo de San Martín”.
El testigo inglés
El combate dejó 22 granaderos muertos y cerca de 40 bajas españolas, además de armas y cañones capturados. La sorpresa fue tal que muchos realistas prefirieron arrojarse al río antes que enfrentar los sables.
Entre los testimonios históricos sobresale el de un comerciante inglés que presenció el enfrentamiento y lo dejó plasmado en su obra Cartas sobre el Paraguay. “Es una mirada objetiva, porque no tenía interés político alguno. Describe el coraje de los granaderos y la arenga permanente de San Martín, hablándoles de patria y libertad”, subrayó Ludueña.
También resaltó la diversidad del regimiento. “Cabral era probablemente afrodescendiente, de origen muy humilde. San Martín reclutaba guaraníes, zambos, criollos, y los seleccionaba por temperamento, fuerza y compromiso. Nada era improvisado”.
El Combate de San Lorenzo tuvo una consecuencia decisiva: las fuerzas españolas no volvieron a intervenir en el río Paraná. “Esa tranquilidad para los pueblos ribereños fue uno de los grandes logros de San Martín”, afirmó Ludueña, trazando un hilo histórico que llega hasta la Vuelta de Obligado y la posterior donación del sable corvo a Juan Manuel de Rosas.
En ese punto, la presidenta de la Asociación Sanmartiniana de Rafaela también expresó su mirada crítica sobre el reciente traslado del sable. “Fue donado explícitamente para el Museo Nacional y así lo entendemos todas las asociaciones sanmartinianas del país. Es una pieza que debe estar al alcance del público, porque forma parte del patrimonio de todos”.
A más de dos siglos del Combate de San Lorenzo, el recuerdo no se limita a la efeméride. “San Martín planificaba, pensaba y ejecutaba. Pero, sobre todo, tenía una concepción ética de la guerra y de la patria. Por eso sigue siendo una figura que interpela y enseña”, concluyó Ludueña.



